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Probamos el tradicional té galés en Gaiman.

Estando de vacaciones en Rawson una de las visitas típicas es la de viajar hasta la localidad vecina de Gaiman. Si bien su nombre es tehuelche y quiere decir “punta de piedra”, Gaiman es un pueblo galés enclavado en plena patagonia argentina, es el primer municipio de Chubut y el segundo de los centros urbanos de la provincia. Y cuando uno pasa por allí hay una sola cosa que no puede dejar de hacer: tomar el té.

Gaiman fue fundado por los primeros colonos galeses, aquellos que llegaron hasta estas regiones a bordo del Mimosa. Con ellos trajeron su cultura y tradiciones, entre las cuales se encontraba por supuesto la del té, costumbre que hoy en día se conserva con las recetas originales en las tradicionales casas de té que hacen famosa a esta localidad.

Siempre cabe la posibilidad de ir directo a la case de té que visitó Lady Di en su pasada por Argentina, allá en 1995, pero a recomendación de una amiga de Rawson me decidí por buscar alguna casa de té con arraigadas raíces galesas. Así terminé en Ty Gwyn.

Lo que te sirven es un servicio “interminable”, mucho más considerando que yo estaba sólo. Igualmente lo único que no variaba era la tetera llena de la bebida típica, porque en cuanto a la comida en caso de ser dos, se duplicaba la ración. El menú incluye la tradicional torta galesa, además de varias porciones de otro tipos, como ser tarta de frutilla, de limón, y dulce de leche. Además hay sandwichitos y diferentes tipos de panes para untar con manteca o mermeladas.

Tanto es lo que te sirven que al retirarte, casi la mitad te la vas a llevar en un paquetito para terminar de degustar en casa. Eso sí, en el precio te cobran todo lo que te dan y más, porque el servicio de té sale nada más y nada menos que $280 por persona (precios de febrero 2017). En todas las casas el servicio es similar, y el precio, el mismo, así que no hay mucha comparación que hacer. En todo caso, si no querés gastar semejante pequeña fortuna en un té, por más bien servido que esté, siempre tenés la opción de tomarte una cervecita fría a la orilla del río. Es sólo cuestión de elegir.

Playa Unión, en Rawson, y la leyenda de sus escolleras.

Mis vacaciones en la Patagonia ya son casi un clásico, pero estas últimas tuvieron un toque diferente. En lugar de internarme en la Coordillera de los Andes para hacer trekking encaré hacia el otro lado para respirar un poco de brisa de mar. Así llegué a Rawson, y más precisamente a Playa Unión, un balneario a unos 6 kilómetros de la ciudad.

Según me comentaron, la temporada fuerte de Playa Unión oscila entre diciembre y enero, y luego ya va decayendo. Por eso quizá lo tranquilo que encontré el lugar, incluyendo en esta idea tanto al hotel Punta León donde paré como la playa en sí. Igualmente, se veía gente y por momentos, era bastante cantidad, aprovechando el agua limpia y sin algas, aunque sí, muy fría.

El balneario es eso: mar y playa. Está cerca del Puerto Rawson desde el que salen las excursiones para avistar toninas, de las que ya hablaremos más adelante en otro post, pero luego no hay mucho más que hacer que actividades de playa. No por estar en Chubut va a ser diferente a la costa atlántica bonaerense.

Eso sí, las olas son diferentes. Uno se da cuenta enseguida: llegan hasta la costa para romper con fuerza y mucha frecuencia, motorizadas por un viento que durante el día ayuda a bajar la temperatura y a medida que va anocheciendo te obliga a ponerte un buzo u algún otro abrigo que tengas a mano. Quizá sea por eso que se ve gran cantidad de gente haciendo kitesurf, o incluso windsurf.

Un golazo, desde mi punto de vista, es que la playa no es de arena, sino de piedritas. Es quizá un poco molesto para caminar descalzo, por eso recomiendo llevar alguna sandalia cerrada o incluso zapatilla, pero es mucho menos sucio: uno puede calzarse enseguida y volver al hotel sin más, mientras que en una playa convencional no hay forma de que te quites la arena de encima. Los amantes de la playa me dirán de todo por esto, pero la arena es de lo más molesto que hay.

Según dicen, en el invierno las grandes marejadas son un espectáculo digno de verse, claro que tendrá que ser desde dentro del auto o algún restaurante de la costanera, porque no creo que las temperaturas y, sobre todo, el viento inviten a observar desde la playa misma.

Playa Unión debe su nombre al hundimiento en 1876 de la goleta italiana “Unión” frente a sus playas. Si bien esa sería el primer naufragio del que tengamos conocimiento, estaría lejos de ser el único. Esta zona del Mar Argentino tiene un triste historial de naufragios, muchos de los cuales se han registrado luego de la construcción de sus escolleras y con ello, han dado origen a una leyenda que cuentan los locales.

Las escolleras que se ven en las fotos, cercanas al Puerto Rawson, fueron construidas hace relativamente poco con piedras traídas desde otro lugar. Según dicen algunos, las piedras no llegaron solas, sino que escondidas entre ellas venían unos duendes que se molestaron mucho por la usurpación que se había cometido al sacar las rocas del lugar donde pertenecían. Así es que, en venganza, lanzaron una maldición sobre el puerto al que protege la escollera, y decidieron que diez buques se iban a hundir.

Desde ese momento los naufragios de la Flota Amarilla, como se conoce a los buques pesqueros que operan en Puerto Rawson, son bastante constantes. Ya se han contabilizado nueve, por lo que ahora todos se preguntan cuál será el próximo barco en perecer en las agitadas aguas del Atlántico. Quizá con eso los duendes se queden conformes y se trate del último hundimiento.

Con leyenda o sin ella, Playa Unión es un lindo lugar para ir a veranear si uno quiere mar. De hecho, por el tipo de playa y por la tranquilidad, me gusta más que la costa boneaerense. Eso sí, para meterse al agua hay que ser valiente, porque ahí sí que está fría.

Así Ahicito hizo su paso por las playas patagónicas. Agradezco a mi amiga Julieta y su hermana Rocío por la tarde de mate frente al mar, y por contarme la leyenda de la escollera.

Próximamente más posts con lo que fue la recorrida por la “Patagonia Atlántica”.