Cerrando el 2020 con jornada de spotting en Ezeiza.

Ni una sola vez había ido hasta un aeropuerto cámara en mano durante el año pasado. Bueno, sí, en realidad estoy mintiendo. Varias veces fui a la oficina con la cámara en la mochila, con la esperanza de cerrar la jornada laboral temprano y poder pasar un rato foteando aviones, pero lo intenso del nivel de trabajo, sumado a las pocas frecuencias que operaron en Ezeiza durante la pandemia, hicieron que únicamente llevara la cámara a pasear.

Ya todo parecía indicar que iba a cerrar el 2020 sin una sola jornada de spotting (los disparos desde el balcón de casa a los escasos aviones que operaron en El Palomar no califican como tal), cuando surgió la noticia de que Lufthansa Cargo desprogramaba el MD-11F de la ruta a Buenos Aires. Por supuesto, semejante evento ameritaba ir hasta Ezeiza en la madrugada del 31 de diciembre y tomarle unas últimas fotos al carguero de la McDonell Douglas, que podés ver entrando a este link.

Entre que aterrizó y volvió a despegar, fueron unas 2 horas de espera, durante las cuales, claro está, me quedé despuntando un poco el vicio. Y así salieron fotos de estos otros pájaros que coincidieron en tiempo y espacio con el carguero alemán.

Me puse en una posición que me dejaba al alcance de los que salían por ambas pistas, y estas son las fotos que salieron durante la espera.

El A320 de Avianca matrícula N764AV, aún guardando el tren de aterrizaje.

El Avianca ya nivelado, rumbo a su destino.

El LV-IVO de Jet Smart que apareció sorpresivamente por detrás.

El Embraer 190 LV-CET, aun con el livery de la extinta marca Austral.

Otro que despegó sorpresivamente por la pista corta: El Boeing 737 LV-FUB de Aerolíneas Argentinas

El LV-CAP de Aerolíneas despegando desde la RWY11 con el livery viejo de la compañía de bandera.

Con el logo de Latam Airlines en el piso, el A320 matrícula CC-BAK despegó hacia Santiago de Chile.

Otro pingüino más con los colores de Austral. El LV-CHR.

Finalmente, el MD-11F de Lufthansa apareció en el mapa de Flightradar, y lo seguí en su carreteo desde la Terminal de Cargas donde estaba estacionado hasta la cabecera 11, desde donde comenzó su última carrera de despegue en suelo argentino.

Y ahí sí, el mismo día que comenzó, también terminó mi año de spotting aeronáutico. Tan solo espero que el 2021, entre otro millón de cosas, nos deje volver a spottear como lo hacíamos antes.

El Hotel Pucará de La Rioja capital.

Durante nuestra estadía en la ciudad de La Rioja nos alojamos en el Hotel Pucará, un tranquilo establecimiento familiar más que recomendable.

Ubicado en pleno barrio, el Pucará tiene la ventaja de estar en un lugar tranquilo que permite el descanso, sin estar demasiado alejado del centro de la ciudad. Hasta la Plaza 25 de Mayo, centro neurálgico de la capital riojana, serán unas 10 cuadras caminando, o un par más en auto (por las calles de sentido único).

Para los que lleguen en auto el hotel cuenta con un pequeño garage donde, a pesar del reducido espacio, el dueño se las ingenia para acomodarte el auto con un sistema de vallet parking. Pero incluso, por la noche, quizá ni siquiera sea necesario que saques el auto, porque a pesar de no estar en el centro, en los alrededores hay muy buenos establecimientos gastronómicos, algunos de los cuales incluso te hacen descuento presentando la tarjeta del Pucará. Así que será cuestión de consultarle a los dueños sobre alguna recomendación para comer, quienes siempre están atentos a darte sugerencias.

El hotel es muy moderno, y se nota en su decoración y arquitectura. El mayor inconveniente que presenta es que para acceder a las habitaciones hay que subir una escalera, lo que lo hace incómodo a la hora de llevar y traer las valijas, pero una vez en la habitación nos encontramos con un lugar que, aunque no es amplio, está muy bien pensado y aprovechado.

 

Al ingresar teníamos un pequeño pasillo de acceso en el cual había un placard empotrado, dentro del que está la caja fuerte, que aunque es pequeña y no sirve para guardar una laptop, sí será de utilidad para dejar seguros los pequeños objetos de valor que no queramos llevar encima mientras paseamos por la ciudad.

 

La cama es grande y super cómoda. Fue realmente un placer descansar allí, con el aire acondicionado prendido, obviamente, porque con el calor riojano se vuelve un implemento indispensable. Además el hotel cuenta con un wifi que funciona muy bien y TV por cable. Para la comodidad de los visitantes, frente a la cama, empotrado en la pared hay una pequeña cava de vinos que podría llegar a utilizarse a modo de refrigerador para mantener frescas las bebidas, y el espacio de guardado está dado por un hueco en la pared, equipado además con un toma corriente donde cargábamos los celulares.

 

Haciendo gala de modernidad, las ventanas son largos rectángulos con un vidrio fijo que no se puede abrir, y que para lograr oscuridad e intimidad están equipados con cortinas blackout. El baño sí es amplio y muy cómodo, aunque al tener un pequeño escalón triangular para entrar y salir de la bañera habrá que tener precaución al hacerlo. La limpieza, tanto en la habitación como en las áreas comunes, es excelente. Durante nuestra estadía todo brilló, siempre.

 

El desayuno que ofrece el Pucará es muy completo también. Cuenta con facturas de grasa y medialunas, con manteca y mermeladas para untar. La bebida hay que pedirla y el personal del hotel te la trae a la mesa. En mi caso pedí café con leche, que viene acompañado con un vasito de soda y un jugo de naranja natural que estaba exquisito.

El Hotel Pucará nos resultó una excelente opción para nuestra breve estadía en La Rioja. Y la cordialidad de sus dueños es un plus extra que invita a volver. Para los interesados en este link encontrarán la página del hotel desde donde pueden averiguar y reservar. Espero que, cuando vayan, disfruten tanto su estadía como lo hice yo.