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Cititour Querétaro, Parada I: El histórico Cerro de las Campanas.

A unos 240 kilómetros al noroeste de la capital mexicana, la ciudad de Santiago de Querétaro es un importante polo industrial plagado de historia que además atrae muchísimo turismo. Cuando uno la visita es casi obligatorio realizar el cititour para conocerla un poco más profundamente, y en nuestro caso lo contratamos en el mismo hotel donde nos alojábamos, con un excelente resultado. La excursión, a cargo del extraordinario guía Luis Molina no tiene desperdicio alguno y consta de tres paradas.

Hacia el oeste de la ciudad se encuentra el Cerro de las Campanas, primera parada del paseo que como su nombre lo indica se trata de una pequeña colina en la que pasaron grandes cosas. Prolijamente parquizado, a la cumbre del cerro se accede a través de una serie de escalinatas que hacen el ascenso un poco más fácil. La denominación del lugar proviene de las piedras diseminadas por el parque, que tienen la particularidad de emitir sonidos metálicos similares al de una campana, al ser golpeadas con otras rocas. Escucharlo es realmente sorprendente.

Cuando uno camina por los senderos del parque poco puede imaginarse de los hechos que se dieron en aquél lugar hace siglos atrás. Por suerte allí está con nosotros Luis para contarnos con detalle cómo es que Querétaro concentra una parte importante de historia mexicana y cómo el cerro en sí es el epicentro de tal concentración. Y es que en ese momento estamos pisando el punto exacto donde cae definitivamente el absolutismo en México y nace la Segunda República, hechos históricos que marcaron al país entero.

Acorralado por las fuerzas comandadas por el general Mariano Escobedo (cuya estatua ecuestre se levanta frente a la entrada del parque), y luego de perder el apoyo militar de Napoleón que de repente se vio envuelto en una guerra europea, el Emperador Maximiliano de Absburgo se rindió en este mismo cerro luego de haber soportado el intenso sitio a la ciudad que habían impuesto las tropas republicanas. Tanto él como sus generales Miguel Miramón y Tomás Mejía fueron puestos prisioneros y juzgados en el Teatro de la República, donde fueron condenados a muerte por fusilamiento.

La sentencia se concretó el 19 de junio de 1867, también en el Cerro de las Campanas, más puntualmente en donde hoy en día se levanta una capilla. En aquella época había allí un paredón de fusilamiento donde estas tres figuras históricas fueron ejecutadas por un pelotón de 18 soldados, y el punto exacto donde estuvo parado cada uno de los sentenciados al momento de morir fue marcado con una cruz, que luego fue remplazada por una pequeña columna rectangular. Es por eso que antiguamente el lugar era conocido como “El Cerro de las Tres Cruces”.

Una vez restablecidas las relaciones con Austria luego del conflicto bélico, el país europeo pidió permiso para construir la capilla que hoy en día se levanta allí en honor a Maximiliano. Al fondo, en el retablo, se puede apreciar una réplica de “La Piedad”, donde según se dice, la figura de Jesús ha sido reemplazada por la del emperador ejecutado, estando aquí esta obra de arte por donación de su madre, la Archiduquesa Sofía. Por otro lado la cruz en lo alto es la misma que tenía la fragata en la que Maximiliano y su esposa llegaron a tierras mexicanas, que sería luego el mismo navío que transportaría su cuerpo ya sin vida de vuelta a Europa.

Cien años después del fusilamiento el Cerro de las Campanas fue coronado con una gigantesca estatua del presidente Benito Juarez, gran ganador de la gesta acaecida en el siglo anterior. Como para que no queden dudas de quién fue el vencedor, la mole de piedra está varios metros por encima de la capilla en honor a Maximiliano.  Si uno logra quitarle la vista de encima podrá tener una hermosa panorámica de la ciudad de Querétaro desde la cima del cerro.

Aquí se encuentra también el Museo del Cerro de las Campanas, antiguamente llamado “Museo de la Magia del Pasado”, pero como nosotros fuimos un lunes (único día de la semana que permanece cerrado) no pudimos visitarlo. Sin embargo, la temática del museo es básicamente la historia, y a juzgar por el tenor de los acontecimientos que tuvieron lugar en esta colina, supongo que bien vale la pena visitarlo.

Como bien vale la pena el esfuerzo de subir las escalinatas para descubrir este hermoso lugar. Sin dudas, uno de los imperdibles de Santiago de Querétaro.

El Hombre Controlador del Universo

Últimamente vengo hablando mucho de murales, ya sea por la visita al barrio Wynwood Walls de Miami que es una especie de museo a cielo abierto, o por la imponente obra pintada en una de las paredes de la Freedom Tower, en la misma ciudad norteamericana. No podía seguir dejando de lado entonces el post que había prometido cuando hablé sobre el Museo de Bellas Artes de México.

En lo que a mi personalmente respecta, El Hombre controlador del Universo de Diego Rivera es el mural más impactante que haya visto. El tamaño (cubre toda una pared del museo), su segmentación (con el significado de cada parte) como su historia en sí misma lo convierten en una obra realmente extraordinaria.

Para entender el por qué la historia de este mural es tan singular hay que saber que si bien fue pintado en el Museo de Bellas Artes de CDMX a encargo de esta institución, no fue allí donde todo comenzó, sino que debemos remontarnos a la ciudad de New York, en Estados Unidos, y más precisamente al Rockefeller Center. Man at the Crossroads fue una obra encargada por la famila Rockefeller, una de las más ricas del mundo, a la que no le gustó nada que Rivera incluyera en la obra la figura del líder comunista Vladimir Lenin. Así las cosas, con los patrones pidiendo al artista que lo eliminara de la pintura, y Rivera negándose a hacerlo, el encargo no prosperó, y los vestigios de aquél mural fueron destruidos. Sin embargo, a partir de los registros fotográficos Rivera pudo retomar el trabajo en México, y concluirlo en 1934.

Obviamente, Lenin perduró sobre la pared (faltaba menos después de armar semejante quilombo):

Lejos estoy yo, ignorante absoluto en cuanto a arte se refiere, de poder hacer un análisis de la obra de Rivera, por lo que sólo me quiero remitir a destacar lo que todo ojo humano advierte sobre esta pared, y a mis propias impresiones.

Este mural, en sí, es algo que impresiona, porque si uno lo observa detenidamente descubrirá que no hay una única temática, sino que por el contrario la obra está claramente fragmentada, como si perfectamente pudieran ser varias, pero a la vez estas partes tienen sentido al unirse y convertirse en una pieza única. Claro que para terminar de comprender tuve que investigar un poco cuál era el significado de la obra, pero aún así, no hace falta mucha imaginación para entender que las partes están unidas entre sí a través del hombre, que está en el centro de la obra.

 Ya dijimos anteriormente que Lenin quedó incluido en la obra final, pero no es él el único representante del comunismo, sino que hacia la derecha del hombre central (mirándolo uno de frente), otros personajes sostienen una explícita bandera roja, además de una declaración que reza “La liberación de los trabajadores solo será obra de los trabajadores mismos“. En realidad, no había muchas chances de que a los Rockefeller les fuera a gustar esta obra, verdad?

Hacia el otro extremo del mural, hay dos partes que me llaman poderosamente la atención. Una de ellas está plenamente ligada a esta declaración de principios, aunque es totalmente antagónica: el mensaje de protesta social de Rivera es clarísimo cuando uno hace foco en esta pequeña área que retrata a la policía reprimiendo una manifestación popular.

El extremo izquierdo superior de la obra es, simplemente, espeluznante, y me mantuvo varios minutos en muda contemplación. La imagen es fuerte y muestra aviones y tropas de infantería, avanzando hacia el combate, provistas de máscaras de gas en clara alusión a la Primera Guerra Mundial (1914-1918), tan cercana en la memoria colectiva de la humanidad en el momento en que Rivera pintó el mural, y en la cual se comenzaron a utilizar estas armas letales.

Más abajo, se ve la imagen de una pantalla con lo que parece ser una radiografía, como queriendo representar el avance de la ciencia médica, como queriendo contrarrestar en algún punto tantas pálidas incluidas en una misma pintura. Luego, investigando un poco, descubriría que el que está retratado allí al lado es nada más y nada menos que el mismísimo Charles Darwin.

Hay mucho más análisis para hacer, pero por supuesto son detalles que al menos yo sólo pude percibir y entender tras leer sobre el tema. Sin embargo, estos puntos remarcados en este post llaman la atención al instante de ver la obra, sin saber absolutamente nada de la misma ni de su autor, y dan cuenta que estamos ante una genialidad. Es increíble descubrir y percatarse de que todo ese caos tiene sentido, y de que todo lo que allí se representa está creado, motivado y controlado por el propio ser humano.

Es como un resumen detallado de la humanidad, su historia y sus consecuencias, tanto nefastas como esperanzadoras. Y una advertencia que nos insta a obrar mejor, para lograr un futuro mejor.

Un hotel diferente: El Hyatt House Airport Miami

A apenas 15 minutos del Aeropuerto Internacional de Miami, y con un servicio de shuttle propio que te traslada tanto de ida como de vuelta, el Hyatt House Airport Miami es una excelente opción para albergarse en la zona. Obviamente, por su cercanía a la estación aérea se trata de un hotel habitual para las tripulaciones de diferentes aerolíneas.

Según me comentaron, parece ser que la idea original era construir departamentos para su venta, pero luego por algún motivo se cambió el plan y el complejo pasó a ser un hotel. Esto explicaría su particular diagrama en U, con las habitaciones dispuestas alrededor del parque central donde se encuentra la piscina.

Adoptando el concepto de “apart hotel” los cuartos son enormes. Más que habitaciones se trata de verdaderos departamentos, a los que ni siquiera me animo a tildar de pequeños, ya que por ejemplo, cuentan con dos cuartos dispuestos alrededor de un amplio living comedor. Sinceramente, es la primera vez que me encuentro con un hotel con dos cuartos por habitación (aunque suene a redundancia).

La cocina está completamente equipada, preparada para que uno compre las provisiones y se cocine algo como si estuviera en casa (o incluso mejor que en casa). Hay cocina eléctrica, microondas, y una heladera más que importante que te permitirá pasar una estadía completa sin problemas. Dentro de los muebles encontrarás la vajilla que necesites.

Del baño en principio podemos decir que no desentona en cuanto a la amplitud, y de hecho está divido en dos áreas. En suite (y cada uno de los dos cuartos tiene el suyo propio) en el “antebaño” se ubica el lavabo y justo detrás de él un enorme placard vidriado, por lo que este espacio bien funciona como guardarropa. El resto del baño se encuentra cruzando una segunda puerta.

Si hablamos del baño obligadamente tenemos que tocar el tema de la limpieza, y aquí no tengo nada que decir. Es excelente en todo momento y en todos los rincones del hotel. En cuanto a seguridad, dentro de un pequeño rincón al que se accede por una puerta que da al living, se encuentra la caja fuerte, apta para guardar la laptop.

Eso sí, si bien es enorme y los sillones del living son realmente confortables, la habitación en sí resulta incómoda a la hora de trabajar. Es una observación un tanto obvia ya que no hay ningún escritorio, por lo que el único lugar para sentarse con la computadora será la mesada de la cocina, donde no hay un toma corriente cerca por lo que habrá que atravesarla con el cable de la fuente hasta el espacio donde están los electrodomésticos. Claramente, el alojamiento fue pensado para vacacionantes y no para viajeros por trabajo. A pesar de esto el wifi funciona muy bien.

Como otro punto en contra podría nombrarse también a su ubicación. Si bien la ponderamos en un principio por su cercanía al aeropuerto, eso implica también que está alejado del resto de la ciudad, así que habrá que considerar cuáles son los planes y objetivos del viaje antes de seleccionar el lugar dónde dormir. A sabiendas de esto, el hotel cuenta con un mini shop donde podés comprar bebidas, golosinas y algunas provisiones básicas.

El desayuno se sirve en un enorme salón que, a pesar de su tamaño en la hora pico puede llegar a llenarse y volverse un poco incómodo. Se pueden seleccionar bebidas calientes, jugos y por supuesto el típico desayuno americano, aunque las opciones pueden variar de día en día. Puede ser que un día tengas huevos revueltos y al siguiente, duros. También pueden alternarse los panqueques y los fiambres. Si bien está bueno para darle variedad, no te puedo asegurar qué te va a tocar el día que te alojes allí. Si en cambio buscas un desayuno más argento estás medio complicado porque los panificados son casi inexistentes: apenas unas rodajas de pan para tostar. Una ventana de la cocina da al salón y por ahí se despachan los platos calientes, así que así te asegurás que no vas a comer nada frío.

Y la consulta que a todos los argentinos nos interesa (o nos interesaba cuando el dolar estaba accesible): Sí, reciben paquetes, por lo que si comprás algo por internet perfectamente podés enviártelo al hotel y retirarlo por recepción. El costo del servicio de guarda es de USD 10 por paquete.

Una nueva opción para alojarse en la ciudad de Miami. Y me voy con una nota para los spotters: No, si bien está muy cerca del aeropuerto, no tiene una vista privilegiada de los aviones en ascenso o final corta. Si eso no es un problema, adelante, plenamente recomendable.

Freedom Tower: La Torre de la libertad (cubana) en Miami.

Ubicada en pleno centro de la ciudad de Miami, frente al American Airlines Arena de los Miami Heats y a pocos metros del centro comercial y turístico Bayside, le elegante Freedom Tower se levanta solemne con su antigua y vistosa arquitectura de comienzos del siglo pasado, haciéndole frente a los altos y vidriados rascacielos que tiene alrededor. Se trata de un lugar icónico en la historia de Miami, y en particular, de la migración cubana hacia Estados Unidos a la llegada del régimen comunista de Fidel Castro en la isla caribeña.

Construida en el año 1925 como sede del periódico The Miami News la cariñosamente llamada “Torre de la Libertad” pasó por varios estadíos antes de convertirse hoy en día en el hogar de Museo de Artes y Diseño (MDC Museum of Art and Design), el más importante de los cuales le valió ser incluida en el Registro Nacional de Lugares Históricos.

Cuando Fidel Castro toma el poder en la vecina Cuba en el año 1959 coronando el triunfo de la Revolución Cubana e instaurando el régimen comunista que prácticamente llegó hasta nuestros días, gran cantidad de cubanos se vieron obligados a huir del país y encontrar otras alternativas de vida. Una gran parte de aquél éxodo, si no todo, fue a parar a Estados Unidos, ingresando a través de Miami luego de cruzar el mar. Entre los años 1962 y 1974 el gobierno americano tomó este edificio para convertirlo en el centro de refugiados donde se les dio el primer hospedaje y asistencia a los exiliados.

Así queda patente y palpable en la muestra The Cuban Exile Experience que da testimonios principalmente gráficos de lo que ocurrió durante aquellos años, en aquél mismo lugar. Al momento de mi visita, también podía verse la íntima relación del edificio con la comunidad cubana norteamericana a través de la muestra Cuban Streams: 1855 – 1965, una interesante muestra de fotografías proyectadas que retratan la cultura cubana durante más de 100 años, incluyendo daguerreotipos, convirtiéndola en una exposición fascinante no sólo para cubanos y entusiastas de la historia, sino también para los amantes de la fotografía.

Cuando visité la torre tuve la “suerte” de que no  hubiera ninguna exposición de arte en ella, por lo que pude apreciar sus salones vacíos, llenos de columnas que sostienen los arcos del techo, y todo el esplendor de su arquitectura. Pero además, en una de las paredes, resaltaba solitario el imponente mural del “Nuevo Mundo”, recreación de un tapiz de los años ’20 que fue recreado en 1987 durante las obras de restauración del edificio.

El mural muestra la imagen de Ponce de León y el jefe Tequesta frente a un mapa del nuevo mundo. Ambas figuras están flanqueadas por una cantidad de símbolos de conquista, poder militar, mito y aventura.

Otro punto alto de la Freedom Tower (y no hablo en sí de la altura del edificio) puede encontrarse en Kislak Center que alberga justo en la punta contraria al mural. En un ambiente separado y vidriado para mantener las condiciones de humedad y temperatura, la colección que allí se exhibe incluye manuscritos, libros, mapas y artefactos de las épocas más remotas, testimonios aún vivos de lo que fue la llegada de los españoles a América y la vida de las culturas precolombinas de nuestro continente en aquellos agitados días. Los documentos de puño y letra del conquistador Pizzarro son ejemplo de lo que digo:

La Torre de la Libertad, bautizada así por los exiliados cubanos que encontraron en ese edificio el apoyo que necesitaban para rehacer sus vidas, es una mezcla perfecta de historia y cultura, enclavada en el medio de la ciudad que quizá, (al menos para los argentinos) podría considerarse como la capital por excelencia del consumismo. Porque, sépanlo, Miami no es solamente shopping, bien vale la pena una visita.

Wynwood Walls: De zona de depósitos a galería de arte a cielo abierto.

A través de la historia y las diferentes geografías el ser humano siempre encontró la forma de expresarse a través del arte. Y es bien sabido que hay diferentes clases de arte. Uno de los lugares donde esto se hace patente y palpable es el barrio industrial de Wynwood, en la ciudad de Miami. Allí donde las calles estaban plagadas de depósitos hoy en día puede visitarse una de las “galerías de arte a cielo abierto” más importantes del mundo.

El distrito de Wynwood Walls nació en la mente de Tony Goldman, un empresario de bienes raíces dedicado a renovar y diseñar lugares, que allá por 2009 entendió que aquellas enormes paredes sin ventanas que se distribuían en esa zona de la ciudad eran el elemento ideal que haría posible la creación de una muestra de arte callejero sin precedentes. Básicamente, la idea era utilizar todos esos metros cuadrados de ladrillos como lienzos de pinturas.

La iniciativa convocó no sólo a artistas estadounidenses, sino que participaron personas de todas partes del mundo. Desde los vecinos de México hasta los lejanos Japón y Singapur, pasando por Brasil como representante sudamericano, las contribuciones para lograr que Wynwood Walls fuera lo que hoy puede verse llegaron de todo el globo.

Y lo que se logró es realmente destacable y le da definitivamente otro aspecto a la zona. Mientras uno camina por aquellas calles llenas de colores y expresiones es difícil imaginarse cómo sería el vecindario sin los graffitis que hoy lo decoran por todos lados.

Al 2500 de la NW Avenue se encuentra el epicentro de la muestra: un predio cerrado donde pueden verse varias obras concentradas en un mismo lugar, y donde hay salones con muestras de diferentes artistas, ya más allá del arte del graffiti.

Para el momento de mi visita, el espacio interior estaba reservado a Peter Tunney, un artista norteamericano autor de curiosos cuadros como el WTF, que por su vinculación con el medio aeronáutico mereció tener su foto en el blog.

Y claro, sobre los méritos de esta lámpara no tengo nada que explicarles…

Si no me la traje a Buenos Aires fue porque se me ocurrió que, a la hora de la limpieza, se me iba a complicar un poquitito…

Y allí nomás, en el parque, algo que no terminé de entender qué hace ahí ni qué representa, pero que por supuesto no podía dejar de fotografiar: un avión (o lo que queda de su estructura) y un felino encima suyo.

El distrito cuenta hoy en día con unas 70 galerías de arte en total, y como el público tiene que alimentarse hay buenas y diferentes opciones para comer y tomar algo; desde restaurantes italianos bien puestos hasta los food trucks de la feria.

Por supuesto, es lugar ideal para las selfies y las fotos pensadas. Es sólo cuestión de ser ocurrente y encontrar un hueco o momento sin gente para retratar lo que uno tiene en la mente, y por qué no, por un momento, y de alguna forma, interactuar con la obra y pasar a formar parte de ella.

Llegar a Wynwood Walls no es complicado. A unas 20 cuadras del centro de Miami lo más recomendable será optar por un Uber o taxi, aunque también se puede ir en transporte público ya que hay un colectivo que pasa por el vecindario. Si bien no es necesariamente peligroso,  hay que tener en cuenta que los alrededores de la zona turística de Wynwood Walls pueden no tener el mejor aspecto. La recomendación cuando fui fue evitar ir a pie, porque mejor prevenir que curar.

Así pasamos por este pintoresco vecindario de Miami. Un lindo lugar para recorrer un par de horas, parar a almorzar o a tomar algo, y luego seguir viaje hacia otro punto de la ciudad. Pero de eso hablaremos en un próximo post.