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Moverse en Rawson y Madryn: Experiencia en el hub Trelew y alquilando un auto.

En el sur argentino las distancias suelen ser grandes, y durante mi viaje el verano pasado el tema no fue diferente. Mi itinerario además me hacía ir a Rawson y luego a Puerto Madryn, a lo que después le agregué una excursión a Gaiman, así que podemos decir que incluso la compliqué un poco más de lo necesario.

Luego de bajar del avión en Puerto Madryn sabía que la única forma de viajar hasta Rawson era por vía terrestre, por lo que me tomé un taxi hasta la terminal por el módico precio de $130. La intención era tomar un micro que me llevara hasta mi destino final, pero pronto descubrí que ese servicio no existe: todas las opciones eran via Trelew, que en definitiva parece funcionar como una especie de hub de ómnibus en el sur, ya que cada vez que tuve que moverme tuve que parar allí.

El primer tramo entre Puerto Madryn y Trelew lo hice rápidamente ya que los micros salen cada media hora. Además el vehículo era muy cómodo, cosa que no me pasó durante la segunda parte de viaje, ya que los micros de la empresa Rawson son colectivos urbanos que paran cada tanto y cuyos asientos por supuesto no son lo mismo que los que tienen los micros de larga distancia. Todo un tema ir con la mochila grande en ese bondi que no tiene siquiera un porta equipajes y que se llena hasta las manos como si viajaras a Retiro a las 8 de la mañana.

Para viajar a Gaiman desde Rawson el inconveniente era el mismo: sí o sí había que hacer transbordo en Trelew. Allí compré una tarjeta de la empresa 28 de Julio, al mejor estilo SUBE, que uno carga con el crédito que quiera y luego la utiliza al subir al vehículo. Era eso o pagar con monedas en las máquinas que llevan a bordo los micros, opción que evidentemente quedó obsoleta ya que el pasaje cuesta $22,50 y pagarlos con monedas no será nada ágil.

Ya en Madryn de nuevo no pensaba moverme de ciudad en ciudad, pero sí quería hacer varias excursiones a los alrededores, que están más bien alejados. Recorrer la Península de Valdés, por ejemplo, implica hacer unos 400 kilómetros más o menos. Con el precio de las excursiones rondando los $1200 por persona, si los viajeros son dos o más será conveniente pagar los $1000 diarios por un auto compacto. En esta oportunidad me tocó el Toyota Etios de la foto de portada.

El tablero del Etios mereció una foto por lo feo y por estar centrado en el auto en lugar de alineado con el conductor (algo que odio porque te obliga a desviar la mirada más de lo normal), pero por el resto se portó muy bien y anduvo por todos lados, incluidos largos kilómetros de ripio.

Por $1000 podía hacerle 200 kilómetros diarios. Lo alquilé en Avis un sábado y como el domingo no trabajaban lo tuve hasta el lunes, día en que lo devolví en el aeropuerto directamente, con lo cual me ahorré el taxi hasta allí. Incluso como me pasaba un par de horas de las 48 por las que lo había alquilado pagué un pequeño diferencial que me daba la posibilidad de hacer unos kilómetros extra, lo cual me vino muy bien porque finalmente no tuve que pagar por los kilómetros adicionales que le hice.

Al andar en auto por Puerto Madryn habrá que tener en cuenta el sistema de estacionamiento en el centro de la ciudad, donde los agentes de remera roja controlan que hayas pagado el canon correspondiente. Para ello existen dos tipos de papeletas: la azul que vale por una hora y cuesta $5, y la roja que vale por la mitad y cuesta $3. Se compran en blanco y luego se completan con los datos del auto y se dejan sobre el parabrisas.

Así es que, como en cada lugar donde uno viaja, habrá que chequear el costo de alquilar un auto contra el valor de las excursiones. Salvo que estés viajando vos solo, lo más probable es que alquilar el auto te sea económicamente conveniente. Ni hablar además de la comodidad y flexibilidad que te da al no estar atado a otro horario más que el quieras imponerte. Por eso, cuando me preguntan qué opción elijo yo, ahora respondo con esta foto y digo “esa”.

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Nos embarcamos para descubrir toninas en Rawson.

Por suerte en Rawson no todo es playa, porque sino yo en breve me aburriría. Una buena opción para tener algo de aventura es contratar la excursión de avistaje de toninas, que sale alrededor de las 9 de la mañana desde Puerto Rawson, en el extremo sur del balneario.

Habrá que llegar al lugar una media hora antes porque allí te equipan con chaleco salvavidas y te dan alguna que otra indicación antes de abordar. La excursión se realiza en la lancha que se ve en la foto de portada con capacidad para 57 personas, aunque el día que fui yo eramos menos de la mitad.

El paseo consiste básicamente en embarcarse y salir navegando por el Río Chubut hasta su desembocadura en el Océano Atlántico, en el cual la lancha se interna en busca de las tan preciadas toninas. En el interín se ve una lobería además de cualquier cantidad de aves, y el guía va explicando todo constantemente.

Los delfines patagónicos (o toninas como se los conoce en Argentina) son animales que se desplazan muy rápido en el agua. Son muy curiosos y sociables, tanto es así que suelen ellos mismos acercarse a la embarcación y hasta “jugar con ella”, nadando a la par yendo de un costado al otro, adelantándose para luego esperarla, o bien perseguiéndola desde atrás. Es por ese movimiento constante y casi frenético que sacarles una foto es tarea realmente difícil. Así lo decía apenas zarpamos el fotógrafo profesional que es parte del equipo de la excursión, y que te recomienda dejar la cámara de lado para disfrutar la experiencia de observar las toninas y tratar de interactuar con ellas. De las fotos se encargará él y luego te las cobrará, obviamente. Al principio parece un chamullo para venderte la foto, pero pronto te das cuenta que algo de razón tiene. Esta es la única foto que pude tomar yo, y es apenas potable.

A bordo la gente se desespera y corre de un costado a otro de la lancha siguiendo a las toninas, que si bien suelen no estar solas, tampoco se presentan en grupos grandes. Si estás preocupado por sacar la foto lo más probable es que en ese frenesí te pierdas de lo mejor, sino del todo. En mi caso, opté por quedarme apostado en uno de los lados, cámara lista en mano, para gatillar en cuanto las viera pasar por allí. Necesitaba el registro propio para ilustrar el blog. Sin embargo, la mejor decisión fue filmar:

Como se ve tanto en la foto como en la filmación, lo que no fue buena decisión es tener la cámara tan expuesta, ya que una ola repentina la empapó con agua salada de mar, algo nada aconsejable para estos aparatitos.

Claro que como uno sale a buscarlas a mar abierto, en plena naturaleza, nadie garantiza que puedas ver toninas. En general, como son tan sociables y juguetonas, siempre se acercan cuando ven la embarcación, pero bien puede pasar que alguna de las salidas sea infructuosa.

Y salir a mar abierto no es sólo un tema por la posibilidad de que el avistaje sea un fracaso. El punto está en que es mar abierto. Uno enseguida nota la diferencia entre río y mar; y no sólo porque la escollera marca el ingreso a la desembocadura, sino porque el color del agua cambia completamente.

Cuando uno sale al mar el viento pega en serio, y si está picado como el día que me tocó a mi la navegación es toda una aventura. Uno ve el horizonte allá lejos, hasta que de pronto el agua enfrente comienza a levantarse y a transformarse en una montaña de líquido azul que no sólo corta la vista, sino que se acerca rápidamente. La lancha la trepa, llega a la cresta y se inclina hacia adelante para volver a bajarla. Y allí adelante está la próxima. Luego de un rato de esas olas uno agradece haberse levantado con lo justo y no haber tenido tiempo de desayunar.

El regreso se hace del mismo modo que la salida, volviendo a entrar al Río Chubut sobre cuya margen está el puerto desde el que se zarpa. Allí las cosas vuelven a estar tranquilas, y pasamos entre los lobos marinos que ni se inmutan por nuestra presencia.

En nuestro caso tuvimos el privilegio además de ver una maniobra poco común, supongo, en el puerto. Un barco pesquero se había quedado sin motor, y un compañero lo ayudaba, remolcándolo “codo a codo”, tratando de lograr hacerlo llegar al lugar donde debía ser amarrado.

La excursión para avistar toninas es un imperdible de Rawson. La navegación está supeditada a las condiciones meteorológicas, por lo que es importante averiguar antes y reservar el turno. En mi caso lo hice con la empresa Estación Marítima a un costo de $850 en febrero de 2017, y fue una experiencia recomendable, aunque nos tuvimos que volver a puerto un poco antes de lo previsto ya que varios de los pasajeros se sentían mareados, quién suscribe estas líneas incluido!

Espero que a vos te toque un día de agua calma y puedas disfrutarlo al máximo!

Probamos el tradicional té galés en Gaiman.

Estando de vacaciones en Rawson una de las visitas típicas es la de viajar hasta la localidad vecina de Gaiman. Si bien su nombre es tehuelche y quiere decir “punta de piedra”, Gaiman es un pueblo galés enclavado en plena patagonia argentina, es el primer municipio de Chubut y el segundo de los centros urbanos de la provincia. Y cuando uno pasa por allí hay una sola cosa que no puede dejar de hacer: tomar el té.

Gaiman fue fundado por los primeros colonos galeses, aquellos que llegaron hasta estas regiones a bordo del Mimosa. Con ellos trajeron su cultura y tradiciones, entre las cuales se encontraba por supuesto la del té, costumbre que hoy en día se conserva con las recetas originales en las tradicionales casas de té que hacen famosa a esta localidad.

Siempre cabe la posibilidad de ir directo a la case de té que visitó Lady Di en su pasada por Argentina, allá en 1995, pero a recomendación de una amiga de Rawson me decidí por buscar alguna casa de té con arraigadas raíces galesas. Así terminé en Ty Gwyn.

Lo que te sirven es un servicio “interminable”, mucho más considerando que yo estaba sólo. Igualmente lo único que no variaba era la tetera llena de la bebida típica, porque en cuanto a la comida en caso de ser dos, se duplicaba la ración. El menú incluye la tradicional torta galesa, además de varias porciones de otro tipos, como ser tarta de frutilla, de limón, y dulce de leche. Además hay sandwichitos y diferentes tipos de panes para untar con manteca o mermeladas.

Tanto es lo que te sirven que al retirarte, casi la mitad te la vas a llevar en un paquetito para terminar de degustar en casa. Eso sí, en el precio te cobran todo lo que te dan y más, porque el servicio de té sale nada más y nada menos que $280 por persona (precios de febrero 2017). En todas las casas el servicio es similar, y el precio, el mismo, así que no hay mucha comparación que hacer. En todo caso, si no querés gastar semejante pequeña fortuna en un té, por más bien servido que esté, siempre tenés la opción de tomarte una cervecita fría a la orilla del río. Es sólo cuestión de elegir.

Playa Unión, en Rawson, y la leyenda de sus escolleras.

Mis vacaciones en la Patagonia ya son casi un clásico, pero estas últimas tuvieron un toque diferente. En lugar de internarme en la Coordillera de los Andes para hacer trekking encaré hacia el otro lado para respirar un poco de brisa de mar. Así llegué a Rawson, y más precisamente a Playa Unión, un balneario a unos 6 kilómetros de la ciudad.

Según me comentaron, la temporada fuerte de Playa Unión oscila entre diciembre y enero, y luego ya va decayendo. Por eso quizá lo tranquilo que encontré el lugar, incluyendo en esta idea tanto al hotel Punta León donde paré como la playa en sí. Igualmente, se veía gente y por momentos, era bastante cantidad, aprovechando el agua limpia y sin algas, aunque sí, muy fría.

El balneario es eso: mar y playa. Está cerca del Puerto Rawson desde el que salen las excursiones para avistar toninas, de las que ya hablaremos más adelante en otro post, pero luego no hay mucho más que hacer que actividades de playa. No por estar en Chubut va a ser diferente a la costa atlántica bonaerense.

Eso sí, las olas son diferentes. Uno se da cuenta enseguida: llegan hasta la costa para romper con fuerza y mucha frecuencia, motorizadas por un viento que durante el día ayuda a bajar la temperatura y a medida que va anocheciendo te obliga a ponerte un buzo u algún otro abrigo que tengas a mano. Quizá sea por eso que se ve gran cantidad de gente haciendo kitesurf, o incluso windsurf.

Un golazo, desde mi punto de vista, es que la playa no es de arena, sino de piedritas. Es quizá un poco molesto para caminar descalzo, por eso recomiendo llevar alguna sandalia cerrada o incluso zapatilla, pero es mucho menos sucio: uno puede calzarse enseguida y volver al hotel sin más, mientras que en una playa convencional no hay forma de que te quites la arena de encima. Los amantes de la playa me dirán de todo por esto, pero la arena es de lo más molesto que hay.

Según dicen, en el invierno las grandes marejadas son un espectáculo digno de verse, claro que tendrá que ser desde dentro del auto o algún restaurante de la costanera, porque no creo que las temperaturas y, sobre todo, el viento inviten a observar desde la playa misma.

Playa Unión debe su nombre al hundimiento en 1876 de la goleta italiana “Unión” frente a sus playas. Si bien esa sería el primer naufragio del que tengamos conocimiento, estaría lejos de ser el único. Esta zona del Mar Argentino tiene un triste historial de naufragios, muchos de los cuales se han registrado luego de la construcción de sus escolleras y con ello, han dado origen a una leyenda que cuentan los locales.

Las escolleras que se ven en las fotos, cercanas al Puerto Rawson, fueron construidas hace relativamente poco con piedras traídas desde otro lugar. Según dicen algunos, las piedras no llegaron solas, sino que escondidas entre ellas venían unos duendes que se molestaron mucho por la usurpación que se había cometido al sacar las rocas del lugar donde pertenecían. Así es que, en venganza, lanzaron una maldición sobre el puerto al que protege la escollera, y decidieron que diez buques se iban a hundir.

Desde ese momento los naufragios de la Flota Amarilla, como se conoce a los buques pesqueros que operan en Puerto Rawson, son bastante constantes. Ya se han contabilizado nueve, por lo que ahora todos se preguntan cuál será el próximo barco en perecer en las agitadas aguas del Atlántico. Quizá con eso los duendes se queden conformes y se trate del último hundimiento.

Con leyenda o sin ella, Playa Unión es un lindo lugar para ir a veranear si uno quiere mar. De hecho, por el tipo de playa y por la tranquilidad, me gusta más que la costa boneaerense. Eso sí, para meterse al agua hay que ser valiente, porque ahí sí que está fría.

Así Ahicito hizo su paso por las playas patagónicas. Agradezco a mi amiga Julieta y su hermana Rocío por la tarde de mate frente al mar, y por contarme la leyenda de la escollera.

Próximamente más posts con lo que fue la recorrida por la “Patagonia Atlántica”.

Tres noches en el Hotel Punta León, en Playa Unión.

Con una ubicación inmejorable, a apenas una cuadra de la playa, durante mi estadía en la ciudad de Rawson me alojé en el Hotel Punta León de Playa Unión. Desde allí uno no sólo puede llegar fácilmente a la arena (y las opciones que ofrece la costanera), sino que también se está cerca del anfiteatro  y de los restaurantes que hay en esa zona. En cambio, si uno quiere ir a comer algo al puerto, habrá que trasladarse unos 2 km aproximadamente.

El conocido supermercado patagónico La Anónima está a tan solo una cuadra, pero aquí el problema será que el hotel no permite que se ingrese a las  habitaciones con alimentos. En cuanto a bebidas, en cambio, no se dice nada.

La habitación que me tocó era muy amplia, y ni hablar de la enorme cama de dos plazas. El amoblamiento era el justo y necesario, y lo interesante es que incluye un pequeño frigobar, que además se puede utilizar de heladera para refrigerar las bebidas que se hayan comprado afuera (algo que cuando uno está en la playa es fundamental).

Un punto en contra, es que las habitaciones no tienen caja fuerte (o al menos esa era la situación de la que me tocó). Si bien hay carteles que indican que el hotel no se hace responsable por lo que se deja en la habitación, tampoco hay ningún elemento que permita dejar cosas en forma segura. Con lo cual, o bien te arriesgas a que te desaparezcan y no te reconozcan nada, o te llevás todo encima cada vez que salís. Por suerte a mi no me pasó nada. Quizá sea que la inseguridad que vivimos en Buenos Aires y otras ciudades del mundo no llegó a Rawson, pero sería bueno que se vayan equipando con alguna pequeña caja fuerte para las habitaciones.

En el restaurante (que sólo funciona como confitería, es decir que no es para ir a almorzar o cenar), se sirve de 7 a 10 el desayuno que está incluido con la estadía. No tiene mucha variedad, pero son productos ricos, entre los que se encuentran dos clases de medialunas (grasa  y manteca), pan para tostar, fiambres y manteca, queso untable o mermeladas. Para tomar se puede elegir entre café, té, leche y jugo de naranja, además del agua.

El gran punto fuerte, además de lo cómodas de las habitaciones, es la limpieza. Durante mi estadía todo impecable. Lo único que se podría pedir es un segundo jabón, para tener uno en la pileta y otro en la ducha, por separado. La bañadera tenía hidromasaje incorporado, pero ni siquiera intenté prenderlo. Si alguien pasó y lo probó es bienvenido a dejar su comentario.

El personal es muy amable y te hace pasar una buena estadía, bien predispuesto también a contestar consultas  y aconsejarte.

Cuando uno busca alojamiento en Rawson la verdad es que no se encuentran muchas opciones. Es por eso que es un gusto ver que el Punta León esté bien puesto, y que cuiden detalles del servicio como lo hacen, aún sin tener gran competencia. Esperemos que sigan así, para que cuando te toque conocer esta zona de la Patagonia, puedas ir tranquilo y disfrutar tanto como lo hice yo.