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Visita a la Bodega San Pedro de Yacochuya en Cafayate, Salta.

Más que formar parte de la Ruta del Vino del Noroeste Argentino, la ciudad de Cafayate es el corazón de la misma. Gran cantidad de bodegas se concentran en esta localidad y sus alrededores. Justamente, saliendo de la misma hacia el lado de La Banda, y desviándose hacia la izquierda de la mítica RN 40 hacia La Banda de Arriba y El Molino, el camino sube hasta desembocar en una de las más destacadas bodegas de la región: San Pedro de Yacochuya.

Ubicada a 7 kilómetros de la ciudad, en lo alto de la cuesta, esta bodega es propiedad de la reconocida familia Echart, quienes vendieron todo lo que tenían (la famosa marca incluída, que ya no les pertenece) para dedicarse a elaborar vino en mucho menor cantidad, pero de la más alta calidad.

Los viñedos de Yacochuya están distribuidos por la zona, a más de 2000 m.s.n.m., siendo una de las bodegas más altas del mundo. En las plantaciones se cosechan diversos tipos de uva, como Malbec, Cabernet Sauvignon, Tannat y un clásico salteño, Torrontés. Dependiendo de su ubicación, el riego se hace por goteo, o bien por aproximación a los canales.

En el proceso de elaboración de vinos, como ya hemos visto también en otros posts, Yacochuya utiliza los tanques de acero inoxidable donde se fermenta la uva. Sin embargo algo que destacó con respecto a otras visitas que hicimos, fue la explicación de que cuando se requiere acelerar el proceso de fermentación, lo que se hace es tomar una parte de mosto  y mezclarla con levadura a fin de provocar que fermente. Luego eso se devuelve al tanque para que el proceso se extienda a todo su contenido.

Luego el ollejo de la uva se desprende y va a parar a una prensa que termina de sacar hasta el último vestigio de vino que queda. Ese producto tendrá por destino un nuevo tanque, o bien, si el enólogo así lo decide, se puede llegar a mezclar con otras uvas para generar un vino diferente. Para añejar sus vinos Yacochuya utiliza barricas de roble que se llenan hasta un máximo de cuatro veces. Pasado ese número se considera que la madera ya no tiene los taninos necesarios para nutrir al vino.

Igualmente, aquí se producen diferentes clases de vino, y los de más baja escala hasta pueden conseguirse en supermercados. En cambio los mejores sólo se distribuyen a través de vinerías, o incluso se exportan a mercados como el norteamericano o el brasileño. Entre los vinos de más nivel destaca el que lleva en la etiqueta la firma del famoso enólogo francés Michel Rolland que lo creó, y cuyo precio no es apto para un bolsillo común y corriente.

La degustación también es costosa, pero aunque no la hagas, si te llegaste hasta aquí (algo que personalmente recomiendo) no podés no llevarte alguno de estos vinos. Será cuestión de elegir el que mejor se adapte a tu presupuesto, y la cepa que más te guste.

Los Increíbles Médanos de Cafayate, última parada de la Quebrada de las Conchas.

Estando en la ciudad de Cafayate habrá quienes pongan en su mochila un par de ojotas o alpargatas y una gorra de visera antes de subirse al auto. No es que se estén yendo a la playa, pero casi, ya que apenas saliendo a la Ruta Nacional 68 se encuentran unos enormes médanos que pueden ser visitados como atracción turística.

Se trata de la última parada de geoformas que pueden conocerse al recorrer la Quebrada de las Conchas, cuyo recorrido podés ver haciendo click aquí. Lo médanos se ven muy parcialmente desde la ruta, ya que están mayormente tapados por la vegetación, pero créanme, están ahí, y hay gente que los visita (y escala), como prueban estas huellas en la arena.

Es un conjunto de dunas realmente enorme, en medio del lugar menos pensado en medio de las montañas. Hoy en día no hay ningún mar cerca, pero hace millones de años aquí se formó un enorme lago que durante milenios concentró sedimentos. Al romperse el dique natural que las contenía, el agua fluyó y el viento amontonó la arena dando origen a estas formaciones.

Son unos 20 km2 de médanos con una altura más que considerable, tanto que escalarlos para llegar a la cima revestirá algún pequeño esfuerzo. Apenas se toma la RN 68 desde Cafayate un cartel marca el camino que se interna en el bosque y da acceso hasta este lugar. Está en bastantes mala condiciones, con lo cual habrá que avanzar con cuidado, e incluso quizá se deba dejar el auto en algún punto cercano a la ruta y seguir a pie, hasta dar con las dunas.

Un paisaje diferente y que sorprende por el lugar donde se encuentra. Y un buen descubrimiento para visitar cuando se pasa por Cafayate.