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La Carolina, San Luis: El pueblo de la mina de oro

En dirección norte a través de la Ruta Provincial 9, a unos 70 km de la localidad de Potrero de los Funes (donde estábamos alojándonos), y a 80 km de la ciudad capital San Luis, el viajero se encuentra con un pintoresco, muy pequeño y tranquilo pueblo que parece haber sido construido con piedra en su totalidad.

Se trata de La Carolina, nombre que le dió en honor al rey Carlos III de España el virrey Sobremonte en el año 1794, por aquél entonces gobernador intendente de Córdoba del Tucumán. Anteriormente el lugar respondía a la denominación de San Antonio de las Invernadas.

Así de tranquilo como se lo ve hoy, prácticamante sin gente a la vista por sus calles, La Carolina supo ser el epicentro de la llamada “fiebre del oro” en nuestro país, cuando Don Tomás Lucero halló oro en el lugar y la noticia se esparció de tal forma que pronto llegaron compañías europeas para dedicarse a la extracción del preciado metal. El éxito del emplazamiento fue momentáneo, y duró lo que tardaron en consumirse las vetas, que al agotarse provocaron el abandono de la mina, y del pueblo completo.

Hoy es una localidad que el turista puede visitar con el objetivo de relajarse y disfrutar de la paz absoluta del pueblo, o con la intención de adentrarse en su historia y, particularmente, en la mina de oro que puede visitarse en una excursión guiada. Ingresar por tu cuenta no solamente no es recomendable (ya que adentro puede ser peligroso para aquél que no conoce ni tiene los elementos necesarios para manejarse en las entrañas de la Tierra) sino que además resultará imposible ya que el paso está vedado por una reja.

La excursión al interior de la mina dura alrededor de 1 hora y se puede contratar en el bar Huellas, ubicado en la calle 16 de Julio casi en el extremo del pueblo, en dirección al acceso a la mina de oro. Desde allí salen grupos equipados con todo lo necesario (casco, linternas, etc.) en una caminata que, si bien entra en la montaña unos 300 metros, es de baja dificultad y apta para toda la familia.

En el camino desde el bar hasta la mina se pasará por otro de los puntos de interés turístico de La Carolina: el Museo de la Poesía, establecido en la casa que perteneciera al célebre poeta y filósofo del pueblo, Juan Lafinur. Allí se exhibe parte de su obra, como así también de otros reconocidos poetas.

Para quienes tengan tiempo e interés en los sitios arqueológicos, cerca de La Carolina se encuentran las Cuevas de Inti Huasi, una caverna que estuvo ocupada por los primeros grupos nómades de la región, hace unos 8000 años atrás. Y aún más cerca, para los amantes del campo y del trekking se encuentra la Reserva de Llamas Antu Ruca, donde se puede observar la naturaleza de cerca e incluso realizar caminatas como la del Cerro Pelado.

O simplemente uno puede quedarse en el pueblo a disfrutar de su tranquilidad absoluta e intentar imaginar cómo sería todo aquello en medio de las corridas por conseguir una tan ansiada pepita de oro.

La Vuelta al Dique La Florida, en San Luis.

A menos de una hora de viaje desde la capital provincial de San Luis se encuentra uno de los paisajes más bellos que puedan encontrarse en esta provincia cuyana. Se trata del Embalse La Florida, un enorme espejo de agua de unas 700 hectáreas aproximadamente, cuyo dique se construyera entre 1945 y 1953, aunque los estudios para la obra ya habían comenzado mucho antes, en 1891.

Establecido en el cauce del Río Quinto y siendo alimentado por el Río Grande y el Río Trapiche, el embalse es la principal fuente de agua potable para abastecer a la ciudad de San Luis y sus alrededores, como La Punta (allí dónde está emplazada la réplica del cabildo de 1810 cuyo post podés leer haciendo click acá).

Por supuesto que tan llamativo paisaje no pasaría desapercibido a turistas y veraneantes que desde hace años lo tomaron como un punto ideal para las vacaciones. Y lógicamente sus aguas suelen ser el escenario de variadas actividades náuticas y de buceo, siempre y cuando se realicen con embarcaciones sin motor, ya que la provincia lo ha declarado Monumento Ecológico y Cultural, por lo que toda actividad que implique la utilización de algún combustible está prohibida en estas aguas.

En la margen norte del embalse de ubica una reserva floro-faunística y es desde donde se puede apreciar toda la belleza del lago y los paredones del dique, en alguno de sus miradores. Aunque por supuesto, recorrer el murallón por arriba con sus coloridas paredes en tono pastel también vale la pena. Desde donde uno busque, las vistas son hermosas.

A un costado del murallón principal se encuentra la localidad de La Florida, un muy tranquilo y pintoresco pueblo que parece prácticamente chocarse con la imponente pared que retiene litros y litros de agua del otro lado. Allí resalta sobre todo la iglesia, dispuesta a escasos metros del dique.

Pero la excursión no termina allí ya que “la vuelta al embalse” debe incluir por supuesto una pasada por la vecina localidad de El Trapiche, algo más alejada del lago pero cortada al medio por el Río de las Águilas (que luego gira como envolviéndola para volver a seguir viaje), y donde descubrimos una interesante propuesta cultural.

Una especie de buzón abierto al público donde la gente puede tomar un libro prestado dejando otro en su lugar.

Y la excursión no estaría completa si no te dieras una vuelta por Los 7 Cajones, un tramo del río donde el agua forma siete ollas (que le dan su nombre) ideales para un buen chapuzón en días de verano. Al menos cuando fuimos nosotros no había nada cerca (apenas una pizzería que estaba absolutamente cerrada) por lo que es recomendable ir preparado y llevarse algo para comer y tomar en caso de que quieran pasar un rato allí.

Y al regreso es algo obligado parar unos minutos en la fábrica de alfajores Quebrada del Agua y comprar el souvernir para llevar a la familia y un par para consumo propio. Se ubica sobre el camino mismo de acceso, así que no podrán perderse, pero tendrán que ir prestando atención porque desde afuera solamente es una pequeña casa con un cartel que la identifica en la puerta. Nosotros la buscamos expresamente porque teníamos el dato, y la verdad que los que nos lo recomendaron tenían razón: sus productos son exquisitos así que paren y pruébenlos (es producción super artesanal así que muy acotada también; casi no se consiguen en otro lugar). Les aseguro que no se van a arrepentir.

“La vuelta al dique”, como he dado en llamarla, es una muy buena alternativa para cuando se está parando en San Luis, Potrero de los Funes o alguna localidad del alrededor. Se podrá aprovechar para hacer alguna actividad en el agua del embalse, o simplemente para salir a pasear y disfrutar de unas vistas espectaculares. Obviamente, no te olvides de cargar a full la batería de la cámara, porque vas a tener material para fotografiar.