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El Museo de los Instrumentos Musicales de Bruselas

Cuando uno visita Bruselas, en el 2 de la Rue Montagne de la Cour inevitablemente un edificio le llamará la atención por su característica fachada totalmente vidriada y con estructura de hierro forjado. Se trata del Old England, una construcción Art Nouveau levantada en el año 1899 y que hoy en día alberga a uno de los imperdibles de la ciudad: el Museo de Instrumentos Musicales.

El MIM de Bruselas cuenta con 4 pisos en los que se distribuye la exposición que incluye 1121 instrumentos musicales, aunque esto es una solo una pequeña parte de la colección, de la cual forman parte unas 9000 piezas. Para recorrerlo uno podrá tomar el antiguo y pequeño ascensor (si tiene paciencia y tiempo para esperar en una larga cola para subirse a él), o bien como hicimos nosotros, subir por las escaleras a su alrededor. Cada piso tiene su temática particular.

La muestra será un viaje por distintas épocas y lugares. Hay desde instrumentos de la Edad Media hasta los más modernos sintetizadores y bajos eléctricos. Incluso una serie de campanas, de diferentes tamaños y con sonidos distintos. En cuanto a la zonas geográficas se pueden ver obviamente instrumentos de origen europeo, pero también de otros lugares del mundo como África, Oriente y América. El más llamativo, sin lugar a dudas, es el candelabro de serpientes.

Especial mención merece por supuesto la parte de la muestra dedicada a los teclados. Por su extensión y cantidad de elementos, se nota que en el MIM le dan importancia a estos instrumentos, y no es para menos, porque lo que se ve allí es realmente asombroso.

Quizá sea por que los teclados son un instrumento considerado de invención europea, o quizá por la importancia que tuvieron en las iglesias y cortes cuando se originaron, y desde donde se esparcieron hacia el resto de la sociedad. O quizá ocupen tanto lugar en la exposición simplemente por sus tamaños, al respecto de lo cual la muestra se encarga de destacar el esfuerzo constante a través de los años para hacerlos más y más chicos y portables. Como así también la manía de agregarle un teclado a todo instrumento que anduviera dando vueltas.

Pero sin lugar a dudas, lo que más resalta en el MIM es el arte asociado a estos fascinantes instrumentos de teclas. Sus formas increíbles y llamativas, y por supuesto las asombrosas pinturas que se les agregaban aprovechando la amplia superficie de los pianos de cola y clavicordios. Muchos de ellos son verdaderas obras de arte que bien merecerían estar encuadradas y colgadas en algún museo de arte.

Claro que el museo, como dijimos, no es solo teclas. También hay cuerdas, entre las que destacan la familia de violines.

Vientos de todos los tamaños.

Y también percusión, en este caso proveniente de otras culturas, generando un contraste importante que le da dinamismo a la exposición.

No los nombran para nada, pero en una zona del museo es imposible no recordar a los Beatles en su época más psicodélica y experimental… Casi que cierro los ojos y lo estoy viendo a George Harrison sentado allí!

Una buena idea para recorrer el MIM será pagar el servicio de audioguía, que por solo EUR 2 nos permitirá conocer cómo suena en realidad cada uno de los instrumentos que estamos observando. La entrada general cuesta (al momento de esta publicación) EUR 10, y tanto los mayores de 65 años como los estudiantes de arte tienen descuento. Dos puntos destacables del MIM en cuanto a sus precios: los menores de 18 años entran gratis, y los desempleados pagan solamente EUR 4.

Si te da hambre durante la visita, en la terraza hay un restaurante desde el cual se obtienen unas buenas vistas panorámicas de la ciudad. Y por supuesto también hay un gift shop para que puedas llevarte a casa un recuerdo de la visita a este edificio por el que pasan aproximadamente unas 125.000 personas cada año.

Si disfrutas de la música, definitivamente es una visita más que recomendable cuando vayas a Bruselas.

Poechenellekelder Bar: El sótano de las marionetas, en Bruselas.

En pleno centro de Bruselas y estratégicamente ubicado frente al famoso Manneken Pis, el Poechenenellekelder es tan impronunciable como recomendable a la hora de probar una buena cerveza belga.

Ubicarlo puede volverse un tanto complicado porque su fachada está dispuesta de costado y no mirando hacia el frente de la calle, justo en un lugar donde los turistas abundan y se amontonan para fotografiar al nene más famoso de Bélgica. Sin embargo la gran cantidad de mesas que tiene en la vereda le dará la pista al transeúnte de que allí algo hay. Y una vez que lo notes, no dudes en entrar, ya que se trata de uno de los bares más emblemáticos de una ciudad que se caracteriza por sus buenas cervezas.

El Poechenellekelder debe su nombre al destino original del local, que funcionaba como teatro de marionetas. Su nombre en nerlandés significa “sótano de marionetas” y la decoración le hace honor ya que está repleto de muñecos en las paredes, techos, e incluso algunos (de tamaño humano) están sentados a las mesas, como el policía que compartió la nuestra durante la cena.

El decorado lo completan réplicas del Manneken Pis en diferentes versiones, ropajes y tamaños; como es lógico por su ubicación. También hay cosas colgando del techo, como los cajones de cerveza dispuestos patas arriba y cuyas botellas por supuesto no obedecen a la ley de gravedad.

Pero no es por la ambientación que este bar céntrico de Bruselas es tan recomendable (o al menos no solamente por eso). A pesar de tener precios un poco más altos que la media, la amplia carta de cervezas de todos los estilos, cada una servida en su respectiva copa, bien hace que la visita valga la pena. Hay de todas las clases y por supuesto cuentan con gran variedad de cervezas trapenses, incluyendo una que no es belga y que, a modo de chiste, la camarera nos recomendó no elegir.

Para comer el Poechenellekelder es realmente una gran opción. La cocina está abierta hasta tarde (nosotros fuimos a las 23 horas, cuando ya el resto de los locales de la zona casi no servían comida) y nos pedimos una “tabla para marchar” y un plato de queso y salame para completar, pero que no habría sido necesario. La tabla incluye queso brie y una especie de salame con pimienta que estaba increíble. Todo con su respectivo cuchillo, ya que no es lo mismo cortar un queso blando que un salame. Y algo bien francés: pan con manteca para untar. Sin palabras, de sólo mirar la foto se me hace agua la boca…

Además de esta exquisitez, que por mi parte es EL recomendado para todo el que ande por la zona, también se pueden elegir sandwiches, snacks y hasta pastas. Todo en un excelente ambiente, donde los camareros son super amables y están atentos también para darte sus sugerencias.

Una excelente opción en Bruselas. Como está tan cerca del Manneken Pis, que es siempre un gentío, mi sugerencia es ir al Poechenellekelder por la noche, donde podremos encontrar algo más tranquila la calle. Créanme, no se van a arrepentir.