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Visita al Parque Ischigualasto: El Valle de la Luna.

A unos 270 km de la capital sanjuanina se encuentra el Parque Provincial Ischigualasto, “EL” lugar a visitar cuando uno llega hasta esta zona del país. Más conocido popularmente como “Valle de la Luna”, el parque constituye una enorme reserva paleontológica con un atractivo científico muy particular: aquí pueden verse a simple vista, y perfectamente diferenciadas unas de otras las diferentes formaciones geológicas que constituyen el período triásico.

El parque no es sólo un reservorio científico de importancia mundial, sino que por supuesto puede visitarse con fines turísticos. Para ello se abona una entrada que al momento de publicar este post estaba en $250 por persona, y se debe ir en vehículo propio, salvo que se contrate la excursión en alguna agencia de turismo.

La visita, que dura unas cuantas horas y cuya última salida es a las 16, consiste en recorrer en el vehículo una pequeña porción del parque, acompañado por un guía que se sube al primer auto y va liderando la caravana. Uno detrás del otro vamos avanzando para visitar las diferentes estaciones, como se les llama a los puntos donde uno desciende para recibir la explicación del guía y observar las diferentes formas creadas por la naturaleza.

No hace falta que el vehículo sea 4×4 ni mucho menos, como queda demostrado en esta foto donde todos estamos estacionados, incluyendo el pequeñísimo Chevrolet Celta que alquilé en San Juan, y del que ya hablaremos en otro post más adelante.

La primer parada de la visita será el Valle Pintado, que le da su nombre popular al parque por la similitud de la vista desde ese punto con el paisaje lunar (o al menos con lo que se supone que debe ser un paraje en el satélite terrestre).

Estos parajes son ricos en información geológica y en restos paleontológicos, pero según nos explica el guía, no es tan arduo el trabajo que allí realizan los científicos ya que mayormente estos se limitan a esperar que la misma Naturaleza gestione los grandes descubrimientos. Son principalmente el agua y el viento los que se encargan de erosionar el terreno e ir dejando al aire libre los restos que pertenecieron a seres que, en tiempos prehistóricos, reinaron sobre nuestro planeta. El trabajo de los científicos se centraliza principalmente en estar atentos y aplicar su experto ojo clínico para distinguir cuando algo desenterrado se trata de un fósil de importancia científica.

Las atracciones más famosas del parque, sin embargo, no son las excavaciones paleontológicas a las que no se tiene acceso durante la visita, sino las “formas geológicas”: verdaderas esculturas de piedra talladas por la misma Naturaleza a través del tiempo. Ninguna de ellas ha sufrido la más mínima intervención de la mano del hombre.

En algunos casos para ello habrá que estacionar el auto no más allá del límite marcado con las piedras y caminar por el terreno desértico. Esto sucede por ejemplo cuando uno quiere llegar a la Cancha de Bochas, para lo que habrá que caminar unos 800 metros, pasando por la efigie.

Lejos de ser cantos rodados, las bochas son piedras que se originaron a través de un núcleo al que se le fueron adhiriendo partículas a través de los años, hasta darles la forma circular que se puede apreciar hoy en día. Si bien hoy se las encuentra concentradas en un punto particular del parque, fueron colocadas allí para que se las pueda apreciar mejor, única intervención que se permitieron a manos humanas en las geoformas del parque.

Hay casos donde las bochas se unen entre ellas, mientras que las que se encuentran partidas no terminaron así por haberse golpeado unas con otras, sino que ese fue el producto de la enorme amplitud térmica de estos parajes donde durante el día hace un calor abrasador, pero durante la noche las temperaturas están ampliamente por debajo de los 0°C.

Una geoforma que ya no está tan clara es la del submarino. Hoy en día tiene un solo periscopio ya que el otro se cayó hace unos años atrás, con lo cual se perdió la estructura original y ahora hay que utilizar un poco la imaginación para verla. Esto tendrá un fin cuando el periscopio restante caiga también y el submarino termine de desaparecer. No se sabe cuándo sucederá esto, pero por las dudas el guía no nos deja acercarnos a las piedras: podría pasar de un momento para otro; o bien tardar décadas.

La geoforma más famosa es, por supuesto, la del hongo, que además es el símbolo del parque. Si bien ya se sabe que en algún momento esta roca también va a caer, el guía nos hace notar que mirando alrededor se pueden ver otros pequeños honguitos en formación. Con el pasar de los años el símbolo de Ischigualasto caerá y cederá su trono a alguno de estos nuevos hongos que el viento y el agua van formando.

Por lo pronto, hoy el hongo es el rey del Valle de la Luna.

La excursión incluye una parada en una especie de museo ubicado en medio de la inmensidad del parque, donde se proyecta un video explicativo sobre las actividades paleontológicas que se realizan en el lugar,  y donde se nos explica cómo trabajan los científicos en una excavación. Allí también nos tomamos un momento para descansar antes de seguir viaje, para lo cual hay un bar donde uno puede comprar algo para comer y beber.

El parque es enorme y durante la excursión se recorren apenas 40 kilómetros, que aún siendo pocos en relación al tamaño total, se hacen largos. Los límites están demarcados por las montañas rojas que se ven al fondo, ya siendo parte de formación del Talampaya que con sus paredes de 150 metros de altura dividen además la provincia de San Juan de la de La Rioja.

Lamentablemente no lo pudimos hacer porque no nos coincidieron las fechas, pero también es posible realizar excursiones nocturnas bajo la luna llena, que según me dijeron son una experiencia fabulosa y totalmente distinta a lo que puede vivirse durante el día.

Para llegar a este lugar desde la ciudad de San Juan la mejor opción será tomar la RN 40 hacia el norte, para luego empalmar con la 150, pasando así por paisajes igualmente espectaculares, incluyendo una gran cantidad de túneles que hacen el viaje mucho más ameno.

Un paisaje árido y gris, que se disfruta por lo autóctono ya que el costado marketinero de la excursión está reducido al mínimo indispensable para su difusión, y eso lo hace mucho más interesante. Ischigualasto será una parada obligada en tu próximo viaje a San Juan.

¡Espero lo disfrutes tanto como yo!

 

Conocemos el Museo de Historia Urbana de San Juan

Hay museos que son impactantes por los objetos que muestran, ya sean obras maestras del arte, piezas de ingeniería o reliquias recuperadas por los antropólogos. El Museo de Historia Urbana de la ciudad de San Juan también es impactante, pero no por los objetos que muestra, que son básicamente fotos y maquetas, sino por la historia que estos rememoran.

Es en definitiva un museo muy simple pero no por eso menos emocionante. Con su buena onda y pasión por la historia sanjuanina y lo que allí se hace, nuestro guía Sergio se encarga de convertir nuestra recorrida por el museo en una de las actividades más interesantes que hicimos en la capital provincial.

El museo expone fotos y maquetas que muestran la evolución de la ciudad y sus construcciones a lo largo de los años. Algo que llama la atención al comenzar es la réplica a escala 50% de las viviendas aborígenes de la zona, que se construían bajo tierra. Los nativos accedían a estas cuevas a través de una escalera, a fin de dificultar la entrada de animales peligrosos mientras ellos dormían, y en el invierno se calentaban encendiendo fuego al pie de la misma, por lo que la abertura de acceso funcionaba de chimenea y los salvaba de morir asfixiados. No sólo en eso los primeros habitantes de este territorio eran sabios: al estar bajo tierra, estas casas eran antisísmicas, algo fundamental en un área tan propensa a sufrir terremotos.

Las fotos y maquetas muestran la arquitectura de San Juan en dos etapas, comenzando por sus orígenes y pasando luego a lo que fue el devastador terremoto de 1944 que con sus más de 7 puntos en la escala de Richter destruyó prácticamente la totalidad de la ciudad. El sismo se produjo a las 20:50 horas de un sábado, por lo que las iglesias estaban llenas en plena misa, incluso celebrándose casamientos, y eso determinó que el siniestro se cobrara gran cantidad de vidas. Lo que sí se salvó fue la casa natal de Sarmiento, la cual recorrimos como te conté en este post, y la que tuvo que ser apuntalada para evitar que se derrumbara luego.

Las fotos muestran las terribles consecuencias de aquél trágico terremoto.

Pero no todas son historias de horror sino que también se esconden aquí muestras de esperanza, como ser la radio que se utilizó apenas acaecido el temblor desde la plaza principal de San Juan para informar sobre la situación y pedir ayuda al resto del país. Seguramente este fiel aparato y su buen funcionamiento en las condiciones más precarias ayudaron a salvar muchas vidas.

Tan devastador resultó el terremoto que lo poco que permaneció en pie quedó seriamente dañado, con problemas estructurales que podían terminar en un derrumbe sorpresivo y fatal. Varias fueron las alternativas que se barajaron para resolver el problema y algunas de ellas eran francamente drásticas…

En el momento de nuestra visita durante abril 2017 el museo estaba en una locación provisional, esperando por mudarse a su nuevo hogar. Por cuestiones de espacio no se instaló allí el simulador de sismo que partía la visita a la mitad: uno veía cómo era la ciudad antes, entraba al simulador que con movimientos horizontales y verticales lo hacía experimentar lo que debe haber sido estar allí en el momento del temblor, y luego se pasaba a la muestra de la destrucción y la reconstrucción de San Juan, una ciudad de arquitectura más bien moderna ya que tuvo que levantarse nuevamente luego del 44.

El simulador se instalará en la nueva sede del museo pero hay que decir que hoy en día la muestra no es más que maquetas y fotos. En otras palabras, no vayas con chicos, porque se van a aburrir. Pero para aquellos apasionados de la historia, y los que les interese conocer más sobre esta catástrofe, esta visita es una excelente opción, que además, es gratis.