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Arte en España: Visitas al Museo del Prado y al Museo Thyssen-Bornemisza

Supongo yo que para los amantes del arte Madrid debe ser una ciudad más que importante. Allí, sobre la plazoleta Paseo del Prado, y con escasos metros de diferencia entre uno y otro, se ubican dos de los más importantes museos de arte. Aprovechando esta cercanía, y la compañía experta que me acompañaba aquella última tarde en la capital española, yo también hice la recorrido por ambas galerías para admirar algunas de las obras más importantes de la historia.

El famoso Museo Nacional del Prado se inauguró en noviembre de 1819 con 311 pinturas de la Colección Real que se expusieron al público. Este año festeja su bicentenario, por lo que es de esperar que se organicen eventos y programaciones especiales durante el transcurso del año.

Su colección permanente está dividida según origen. Así tenemos pintura española, flamenca, italiana, francesa, alemana y británica. Además hay secciones de dibujos y estampas, de artes decorativas y de escultura. Además la Iglesia de San Jerónimo el Real, ubicada justo detrás del museo, alberga varias pinturas religiosas del siglo XVII.

Dentro del recinto del museo  hay por supuesto obras maestras de los mejores artistas de la historia, entre los que se cuentan Rafael, Durero, El Greco, Velázquez, Rembrandt y Goya. Son muchas las obras expuestas, pero yo no tengo la menor duda. Sin saber nada sobre arte, puedo decir que la más impactante es Saturno devorando a su hijo, del genial Goya.

A unos 100 metros de allí pero del otro lado de la calle uno se encuentra con otro museo famoso: el Thyssen-Bornemisza. Sin tanta historia como El Prado, este museo abrió sus puertas en 1992 para exponer la prestigiosa colección privada de la familia que le da nombre al recinto.

La colección permanente está organizada de forma tal que la recorrida se comienza en la segunda planta del museo, donde se expone pintura antigua. En el primer piso el visitante encontrará la escuela holandesa y pintura moderna; para finalizar en la planta baja donde se pueden ver obras del siglo XX, incluido el arte pop y la postguerra europea.

El Thyssen-Bornemisza tiene también sus obras maestras de la mano de autores de la talla de van Gogh, Caravaggio, Rubens, Renoir, Dalí, entre otros. Incluso está también el autoretrato de Rembrandt y la escultura Cristo y la Magdalena de Rodin.

 

Mientras que en el Museo del Prado la toma de fotografías está prohibida, en el Thyssen-Bornemisza está permitida siempre que sea sin flash. Esa es la razón por la que no hay fotos del primer museo ilustrando este post. Pero para qué querés fotos de semejantes obras maestras, si la mejor (y en realidad única) forma de apreciarlas como se debe es admirándolas en vivo y en directo.

Así que no se diga más. Si estás por Madrid y te gusta la pintura, acá tenés algunas visitas obligadas para hacer. Para mayores datos, te dejo link a las webs oficiales de ambos museos, donde podrás ver detalles de horarios, precios  y demás para organizar la visita:

Link al Museo del Prado

Link al Museo Thyssen-Bornemisza

Visitamos el controvertido Museo de Arqueología de Alta Montaña de Salta.

En pleno centro de la ciudad de Salta, al 77 de la calle Mitre, se encuentra uno de los museos más polémicos de los que se tenga noticia. Se trata del MAAM, Museo de Arqueología de Alta Montaña, y la controversia está garantizada por lo que es el centro y casi único tema de la exposición: las momias de Llullaillaco.

La recorrida comienza contando algo sobre la historia de la arqueología de montaña, y lo emparentada que está con el montañismo como deporte. De hecho, fue una expedición del Club Andino de Chile la que en este caso descubrió lo que parecían ser ruinas arqueológicas en lo alto del Volcán Llullaillaco, a más de 6000 metros de altura sobre el nivel del mar. El anuncio de los montañistas disparó las siguientes expediciones científicas que terminarían por descubrir los cuerpos momificados de tres niños, en casi perfectas condiciones.

La así llamada Niña del Rayo debe su apodo al hecho de que, luego de haber fallecido, fue alcanzada por un rayo que quemó parte de su cuerpo. Tenía al morir una edad de poco más de seis años y fue hallada en posición sentada.

La doncella. Autor: Pedro Groover.

El Niño tenía alrededor de siete años y estaba sentado sobre una túnica de color gris.  Alrededor de la cabeza lleva un adorno de plumas blancas sostenida por una honda de lana.

La mayor fue apodada La Doncella por los investigadores. Tenía alrededor de 15 años y está vestida con ropas típicamente femeninas, además de estar exquisitamente peinada con trenzas.

Las tres momias presentan el cráneo ligeramente deformado, lo que es indicativo de que se trata de miembros de la nobleza (donde esto era una costumbre habitual), especialmente elegidos para ser sometidos a los rituales de sacrificio humano. Todos estaban acompañados además por objetos que, por su lugar de procedencia y manufactura representan aspectos centrales de la vida social y religiosa de la cultura inca.

El Niño. Autor: José Fontanelli

Según se piensa, los tres niños formaron parte del ritual conocido como Capac Cocha a través del cual, las diferentes aldeas pertenecientes al Imperio Inca llevaban a los niños elegidos hasta Cuzco, donde el Inca los casaba simbólicamente. Luego, recorrían el camino de regreso hasta su hogar, en línea recta desde el centro del imperio, sorteando los obstáculos que aparecieran en medio. Una vez allí, ascendían por la montaña hasta el punto donde se realizaba el sacrificio, que lejos de ser un acto violento consistía en drogarlos con chicha o coca y dejarlos allí para que el frío hiciera su trabajo. De esta forma, los niños emisarios, especialmente elegidos entre los miembros de la nobleza, tenían el enorme honor de viajar y reunirse con los dioses, para interceder ante ellos en nombre de su pueblo.

En el MAAM las momias se conservan con técnicas de criopreservación, que se basan en la utilización de cápsulas que modifican su atmósfera reduciendo la cantidad de oxígeno del ambiente y manteniéndose a una temperatura estable de -20°C y con iluminación especialmente regulada, en un esfuerzo por recrear las condiciones de la alta montaña donde se encontraron los cuerpos. Las momias son expuestas al público de a una por vez, por lo que dependiendo del día en que hagas la visita será el niño que podrás ver con tus propios ojos, mientras las otras dos se conservan en las cápsulas.

Volcán Llullaillaco, Salta, Argentina. Autor: Lion Hirth

Toda la tecnología desplegada por el museo para la preservación de las momias no alcanza para amainar la indignación de muchos, que sostienen fervientemente que en nombre de la ciencia se han profanado tumbas humanas, y que la exhibición de los cuerpos es una falta de respeto. Esto se puede ver claramente en las firmas del libro de visitas del museo, cuyas páginas están repletas de mensajes de reprobación. Incluso el mismo museo se encarga de difundir esta postura a través de un video que explica cómo se realizó la investigación, y donde participan tanto científicos como pobladores del paraje donde se encuentra el volcán, cada uno planteando su postura al respecto.

Cada uno tendrá su opinión sobre la muestra, pero lo que puedo asegurarles es que es una experiencia dura e impactante, y que observar el cuerpo momificado de un niño no es algo apto para todos los públicos. Quienes se animen a hacerlo con el mayor de los respetos, ya saben a dónde tienen que ir.

El Museo Güemes: Historia argentina a plena experiencia sensorial.

Durante décadas la figura de Martín Miguel de Güemes quedó relegada en las crónicas de nuestra historia nacional, situación que se mantuvo hasta que en el año 2016, con la instauración del feriado que lo recuerda cada 17 de junio, el defensor de la frontera norte comenzó a tener el protagonismo histórico que le correspondía. Sin lugar a dudas, la mejor forma de acercarse a su figura, valores y obra, es visitar el Museo Güemes en la ciudad de Salta, un lugar que se destaca de cualquier otro por la forma didáctica en que aborda el tema, haciéndolo no sólo apto para grandes y chicos, sino también atrapante.

El museo se estableció en el edificio donde funcionó la Tesorería Real de la Intendencia de Salta del Tucumán, allá por fines del siglo XVIII, de la que el padre del prócer estuvo a cargo durante largo tiempo. Así es que Martín de Güemes vivió en este lugar con su familia, ya que era también la residencia del tesorero. El edificio, declarado Monumento Histórico Nacional en el año 1971, fue restaurado por el gobierno de Salta, quién además lo dotó de tecnología puesta al servicio de la cultura, logrando de esta forma un museo diferente.

Si el hecho de entrar a un recinto oscuro y que un cofre se ilumine y te cuente cómo era la vida de Martín durante su infancia es algo novedoso, el seguir el recorrido para encontrarte con los retratos de sus padres que cobran vida para darte la bienvenida y contarte algo más sobre la familia (incluso dialogando entre ellos) aparece como una idea genial. Y alrededor de este concepto gira todo el museo, donde habrá que acercarse a los puntos amarillos pintados en el suelo para que algo en la sala despierte y te acerque un poco más a la historia de este salteño ilustre.

Videos presentados de forma ingeniosa, maquetas en tamaño real que cobran vida para representar una determinada escena, o cuadros que de repente comienzan a tener movimiento para transformarse en una película corta que te convierte en expectador directo de un hecho histórico son una constante en el Museo Güemes.

Logrando entrelazar de forma perfecta la tecnología multimedia y los hechos históricos, el video donde se cuenta la emboscada en la que Miguel de Güemes fue herido de muerte se proyecta en el mismísimo lugar donde estaba la puerta por la que el prócer salió de la casa justo antes de ser atacado.

Por supuesto que el museo tiene su lugar también para los “gauchos” de Güemes y da detalles sobre cómo se desarrollaba la “Guerra Gaucha”, fundamental para la independencia argentina al posibilitar primero la reunión del Congreso de Tucumán que finalmente declararía nuestra independencia de España el 9 de julio de 1816, como al defender férreamente luego la frontera norte del territorio nacional, logrando que San Martín se pudiera despreocupar de la integridad del mismo para enfocarse en la campaña del cruce de los Andes y así libertar a Chile primero y a Perú después, arrasando con ello la presencia realista que significaba un peligro para el gobierno patrio de Buenos Aires.

La única desventaja que presenta la temática del museo es que el grupo deberá mantenerse unido todo el tiempo, a fin de accionar los sistemas multimedia de a uno y que los audios no se superpongan  para que la recorrida se entienda, lo que implica que habrá que llevar un ritmo común y probablemente no se pueda leer toda la información que hay disponible en la cartelería. Aún así, esto no empaña la idea ni el sistema, que es sencillamente genial. Un museo diferente, que atrapa y crea interés por la historia, incluso en los más chicos, tan sólo con cambiar y modernizar la forma en que se la cuenta.

¡Un aplauso para el Museo Güemes! ¡Bien hecho!

Y cuando ustedes estén de visita por la ciudad de Salta, ni se les ocurra perdérselo. Toda la información que necesiten para visitarlo lo encontrarán en la web oficial, haciendo click aquí.

El Museo Presidente José Evaristo Uriburu, en Salta.

Popularmente conocido como “La Casa de Uriburu”, el viejo edificio de adobe que alguna vez perteneciera al Presidente de la Nación José Evaristo Uriburu fue declarada Monumento Histórico Nacional y alberga un museo en el que se puede apreciar cómo se vivía en la Salta de antaño.

Se trata de una típica casa salteña tipo chorizo, donde las habitaciones se suceden unas a otras a lo largo de un patio que corre en su lateral. El museo cuenta con un total de seis salas y muestra muebles y artefactos de uso cotidiano en diferentes épocas. El paso del tiempo, de sala en sala, se hace patente con el cambio de mobiliario, especialmente cuando comienzan a aparecer piezas importadas desde metrópolis diferentes a España (principalmente Francia), marcando el punto donde se abre el comercio. Antes de ese momento, ese tipo de muebles sólo se podían obtener a través del contrabando.

Destacan además las alacenas empotradas en la pared (factibles de ser construidas debido a la enorme profundidad que tenían las paredes de aquella época). En esos enormes huecos se instalaban estantes que eran protegidos por puertas de madera que se mantenían cerradas con llave. Allí se guardaban cosas importantes y caras, como ser las frutas que en aquella época llegaban hasta Salta desde Catamarca.

Otra casa que llama mucho la atención es el antiguo altar con imágenes religiosas que normalmente había en toda casa de la época. Según la costumbre de aquellos tiempos, allí patrones y criados se juntaban a rezar, convirtiéndose en un punto de encuentro entre ambos estratos sociales. Allí mismo, un deposito de agua bendita a cuyo contenido se podía acceder abriendo una pequeña canilla.

El el patio trasero una de las habitaciones recrea una cocina de la época, que aunque mucho más pequeña que una cocina real, sirve para darse una idea de cómo era la vida allá por el 1800. La puerta está flanqueda por un antiguo mortero de algarrobo y un aparato que se usaba para filtrar el agua que sacaban del aljibe, ya que de por sí no era potable, por lo que había que hacerla pasar por esta piedra para, luego de horas quizá, lograr obtener un vaso con líquido apto para el consumo.

Uriburu fue Presidente de la Nación entre 1895 y 1898 y compró esta casa en 1810. Fue su familia quién la donó al Estado en 1947 y finalmente en el 55 fue convertida en museo. Se la puede visitar pagando un bono de apenas $10 (precio de julio 2018) e incluye visita guiada y hasta conocer la biblioteca donde se destacan libros de historia salteña, mapas antiguos e incluso manuscritos del Siglo XVIII. Ubicada en Caseros 147, muy cerca de la plaza principal, se recorre rápidamente y bien vale una visita.

El Palacio de Bellas Artes de México: Hogar de los murales mexicanos.

Ubicado a unas cuadras del Zócalo, en pleno centro histórico de la Ciudad de México, el Palacio de Bellas Artes se alza imponente con su arquitectura art nouveau. Está allí desde el año 1934 en el que se lo inauguró bajo el nombre de Museo de Artes Plásticas, y fue el primer edificio dedicado a la exposición de piezas de arte en México.

Por este espacio rotan constantemente muestras temporales de diferente temáticas. Al momento en que lo visitamos nosotros la exposición que se presentaba era la de Rojo Mexicano, dedicada a la utilización de grana de conchilla en el arte. Acotada a un ambiente especialmente controlado en cuanto a temperatura y humedad, la entrada general al Palacio daba acceso a esta muestra también donde predominaba, obviamente, el color rojo.

Interesante fue, más allá de la posibilidad de contemplar las obras de arte, enterarnos de cómo se obtiene y se utiliza la grana de conchilla, tanto en el arte como en otros ámbitos; y que se trate de un colorante natural utilizado desde muy antigua época, como surge del hecho que se hayan encontrado rastos de conchilla en códices prehispánicos.

Pero de seguro lo más interesante del museo reside en su muestra permanente de muralismo. Allí se exhiben 17 murales de artistas mexicanos que datan de entre 1928 y 1963. El más importante e imponente es, sin lugar a dudas, “El Hombre controlador del Universo”, de Diego Rivera, al que seguramente le dedique un post en particular, pero los otros 16 no dejan de ser obras impresionantes también.

Las paredes de la planta alta del museo están “adornadas” con lo mejor de lo mejor, como ser esta serie también perteneciente al famoso Rivera.

Son obras realmente enormes, tanto que a algunas se hacen muy difíciles de fotografiar, como La Katharsis de José Clemente Orozco. Habrá que tratar de tomarla en diagonal para que entre en el plano…

O sino directamente fotografiarla desde el otro lado de la sala, como a esta señorita semidesnuda que sufre con sus manos encadenadas mientras intenta liberarse, que representa nada más y nada menos que a la nueva democracia, obra de David Siqueiros.

El movimiento del muralismo mexicano estuvo sumamente politizado, y se caracteriza por su gran preocupación social y política. Son una especie de metáfora gráfica y buscan significar algo muy puntual, y dar un mensaje concreto. Adentrarse en las explicaciones y detalles, puede ser algo apasionante, y muy cultivador. Una buena forma de estudiar historia mexicana por medios no tradicionales.

Además de los ya mencionados, el museo cuenta con obras murales de Jorge Camarena, Rufino Tamayo, Manuel Rodriguez Lozano y Roberto Montenegro.

Este te lo dejo en tamaño “grande”, para que lo aprecies bien. ¡Casi como si estuvieras ahí en el Palacio de Bellas Artes! Bueno, no… nada que ver…

Hay murales que incluso están relacionados unos con otros, y en realidad es imposible apreciarlos como se debe (y entenderlos) por separado. Es necesario considerarlos prácticamente una misma obra, e interpretarlos de tal forma.

Es el caso del “Tormento de Cuauhtémoc” y “Apoteosis de Cuauhtemoc”.

El museo está abierto al público de martes a domingo en el horario de 10 a 18 horas. Hay que considerar al planificar la visita que suele haber cola para ingresar, así que seguramente haya alguna demora en la puerta. Importante destacar que las fotografías no están permitidas (ni tampoco los videos), salvo que se abone un arancel adicional por la autorización de uso de las cámaras. En ese caso, (como el nuestro ya que necesitábamos ilustrar el post) les entregarán un sticker con la inscripción “FOTOGRAFO” que deben colocarse en un lugar visible.

Un lindo paseo, incluso para quienes no sean fanáticos de las artes o entendidos en las mismas. La exposición de los murales no tiene desperdicio, y en mi opinión cualquiera es capaz de apreciarla.

Para cerrar este post, y de algún modo crear un preámbulo para el que en algún futuro cercano publicaré, los dejo con una foto del maravilloso mural que acapara todas las miradas del Bellas Artes. Pasaría horas mirándolo, intentando descubrir cada uno de sus detalles, y lo que representan…

Próximamente, en Ahicito Nomás.