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El Túnel de Santa Ana bajo el Río Escalda, en Amberes.

Como toda metrópoli, con el tiempo la ciudad de Amberes creció lo suficiente como para expandirse en ambas márgenes del río Escalda que la atraviesa. Así, ya desde el siglo XIX sus habitantes tuvieron la necesidad de cruzar de una costa a la otra y para no depender únicamente del servicio de ferry (del que hablamos en este otro post), se analizaron dos proyectos. El del puente finalmente no prosperó porque se habría convertido en un obstáculo para el tráfico fluvial que abundaba en el río. Por eso finalmente la ciudad decidió que el río se cruzaría bajo tierra.

Fue en 1931 que se definió la construcción del Túnel de Santa Ana, que a pesar de haber recibido los embates alemanes durante la Segunda Guerra Mundial (lo que obligó a mantenerlo cerrado hasta que se restaurara en 1949), los habitantes de Amberes lo siguen utilizando hoy en día para ir de un lado al otro del río.

Se trata de una estructura tubular (como claramente se puede ver en las fotos) que se extiende unos 572 metros de largo, a nada menos que  31 metros de profundidad debajo del lecho del río. Las paredes están recubiertas por azulejos y una única hilera de lámparas ubicada en el punto más alto del techo ilumina el recorrido de punta a punta. Probablemente alguien poco habituado pueda sentir nervios al pensar la cantidad de agua que corre por sobre su cabeza mientras avanza por el túnel, pero si tenemos en cuenta que el pasaje funciona desde la década del ’30 queda claro que la estructura es resistente.

Sin embargo, lo más interesante del túnel no es la estructura en sí, sino las vistosas escaleras mecánicas con las que el visitante accede a él. Construidas en madera, se dice que son las escaleras mecánicas más antiguas de Europa. Encaramarse a ellas será toda una experiencia, tanto por el aroma particular, como por el ruido de su funcionamiento, donde el constante y característico crujir de la madera se destaca por sobre el sonido del mecanismo.

En las paredes, una serie de fotografías encuadradas cuenta la historia del túnel, con imágenes en blanco y negro de lo que fue su construcción e inauguración. Es prácticamente un museo del túnel dentro del túnel mismo.

Claro que eso queda casi relegado para los turistas, porque los locales se ajetrean para cruzar el río, ocupados en sus responsabilidades cotidianas. Muchos de ellos lo hacen en bicicleta, y a gran velocidad, por lo que hay que andarse con precaución, dejando el centro del túnel libre para los ciclistas.

La otra forma de acceder al túnel (mucho más práctica para quien baje con una bicicleta a cuestas, pero mucho menos pintoresca) es a través de los enormes ascensores con capacidad para 3000 kgs y hasta 40 personas.

Desde el exterior reconocer el edificio de acceso es relativamente fácil cuando uno sabe lo que busca. Para llegar hasta allí, en la margen del centro histórico, habrá que dejar la Grote Markt por la calle Hoogstrat hacia el sur y recorrer unas 4 cuadras hasta la plaza de Sint-Jansvliet, donde se ubica el ingreso. Del otro lado del río, un edificio similar se encuentra en el Simons Park, obviamente a la altura del túnel que corta al río en línea recta.

El Túnel de Santa Ana se conserva tal como fue construido hace casi un siglo atrás. En su momento se trató de una obra monumental, y hoy en día sigue siendo un pasaje con tránsito constante, que funciona las 24 hs del día, los 365 días del año, y totalmente gratis. Imprescindible para los habitantes de la cuidad; imperdible para los visitantes.

Amberes desde la otra orilla del Escalda.

La última vez que visitamos Europa tuvimos la suerte de poder sumar a Amberes dentro del grupo de ciudades belgas que conocimos. Era un día feo: fresco, nublado y con ocasionales lloviznas intermitentes que por un momento nos hicieron dudar, pero afortunadamente decidimos seguir adelante con el excelente free walking tour, del que podés leer en este otro post, luego del cual decidimos cruzar el río Escalda para poder tener una vista panorámica de la ciudad desde la otra orilla.

Son dos las opciones que hay para llegar hasta la ribera opuesta, y la que más salta a la vista es, por supuesto, navegar hasta allí. Para ello habrá que acercarse hasta el muelle cuyo acceso está justo a un lado del Castillo Steen. Allí atraca cada media hora el barco Schelde (que es ni más ni menos que el nombre del río en nerlandés: Escalda), fácilmente identificable por sus colores blanco y amarillo.

El Schelde es un transporte público gratuito cuyo único propósito es conectar ambas orillas del río, trayecto que realiza en 15 minutos, por lo que opera en cada una de las costas cada media hora. Uno puede viajar en la cubierta disfrutando del paisaje, o bien (si hace frío como el día que fuimos nosotros) pasar al interior de la cabina  donde unas rústicas sillas de plástico sirven para tomar un descanso luego de la caminata por la ciudad.

Importante no confundirlo con el Dewaterbus, barco de colores azulados cuyos servicios se pagan. Se trata de un transporte público con un recorrido definido que los habitantes de Amberes acostumbran utilizar para moverse de un lugar a otro de la ciudad, como si fuera un colectivo, pero por agua. Un sistema que ya habíamos visto en Hamburgo (link al post), y que por supuesto resulta muy atractivo en las horas pico cuando el tráfico vehicular se atasca.

Y por supuesto no hay que confundirlo con los cargueros que también avanzan por el río.

En aquella orilla hay un parque al aire libre por el que se puede pasear siguiendo la ribera del Escalda y apreciando la ciudad desde una perspectiva distinta. Desde lejos es una buena forma de admirar la arquitectura de Amberes en general, donde sobresale identificable la cúpula de la iglesia Saint Andrew. Seguramente, si no hubiera estado cerrado (y vallado) por refacciones, también habríamos podido obtener una bonita vista del Castillo Steen.

Recorriendo el paseo el visitante se encuentra con un sector de juegos para niños, y hasta con un museo marítimo al aire libre, que se destaca por las enormes boyas, las anclas y otros elementos típicos en la navegación que se encuentran diseminados por el lugar.

El servicio del Schelde funciona hasta las 18 horas, por lo que si uno se extiende en el paseo más allá de ese horario deberá buscar otra opción para volver a cruzar el río. Claro que también uno podría optar por la otra alternativa tan solo por lo pintoresca y novedosa que es, tanto que merece su post exclusivo la semana que viene.