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Las Estatuas de Madrid y sus curiosas historias.

Durante el walking tour por la ciudad de Madrid visitamos los puntos neurálgicos del centro y observamos varias estatuas de las cuales Karen, la guía, nos contó historias sorprendentes.

Quizá la más curiosa sea la de la estatua ecuestre del rey Felipe III ubicada en el centro de la Plaza Mayor. Durante los tiempos de la República se consideró que no era una buena idea mantener ese símbolo de la monarquía en un punto tan concurrido de Madrid, por lo que se trasladó el monumento fuera del alcance del público. Sin embargo, para 1931 durante la Segunda República no sucedió lo mismo, y la estatua fue atacada por los manifestantes.

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En los festejos por la proclamación de la Segunda República uno de los simpatizantes introdujo un petardo por la boca del caballo, única abertura de la estatua. Al estallar, el petardo destruyó el vientre del caballo esparciendo miles de pequeños huesos de pájaros alojados en su interior. De esta forma se descubrió que la estatua había sido durante años un cementerio de pájaros, los cuales entraban por la boca del caballo y luego, impedidos de caminar de regreso o volar por la inclinación del cuello, quedaban atrapados en el interior de una trampa mortal.

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La escultura ha sido restaurada tal como la conocemos hoy, pero aún se pueden detectar signos de la Guerra Civil si uno mira con atención.

Otra estatua ecuestre de importancia es la de Felipe IV, ubicada en la Plaza del Oriente frente al Palacio Real. Según nos contó Karen, Felipe estaba celoso de la magnífica estatua de la Plaza Mayor que retrataba a su padre, Felipe III, y mandó a construir una aún más imponente, sobre la base de un retrato suyo que había pintado el genial Diego Velázquez, y que se puede ver en el Museo del Prado.

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Pero este trabajo fue todo un problema para el escultor Pietro Tacca, ya que la pintura mostraba al monarca sobre el caballo, y este parado sobre sus dos patas traseras, con las delanteras en el aire. Ni Tacca ni Velázquez encontraban forma alguna para montar la estatua en esta posición, y así se lo plantearon al rey, quién no aceptó cambios al respecto. Ambos artistas viajaron a Florencia entonces, en busca del hombre considerado como el más inteligente del mundo en esa época. El mismísimo Galileo Galilei los asesoró indicándoles que la solución era realmente simple: sólo había que construir maciza la mitad de abajo de la estatua, dejando la parte superior hueca. De esta forma el peso quedaría balanceado y el caballo podría ser eternizado sobre sus dos patas traseras.

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Para finalizar la recorrida de monumentos madrilenses, en la misma Plaza del Oriente, a metros de la estatua de Felipe IV, hay una serie de esculturas que representan a diferentes monarcas relacionados con España. En total se construyeron 108 estatuas que estaban originalmente destinadas a decorar la fachada del Palacio Real, pero nunca llegaron a esos balcones. El motivo no se conoce bien, pero la leyenda dice que la reina Isabel era una persona muy supersticiosa, y que vio en un sueño cómo estas estatuas se le caian encima y la mataban. Así fue como se decidió distribuir las obras por diferentes puntos de España, algunas de las cuales se instalaron justo frente al Palacio Real, a metros de lo que era su ubicación originalmente planeada.

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Así descubrimos un poco más sobre la hermosa Madrid y su historia, esta vez, a través de sus monumentos.

Espero que te haya gustado. ¡Hasta la próxima!

 

El Faro de Key Biscayne: Un monumento histórico de Miami.

La mayor atracción del Bill Baggs Cape Florida State Park es el histórico faro que, tal como les conté en este otro post, en un principio no pude visitar porque la tormenta que se avecinaba había decretado su cierre temprano. Por eso mismo, cuando el anfitrión de la reunión regional me dijo de aprovechar que yo volaba a la tardecita para visitar el parque antes de volver a Buenos Aires, la idea me pareció inmejorable: el día estaba soleado y era seguro que podría subir al faro y tomar las fotos que me habían faltado. Así que, sin más, enfilamos hacia Key Biscane, aunque esta vez yo iba como pasajero.

Ingreso al faro

El ingreso al faro está rodeado de palmeras enormes que crean un paisaje muy especial.

El faro, hoy con 95 pies de altura (unos 29 metros aproximadamente), no siempre fue como se lo aprecia en la foto portada de este post, sino que tuvo una historia muy accidentada y fue escenario (sino protagonista) de fuertes momentos de la historia de Florida y de Estados Unidos.

Desde Abajo

Visto desde la base, la altura del faro impresiona.

Se lo construyó en 1825 ante la necesidad de evitar los frecuentes accidentes marítimos que había en la zona del Cayo Vizcaíno, proyecto para el cual se nominó a Samuel Lincoln de Boston, quién se embarcó con rumbo a Florida a fin de comenzar la obra para nunca más ser visto. Aparentemente el buque que lo transportaba había naufragado, y nunca más se lo encontró ni a él, ni a su tripulación. Lincoln fue la primer “víctima” del faro, pero no sería la única.

Casa del cuidador

Detrás del faro está la casa del cuidador, que hoy en día es una réplica de la original.

Una vez que Noah Humphreys terminó de construirlo (en reemplazo de Lincoln) con los originales 65 pies de altura y escaleras de madera en el interior, John Dubose fue nombrado como primer cuidador, tarea para la cual se mudó con toda su familia a un territorio en disputa con los indios Seminole, nativos de esa zona. Los Seminole, en resistencia a la invasión de sus tierras, atacaron frecuentemente el faro, y en 1936 lo incendiarion, con un esclavo y el asistente del cuidador refugiados adentro.

El faro

Subir hasta el balcón es “obligatorio” para todo aquél que no sufra de vértigo.

Aunque Thompson pudo ser rescatado por un navío de la Armada alertado por la explosión que se dio en el faro, la construcción fue abandonada por largo tiempo, más precisamente hasta el año 1847 en el que pudo ser reconstruído. Esta vez, las escaleras eran de hierro, tal como las que se ven en las fotos.

Interior del faro

La angosta escalera de caracol hoy es de hierro. La original era de madera y ayudó al incendio.

Recién en 1855 se remodeló el faro llevándolo a su altura actual, sin embargo fue poco lo que funcionó ya que seis años después Florida se separó de la Unión de estados, y las luces del faro fueron apagadas para que no sirvieran de ayuda a la marina de la Unión que tenía control sobre el mar en aquella zona.

Vista desde la ventana

Cada tanto el ascenso es iluminado por ventanas desde donde se puede intuir lo que será la vista.

Finalmente, en 1878 la luz del faro se extinguiría definitivamente al ser reemplazado por otro más adentrado en el océano, y la situación de abandono perduró por unos 100 años hasta que el Estado de Florida compró el área y creó el parque, reconstruyendo el faro una vez más. Lo que hoy se puede visitar, sin embargo, es una reconstrucción de 1996, necesaria luego del paso del Huracán Andrew, que en el ’92 volvió a destruir el faro.

Vista del mar

El Océano Atlántico, donde tantos accidentes marítimos había antes de la construcción del faro.

Luego de subir 109 escalones por la escalera de caracol metálica, uno llega al acceso al balcón que rodea el faro en su cima, desde el cual se tiene una vista inigualable de Key Biscayne, el océano, la playa, e incluso los edificios de Miami en el horizonte.

Vista de la ciudad

Los bosques aquí, y más allá, en el horizonte, los edificios de la Ciudad de Miami, vistos desde el faro.

Definitivamente, es una vista que valió la vuelta al parque y estar corriendo para no perder el vuelo de regreso.

Horarios Faro

El faro permanece abierto de 9 a 17 hs. En algunos horarios específicos hay también tours guiados.

El faro de Key Biscayne, junto con la réplica de la casa del cuidador, es un lugar lleno de historia que merece ser visitado cuando vayas a Miami. Y por supuesto, tenés que subir, porque la vista desde arriba es única, para lo cual tenés tiempo entre las 9 AM y las 5 PM. ¡No te vuelvas a tu casa sin esa postal!

Fotografiando un DC-3 histórico bajo la nieve en el Aeroclub de Ushuaia.

Los primeros días en Ushuaia fueron realmente feos. Temperaturas muy bajas, viento fuerte y lloviznas nos recibieron en pleno enero. El clima no ayudaba en nada para hacer actividades al aire libre, que eran el principal motivo del viaje que habíamos emprendido, y aunque las vacaciones recién arrancaban la ansiedad por hacer algo nos carcomía por dentro. Buscamos entonces alguna actividad corta y cercana a la ciudad, y así es como decidimos hacer una caminata por los alrededores, pasando por el Aeroclub.

Casino

Impresionante vista del casino de Ushuaia, con el Beagle por delante y la Coordillera por detrás.

El Aeroclub, antiguamente el aeropuerto de la ciudad que luego sería relocalizado, está ubicado en una península que se mete dentro del Canal de Beagle, siendo que su pista 16/34 de aproximadamente 1500 metros comienza y termina en las orillas del canal. Esto, junto con su escasa longitud, el clima impredescible y el hecho de que se cubría de hielo y nieve, hacía de la pista de Ushuaia una de las más complicadas y peligrosas; y le valió varios accidentes en diferentes épocas, varios de ellos mortales.

Vista en el camino

Vista de la Ciudad de Ushuaia desde el camino de tierra que conduce al Aeroclub atravesando el Beagle.

Para nosotros llegar al aeroclub no era tan peligroso, pero sí implicaba bajar hasta la costanera, caminar hasta la rotonda dedicada a la Guerra de las Islas Malvinas, y desde ahí sí, caminar por una calle de tierra que desemboca en el aeroclub, luego de atravesar una parte del Canal de Beagle, al cual corta al medio. Luego volveríamos costeando el Canal para tener otra vista de la ciudad.

Vista del puerto

El Puerto de Ushuaia, con un containero atracado, visto desde el otro lado del canal.

Así que nos abrigamos con todo lo que teníamos y a pesar del frío, en cuanto dejó de lloviznar salimos hacia allá. Cruzando la calle tierra, con el agua del Canal a ambos lados, el viento era realmente intenso, pero así y todo valía la pena parar cada tanto y sacar las manos de los guantes para fotografiar la ciudad desde esta perspectiva diferente.

Vista desde aeroclub

Vista desde el Aeroclub, al otro lado del canal. Las nubes ya no son buena señal…

Ya antes de llegar, a lo lejos se divisa la principal atracción de nuestra caminata. Es un viejo de DC-3 que por sus colores (naranja y gris) ya desde la ventana del hostel se lo adivinaba de la Armada. Se trata en realidad del 5-T-22 “Cabo de Hornos” que volara por última vez en julio del ’79 y que, después de varios idas y vueltas, fuera destinado al Aeroclub Ushuaia en homenaje a este modelo de avión responsable de las comunicaciones entre la Antártida y el continente, y que en 1962 llevara por primera vez la bandera argentina al Polo Sur.

El DC-3

Durante sus años de servicio el 5-T-22 operó en USH llevando carga, provisiones, correo y hasta personas.

El “Cabo de Hornos” fue además declarado Bien de Interés Histórico Nacional por un decreto del año 2008 y es preservado en esta locación por la Comisión Pro Restauración y Exhibición del DC3 5-T-22.

Torre Aeroclub

Las instalaciones del Aeroclub, donde operaba el viejo aeropuerto de Ushuaia, con su torre de control.

Recién cuando llegué hasta él me di cuenta de que había comenzado a caer aguanieve, y que su intensidad se hacía cada vez más fuerte. Incluso la mayoría de las fotos salen con la marca de la lente humedecida por la nieve que pegaba contra el vidrio y se derretía. Como fuera, no iba a perderme por nada del mundo la foto que había ido a buscar, así que disparé la cámara varias veces antes de correr hasta el quincho del aeroclub que, aunque cerrado, nos ofrecía un refugio de la nieve empujada desde el otro lado por el viento.

Primer Plano con nieve DC-3

Primer plano del “Cabo de Hornos” ya con nieve cayendo fuerte y manchando la lente de la cámara.

Allí permanecimos un buen rato esperando que el tiempo mejorara y disfrutando del espectáculo, que rápidamente pasó de aguanieve a ser nieve con todas las letras, y que le daba al paisaje un toque que no habíamos esperado ver en esta época del año. Sin embargo, los minutos corrían y la tormenta lejos de amainar se hacía cada vez más fuerte. Sacar fotos ya era imposible porque fuera de los guantes las manos se congelaban y comenzaban a quemar en cuestión de segundos. Lo pensamos un par de veces, pero finalmente tomamos una decisión que más tarde se revelaría acertada: dejar de chupar frío sin motivo y emprender el regreso.

Puerto bajo tormenta

La nevada se hace intensa y nubla la vista. La ciudad comienza a desaparecer frente a nuestros ojos.

Volver a cruzar el Canal por la calle de tierra en medio de la nevada fue toda una aventura que nos dejó con una buena costra de hielo sobre todo nuestro costado izquierdo, desde el cual el viento pegaba con fuerza considerable y nos llenaba de nieve. Paradójicamente (o quizá mejor dicho lógicamente) el costado derecho de nuestros cuerpos estaba prácticamente seco. En ese momento pensé que nunca más sentiría tanto frío como entonces, pero resultaba ser que Ushuaia me tenía guardadas algunas sorpresas para más adelante…

Nieve con viento

El viento sopla con fuerza envidiable, y arremolina la nieve. No podemos quedarnos más tiempo allí.

Finalmente llegamos a la ciudad, empapados por la nieve que había comenzado a derretirse sobre nuestro cuerpo, y muertos de frío, pero felices por haber conseguido la foto (con el toque especial de la nieve, por supuesto), y por haber regresado para publicarla. Ya en la ciudad la temperatura es más elevada y cruzando la primer cuadra de edificaciones el viento amaina considerablemente, pero aún así, cuando al rato comenzó a nevar muy fuerte sobre el centro, supimos lo bien que habíamos hecho: si en la ciudad estaba cayendo nieve de esa forma, no hubiera querido estar esperando todavía a la intemperie en el  aeroclub.

Llegando despues de caminar bajo la nieve

Ya en la ciudad, frente al hostel, aún con restos de la costra de hielo sobre la izquierda de mi capucha.

Allí se quedó sí el DC-3, quizá rememorando viejos tiempos donde daba lucha al mal tiempo para llegar hasta el Continente Blanco. Por nuestro lado, el sur nos estaba testeando y habíamos superado la primer prueba. Próximamente en Ahicito, te cuento las que estaban por venir.