Archivo de la categoría: Viajes y Lugares

Un té en La Casa de Piedra de Colonia San Miguel, en Olavarría.

Salir a la ruta y recorrer las colonias alemanas del partido de Olavarría, como te contamos en el post que podés leer haciendo click aquí, puede dar hambre. Por eso, lo mejor es acercarse a Colonia San Miguel a la hora de la merienda, y buscar su famosa “Casa de Piedra”.

Así lo hicimos nosotros y con ayuda de Google Maps no fue difícil llegar al destino. Como su nombre lo indica, Casa de Piedra es una antigua construcción, de la época fundacional de la colonia, levantada literalmente con piedras. Su fisonomía le da un aspecto muy particular que hace pensar en lo acertados que estuvieron sus dueños al bautizar el lugar con aquél nombre.

Casa de Piedra es una casa de té de tradición netamente alemana, donde se puede degustar gastronomía de aquella zona del viejo continente. Según se indica, la especialidad del lugar es la torta rusa, pero nosotros no nos limitamos a probar esa únicamente, y nos inclinamos por un té acompañado por una buena variedad exquisitas tortas.

El interior del lugar es tan particular como su aspecto exterior. En la decoración destacan tanto las artesanías como las antigüedades, mezcladas de ese modo especial que quedan agradables a la vista y crean un lindo ambiente donde pasar un buen rato.

Casi obligadamente, mientras esperaba que llegara el té con las tortas pasé un rato caminando alrededor del salón admirando los detalles de la decoración.

Los carteles, no tienen desperdicio. Algunos de ellos merecieron su respectiva foto.

Más allá de la ironía, los precios son acordes a lo que te sirven. No porque no tengan grandes promociones donde comen 10 y paga 1 es un lugar caro. La calidad de los productos, muy buena. Un lugar de esos que hay que conocer, y donde hay que degustar cosas ricas porque no nos va a defraudar.

 

Como suele suceder en estas casas de té, la vajilla en la que te sirven es un capítulo aparte. En un rincón, una alacena era un buen resumen de lo que les digo.

En el exterior hay espacio también al aire libre, que de hecho cuando fuimos era donde estaba concentrada toda la gente. Se veía que habían estado almorzando algunas de las delicias que allí se sirven, seguramente algo de tradición alemana.

Casa de Piedra es un buen lugar donde hacer un alto en la excursión cuando estés por Colonia San Miguel. Para tenerlo en cuenta, cuando estés por los alrededores de Azul o de Olavarría.

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Visita a la Bodega San Pedro de Yacochuya en Cafayate, Salta.

Más que formar parte de la Ruta del Vino del Noroeste Argentino, la ciudad de Cafayate es el corazón de la misma. Gran cantidad de bodegas se concentran en esta localidad y sus alrededores. Justamente, saliendo de la misma hacia el lado de La Banda, y desviándose hacia la izquierda de la mítica RN 40 hacia La Banda de Arriba y El Molino, el camino sube hasta desembocar en una de las más destacadas bodegas de la región: San Pedro de Yacochuya.

Ubicada a 7 kilómetros de la ciudad, en lo alto de la cuesta, esta bodega es propiedad de la reconocida familia Echart, quienes vendieron todo lo que tenían (la famosa marca incluída, que ya no les pertenece) para dedicarse a elaborar vino en mucho menor cantidad, pero de la más alta calidad.

Los viñedos de Yacochuya están distribuidos por la zona, a más de 2000 m.s.n.m., siendo una de las bodegas más altas del mundo. En las plantaciones se cosechan diversos tipos de uva, como Malbec, Cabernet Sauvignon, Tannat y un clásico salteño, Torrontés. Dependiendo de su ubicación, el riego se hace por goteo, o bien por aproximación a los canales.

En el proceso de elaboración de vinos, como ya hemos visto también en otros posts, Yacochuya utiliza los tanques de acero inoxidable donde se fermenta la uva. Sin embargo algo que destacó con respecto a otras visitas que hicimos, fue la explicación de que cuando se requiere acelerar el proceso de fermentación, lo que se hace es tomar una parte de mosto  y mezclarla con levadura a fin de provocar que fermente. Luego eso se devuelve al tanque para que el proceso se extienda a todo su contenido.

Luego el ollejo de la uva se desprende y va a parar a una prensa que termina de sacar hasta el último vestigio de vino que queda. Ese producto tendrá por destino un nuevo tanque, o bien, si el enólogo así lo decide, se puede llegar a mezclar con otras uvas para generar un vino diferente. Para añejar sus vinos Yacochuya utiliza barricas de roble que se llenan hasta un máximo de cuatro veces. Pasado ese número se considera que la madera ya no tiene los taninos necesarios para nutrir al vino.

Igualmente, aquí se producen diferentes clases de vino, y los de más baja escala hasta pueden conseguirse en supermercados. En cambio los mejores sólo se distribuyen a través de vinerías, o incluso se exportan a mercados como el norteamericano o el brasileño. Entre los vinos de más nivel destaca el que lleva en la etiqueta la firma del famoso enólogo francés Michel Rolland que lo creó, y cuyo precio no es apto para un bolsillo común y corriente.

La degustación también es costosa, pero aunque no la hagas, si te llegaste hasta aquí (algo que personalmente recomiendo) no podés no llevarte alguno de estos vinos. Será cuestión de elegir el que mejor se adapte a tu presupuesto, y la cepa que más te guste.

Alojado en el Hotel Hilton Miami Airport: Ideal para spotters.

Si uno viaja a Miami y quiere alojarse en las cercanías del aeropuerto (no dentro de él donde también hay un hotel), son muchas las opciones de calidad con las que cuenta. Una de ellas es el Hilton Miami Aiport Hotel, ubicado literalmente en la Blue Lagoon: El hotel está emplazado en una especie de península en el lago que está justo frente al aeropuerto, con lo cual la vista de los aviones (algunos de ellos pasan prácticamente por arriba de tu cabeza) es genial. Si te vas a alojar aquí, y te gustan los pájaros de metal, no te olvides la cámara con el tele.

 

La ubicación del hotel en sí, alejado del resto del mundo, puede llegar a resultar un tanto incómoda porque se necesitará auto o contratar un Uber para trasladarse; pero esto es algo habitual en todo Miami en verdad. Sin embargo este punto en contra está más que compensado por la calidad del alojamiento y sus servicios (incluyendo el estacionamiento donde podés dejar el auto alquilado por un fee adicional).

Las habitaciones son enormes. Super amplias y cómodas, te pueden tocar con vista al lago, o al aeropuerto (adivinen cuál elegí yo). Están equipadas con TV y wifi (la internet funcionó excelente, aunque había que renovar el login de forma diaria) y tienen también frigobar bien completo, incluyendo distinto tipos de bebidas (con y sin alcohol) y snacks.

Eso sí, está prohibido usarlo para enfriar otra cosa. Si uno quiere traer algo de afuera y mantenerlo a temperatura el hotel da la opción de pedir un refrigerador adicional (claro que está sujeto a disponibilidad al momento del pedido).

Aunque por su ubicación podría esperarse que se trata de un hotel de paso, el Hilton Miami Airport está preparado para que tengas una estancia cómoda en caso de que te quedes varios días. Así, para organizarte, hay cantidad de cajones para guardado de ropa, y un armario dentro del cual se encuentran la tabla y la plancha (por si alguna camisa se te arrugó en el viaje). También está allí la caja fuerte, pero es algo incómoda,  ya que empotrada en la pared interior del armario tiene forma vertical y entonces resulta complicada para guardar la laptop, a la que hay que poner a su vez en vertical, cuidando que no se caiga ni golpee.

Cargar las baterías puede ser un tanto complicado ya que los toma corrientes están ubicados en la base de las lámparas del escritorio, cuyo forma de gota hace que un adaptador internacional grande no pueda conectarse. La solución fue llevar la lampara hasta el mismo borde del escritorio para que el adaptador tuviera espacio disponible hacia abajo, sin que el escritorio estorbara.

El baño, amplio también, es muy cómodo y cuenta con todos los amenities que corresponden, incluyendo por supuesto el jabón en pan tanto para la ducha como para el lavabo. La limpieza es, simplemente, excelente.

El bar y el comedor del hotel donde se sirve el desayuno están contiguos y son amplios, tienen una buena capacidad de gente. Allí también se puede almorzar o cenar, para lo cual recomiendo que se lleven un sweater o camperita porque, por más calor que haga afuera, allí el aire acondicionado funciona a full y el ambiente se pone helado.

El desayuno me gustó mucho. Es muy variado y no se cierra al típico desayuno americano que vemos en las películas con huevos revueltos, panceta y salchichas. También cuenta con panificados entre los que encontré unos sacramentos que me hicieron sentir como en casa. Pan para tostar (o no), frutas y yogurt son también de la partida.

Pero quizá lo más atractivo del hotel esté en el exterior. Separado del aeropuerto por el lago y la autopista detrás, el edificio está rodeado por un camino que muchos usan para salir a correr temprano a la mañana (aunque también hay gimnasio cerrado), y de mucho verde.

Un patio amplio tiene varias reposeras con vista al aeropuerto, y a un costado está la piscina y junto a ella, un bar al aire libre ideal para degustar una cerveza bien fría. Más allá, donde parece que el hotel termina, hay una puerta de acceso a un camino que se adentra en el lago. La cartelería indica que se puede observar fauna y flora autóctona, y a juzgar por las iguanas con las que me crucé, seguramente sea verdad. El camino finaliza en un mirador estratégicamente ubicado en el extremo de la península, el punto más adentrado en el agua, y casi en línea con una de las pistas del aeropuerto. En cuanto haya un despegue por allí, el avión pasará casi encima tuyo.

Atentos spotters de todas las edades: se pueden pasar horas y horas en este lugar.

En todo sentido, tanto por instalaciones, servicio y limpieza, el Hilton Miami Airport es una buena opción para alojarse. Si es con un teleobjetivo en la mano, mucho mejor!

El Museo Güemes: Historia argentina a plena experiencia sensorial.

Durante décadas la figura de Martín Miguel de Güemes quedó relegada en las crónicas de nuestra historia nacional, situación que se mantuvo hasta que en el año 2016, con la instauración del feriado que lo recuerda cada 17 de junio, el defensor de la frontera norte comenzó a tener el protagonismo histórico que le correspondía. Sin lugar a dudas, la mejor forma de acercarse a su figura, valores y obra, es visitar el Museo Güemes en la ciudad de Salta, un lugar que se destaca de cualquier otro por la forma didáctica en que aborda el tema, haciéndolo no sólo apto para grandes y chicos, sino también atrapante.

El museo se estableció en el edificio donde funcionó la Tesorería Real de la Intendencia de Salta del Tucumán, allá por fines del siglo XVIII, de la que el padre del prócer estuvo a cargo durante largo tiempo. Así es que Martín de Güemes vivió en este lugar con su familia, ya que era también la residencia del tesorero. El edificio, declarado Monumento Histórico Nacional en el año 1971, fue restaurado por el gobierno de Salta, quién además lo dotó de tecnología puesta al servicio de la cultura, logrando de esta forma un museo diferente.

Si el hecho de entrar a un recinto oscuro y que un cofre se ilumine y te cuente cómo era la vida de Martín durante su infancia es algo novedoso, el seguir el recorrido para encontrarte con los retratos de sus padres que cobran vida para darte la bienvenida y contarte algo más sobre la familia (incluso dialogando entre ellos) aparece como una idea genial. Y alrededor de este concepto gira todo el museo, donde habrá que acercarse a los puntos amarillos pintados en el suelo para que algo en la sala despierte y te acerque un poco más a la historia de este salteño ilustre.

Videos presentados de forma ingeniosa, maquetas en tamaño real que cobran vida para representar una determinada escena, o cuadros que de repente comienzan a tener movimiento para transformarse en una película corta que te convierte en expectador directo de un hecho histórico son una constante en el Museo Güemes.

Logrando entrelazar de forma perfecta la tecnología multimedia y los hechos históricos, el video donde se cuenta la emboscada en la que Miguel de Güemes fue herido de muerte se proyecta en el mismísimo lugar donde estaba la puerta por la que el prócer salió de la casa justo antes de ser atacado.

Por supuesto que el museo tiene su lugar también para los “gauchos” de Güemes y da detalles sobre cómo se desarrollaba la “Guerra Gaucha”, fundamental para la independencia argentina al posibilitar primero la reunión del Congreso de Tucumán que finalmente declararía nuestra independencia de España el 9 de julio de 1816, como al defender férreamente luego la frontera norte del territorio nacional, logrando que San Martín se pudiera despreocupar de la integridad del mismo para enfocarse en la campaña del cruce de los Andes y así libertar a Chile primero y a Perú después, arrasando con ello la presencia realista que significaba un peligro para el gobierno patrio de Buenos Aires.

La única desventaja que presenta la temática del museo es que el grupo deberá mantenerse unido todo el tiempo, a fin de accionar los sistemas multimedia de a uno y que los audios no se superpongan  para que la recorrida se entienda, lo que implica que habrá que llevar un ritmo común y probablemente no se pueda leer toda la información que hay disponible en la cartelería. Aún así, esto no empaña la idea ni el sistema, que es sencillamente genial. Un museo diferente, que atrapa y crea interés por la historia, incluso en los más chicos, tan sólo con cambiar y modernizar la forma en que se la cuenta.

¡Un aplauso para el Museo Güemes! ¡Bien hecho!

Y cuando ustedes estén de visita por la ciudad de Salta, ni se les ocurra perdérselo. Toda la información que necesiten para visitarlo lo encontrarán en la web oficial, haciendo click aquí.

Una parada en Vapiano CDMX para almorzar pastas.

Estábamos recién llegados a la capital mexicana y luego de caminar un poco el barrio empezó a darnos hambre: era la hora del almuerzo. Así dimos con un local de Vapiano, una cadena con la que no contamos en Argentina y que justamente por eso, sumado a su sistema novedoso y comida de buena calidad, mereció este post gastronómico.

En mis viajes las pastas con un clásico, y Vapiano me presentaba la oportunidad de degustarlas por primera vez en CDMX, pero en algún punto el tema se complicó. Al ingresar te entregan una tarjeta, en la cual uno irá cargando sus consumos para luego pagar al final. Pero cuando nos acercamos a los mostradores no quedaba claro por dónde empezar.

Los menúes están en el mostrador, allí donde se debe pedir ya sea la pasta, la pizza o el antipasto (palabra curiosa que siempre me causó gracia) que uno quiera comer, pero sólo muestran las opciones de pizza y salsas. El tipo de pasta está indicado en los carteles sobre el mostrador así que para terminar el pedido hay que alzar la vista y mirar la pared. Hecha la elección de lo que uno quiere comer, listo: ahí mismo y frente a tus propias narices las chicas se ponen a cocinar tu plato.

Atrás de la cocinera, en las estanterías se ve el secreto: cada una de los tipos de pasta está porcionada en paquetitos ya preparados y cuando uno los pide es cuestión de calentarlos en la sartén, agregarles la salsa elegida y sentarse a comer.

Increíblemente para algo tan simple y “pre-preparado”, los fideos sabían muy bien. Y lo más importante, estaban al dente, como a mi me gustan. El postre no se quedaba atrás tampoco.

Y el café viene con carita feliz!!!

Ya con la panza llena es momento de levantarse y acercarse a la salida, donde se encuentran las cajas, como si se tratara de un supermercado donde pagás justo antes de irte. Allí se entrega la tarjeta al cajero que hace un resumen de lo que comiste y procede a cobrarte.

Pero se ve que el sistema no es infalible, como cuando fuimos nosotros que en el listado figuraba una limonada que no habíamos consumido. Simplemente hubo que avisarle al cajero que ese ítem no correspondía y enseguida lo borró, sin consultar nada más. Otra cultura y otro nivel de servicio al cliente, basado claramente en la certeza de que si alguien se queja por algo no lo hace para pasarse de vivo y pagar de menos.

Buena comida, atención bastante rápida y muy buena. Vapiano es una excelente opción para comer en CDMX cuando tengas ganas de pastas o pizza, sin demasiada sofisticación. Ojalá algún día podamos probar este concepto en Buenos Aires también porque es una excelente alternativa a las hamburguesas.