Archivo de la etiqueta: Berlin

El Palacio Cecilienhof: El lugar donde se decidió el futuro de Alemania.

Ubicada en el extremo norte del Neuer Garten (Nuevo Jardín) en la hermosa ciudad de Potsdam, una pintoresca construcción de estilo inglés se destaca por sobre el verde del enorme parque que la rodea. Se trata del Palacio Cecilienhof, mandado a construir en 1914 por el emperador alemán Guillermo II como residencia del príncipe heredero y su mujer, la princesa Cecilia de quien el edificio toma su nombre.

Sin embargo no es su status de residencia real lo que hace famoso a este palacio, sino que su ingreso a la historia radica en haber sido la sede de una de las reuniones más relevantes del siglo XX. Finalizada la Segunda Guerra Mundial en Europa, en mayo de 1945, las tres potencias aliadas debían reunirse para definir el futuro de la Alemania derrotada. Simbólicamente tenía mucha importancia que tal reunión tuviera lugar en la capital del Reich, pero luego de buscar por la devastada Berlín los soviéticos no pudieron encontrar un solo lugar apto para albergar el evento. Absolutamente toda la ciudad había quedado en ruinas.

Así es como se decidió mudar la reunión unos kilómetros hacia el sudoeste, a la mansión donde hasta hacía unas semanas antes aún residía la princesa Cecilia. Con sus coloridos jardines, Potsdam no había sufrido tanto las bombas aliadas durante el final de la guerra, y la ubicación del Cecilienhof rodeado de un amplio parque y a metros de un enorme lago, lo convertían en el lugar ideal incluso desde el punto de vista de la seguridad.

Hoy en día en la planta alta funciona un hotel, pero la planta baja está convertida en un museo de visita obligada para todo aquél interesado en la historia. Si bien todo está armado en torno a la Conferencia de Potsdam, en la recorrida por las salas por las que estuvieron los tres líderes aliados se entremezclan historias de la Segunda Guerra con detalles de la historia y vida de sus antiguos moradores: ni más ni menos que los herederos al trono alemán.

Entre ellas destaca la sala con ambientación de barco, ideada especialmente por Guillermo, quién era un fanático entusiasta de la navegación. Esa era la sala que utilizaba para el desayuno, y por la escalera subía directamente a sus aposentos privados.

Sin embargo, no hay duda de que la sala más importante de la muestra es la habitación en la que se desarrollaron las reuniones entre el 17 de julio y el 2 de agosto de 1945. La enorme mesa redonda con las banderas de Estados Unidos, Gran Bretaña y la Unión Soviética aparece imponente en el centro de la sala donde Truman, Churchill (reemplazado por Attlee en medio de la conferencia luego de haberle ganado las elecciones a su antecesor), y Stalin decidieron el futuro de Alemania y así, sentaron las bases para el del mundo en las décadas siguientes.

Cada mandatario ingresaba a la sala por una puerta diferente y tenía un despacho exclusivo contiguo a la misma, de forma que no era necesario que se cruzaran entre sí por los pasillos del palacio. Al haber liberado Berlín, y estando Potsdam dentro de lo que iba a convertirse en la zona de ocupación soviética, Stalin fue el encargado de ambientar la residencia y preparar la logística. Así, el Ejército Rojo se afanó para equipar el edificio con muebles acordes a los mandatarios, pero en pos de la propaganda comunista el dictador soviético decidió que su sala debía ser lo más austera posible, por lo que sus muebles debieron ser cambiados por otros más normales. Otra inequívoca señal de que fueron los soviéticos los encargados de la organización se ve claramente aún hoy en el jardín de entrada, con su enorme e inconfundible estrella roja de flores.

Los tickets para visitar el Palacio Cecilienhof pueden comprarse en el lugar mismo, y en mi opinión es muy conveniente adquirir también la audioguía que, disponible en varios idiomas incluyendo el español, les permitirá adentrarse tanto en los detalles de la Conferencia de Potsdam como así también en los de la vida de la familia real alemana. Quienes quieran tomar fotos deberán además comprar un permiso especial. Todos los detalles para llevar adelante esta visita los podrán encontrar en la web de los museos de Berlín (en español), o directamente en la página del palacio en sí, aunque ésta únicamente en alemán o inglés.

El Westin Grand Berlin Hotel: Alojamiento 5 estrellas.

A la hora de alojarnos en Berlín nos dimos un gusto y elegimos un 5 estrellas: el Westin Grand Berlin, un hotel muy bien ubicado, cercano a los principales puntos turísticos de la ciudad, como ser el Reichstag (el parlamento alemán) y la Puerta de Brandenburgo, lugares a los que se puede llegar fácilmente a pie.

Se trata realmente de un alojamiento de lujo, con un impresionante salón principal que incluye un par de pianos de cola y una imponente escalera alfombrada que lleva al primero piso. Cuando uno se aloja en este hotel es imposible no pensar en las películas y series que se filmaron en sus instalaciones, como ser La Supremacía Bourne, donde Matt Damon grabó una escena de persecución por esta misma escalera.

Dejando de lado el costado farandulesco del hotel, las habitaciones son amplias y dignas de la categoría de 5 estrellas. La cama es enorme y muy cómoda, ideal para descansar después de tanto recorrer la ciudad. Frente a ella el escritorio cuenta con toma corrientes disimulados bajo una tapa y cuenta con toda la conectividad necesaria para poder trabajar. Aunque, increíblemente para la categoría de alojamiento de la que estamos hablando, el wifi era bastante inestable, al punto de haberse cortado varias veces durante nuestra estadía.

La habitación cuenta también con caja fuerte, y la que nos tocó a nosotros tenía la particularidad de que el código ingresado no se marcaba en la pantalla antes de cerrarla, razón por la cual había que tener cuidado de tipear bien, en caso de error no nos daríamos cuenta y luego sería imposible abrirla de nuevo.

También hay frigobar que incluye bebidas frescas, aunque apenas uno mira los precios se da cuenta de que no es buena idea consumir de ahí. Al igual que con el servicio de lavandería, los precios son extremadamente caros, así que por supuesto será mucho más conveniente consumir fuera del hotel. Lo que sí se puede aprovechar es el café e infusiones, que junto al agua, son de cortesía. Solo habrá que darse maña con la cafetera alemana.

El baño es digno de un 5 estrellas también. Amplio, muy cómodo, y hasta equipado con radio y teléfono. La ducha es excelente, y detalles que hacen a la distinción del servicio son las batas y las pantuflas disponibles para el uso del huésped. La limpieza es excelente, por supuesto, aunque hay un detalle: los elementos de higiene personal (jabón, shampoo, etc) sólo se reponen una vez que se terminan.

Para quienes quieran comer en el hotel, el Relish Restaurante ofrece platos de comida francesa con influencia asiática, mientras que los que sólo quieran un trago podrán pasar por el bar del lobby. A la hora de relajarse, el spa, con pileta climatizada cubierta, sauna y sala de masajes está disponible, como así también el gimnasio.

Pero quizá el servicio más curioso sea el que se descubre al revisar los folletos sobre la mesita de luz. Así uno descubre algo que sino quizá pase desapercibido: El Westin Grand cuenta con un trozo original del Muro de Berlín, y por una suma de dinero uno puede llevarse un pedazo del mismo como recuerdo. Para eso, habrá que romperlo uno mismo con una masa, y el pedazo que se desprenda puede ser tuyo. El precio de tan particular souvernir lo dejo para que lo descubras vos mismo cuando te alojes aquí.

Los precios del alojamiento, por supuesto, son un tanto altos, pero la habitación más económica, en el orden de los EUR 140 por noche, no es tan inaccesible en el caso de que uno quiera darse un gusto. Y se la compara con otras ciudades, como el caso de Londres, y se compara el nivel de alojamiento y los servicios, se puede decir que incluso termina siendo económica.