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Excursión a la Reserva Provincial Laguna Brava, en La Rioja.

Dentro de los límites de la provincia de La Rioja y en medio de la inmensidad de la Cordillera de los Andes se encuentra la Reserva Provincial Laguna Brava, que le debe su nombre al extenso espejo de agua de apenas un metro de profundidad que constituye su característica más saliente. Cuando uno está de paseo por esta zona, la visita a la laguna será casi una cosa obligada.

En nuestro caso la lógica fue exactamente al revés: nos habíamos llegado a Vinchina exclusivamente para hacer esta excursión con la gente de la Cooperativa Laguna Brava, quienes te dan dos alternativas: podés contratar el paseo completo que incluye ir en sus vehículos, o bien podés optar por ir en el tuyo propio, para lo cual no necesitás que sea un 4×4 ni nada por el estilo (de hecho nosotros fuimos en un Corsa Classic alquilado).

Dentro de los preparativos previos hay que tener en cuenta algunos detalles importantes:

  • Si vas con tu vehículo, tanque lleno a tope, incluyendo la reserva. En Vinchina hay una sola estación de servicio en la que tendrás que completar lo te falte la noche antes de salir.
  • Es una excursión de día completo y las comidas y bebidas no están incluidas, así que fundamental llevar una vianda para el almuerzo y unas galletitas para el camino.
  • Abrigo: La laguna se encuentra a unos 3000 m.s.n.m. y el viento ahí arriba es frío y terriblemente intenso, así que aunque sea verano un buzo y/o campera abrigados son obligatorios, si es con capucha mucho mejor. Si tenés buenos guantes, agarralos. Te va a ser más cómodo que andar con las manos en los bolsillos todo el tiempo.

El día del paseo arrancó bien temprano con el desayuno el El Portal de la Laguna donde estábamos alojados, ya que a las 8.30 teníamos que estar en el punto de encuentro. Allí conocimos al guía que se encaramaría en el primer vehículo, y el resto los seguiríamos. También nos equiparon con walkie talkies con los que nos manteníamos comunicados. A través de esos aparatitos el guía nos iba explicando y dando indicaciones del camino a todos los autos de la caravana; como así también nosotros podíamos hacerle las preguntas que surgieran.

Luego de registrarnos en un puesto de control salimos del pueblo por la ruta 76 y cruzamos la Quebrada de la Troya, donde se destacan diferentes formaciones geológicas como ser La Pirámide y La Herradura.

La primer parada larga será en el poblado de El Jagüel, conocido popularmente como “La Venecia Riojana” ya que cuando llueve copiosamente su calle principal se convierte literalmente en un río correntoso. Es por eso que las casas están a tal desnivel que los techos de nuestros autos quedan casi a la altura de las veredas. Aquí frenaremos en un improvisado parador donde podremos abastecernos de algo para el mate.

Ahora sí estamos comenzando la parte fuerte de esta aventura. Dejamos atrás el poblado y empezamos a internarnos en la cordillera con el auto, donde los colores comienzan a ser más variados y vistosos con el correr de los kilómetros. Incluso llegamos a divisar lo que sería la versión riojana del Cerro de los Siete Colores de Purmamarca (según el guía, incluso con algunos colores más).

A la vera del camino, algunos de los yuyos son utilizados aún hoy con fines medicinales por los lugareños.

En un momento tomamos un desvío y dejamos atrás el asfalto que nos conduciría hacia el límite con Chile. El camino de ripio es árido y los autos avanzan levantando una importante polvareda a su paso, pero aún así no es complicado manejar. En aquellos tramos donde se necesita algún poco extra de atención, nuestro guía se encarga de indicárnoslo a través del walkie talkie.

Luego de una vuelta, en medio de la nada, aparece una singular construcción de piedra con forma circular. Se trata de un refugio donde al regreso pararíamos para almorzar, y del que hablaremos más extensamente en otro post, para que este no se haga tan largo.

En un punto del camino, ya cuando el terreno se ha vuelto más llano, el auto guía se desvía del ripio hacia la izquierda, y comienza a avanzar casi a campo traviesa, aunque por un terreno cuidado y perfectamente transitable. Estamos llegando a la Laguna Brava, que debe su nombre a su clima extremo, especialmente al viento helado que sopla con una fuerza inusitada al punto de obligar a levantar la voz para escucharnos sobre su rugido cuando estamos en el exterior.

Abrir la puerta para bajar del auto puede ser bien un desafío o un peligro, dependiendo de cómo se haya estacionado. En cualquier caso será conveniente realizar la maniobra con ambas manos para evitar que la puerta se estrelle contra la carrocería, o salga arrancada al ser embolsada por una ráfaga. Quizá sea por acción del viento pero la temperatura es bien baja y se siente en las extremidades, especialmente las manos y las orejas, así que hacer una caminata bordeando la laguna hacia uno de sus extremos es una buena idea tanto para entrar en calor como para extasiarse observando el paisaje.

Allí del otro lado se levantan los cerros Veladero y Bonete Chico, y en la laguna de contornos blanquecinos que delatan la presencia de sal se distinguen partes congeladas en los extremos, y el agua en estado líquido al centro que se mueve hacia donde el viento le indica. Más allá, en el horizonte se distingue algo que sobresale del agua y desentona con el paisaje natural que nos rodea, pero la historia #avgeek del avión que se estrelló en este paraje será cosa de otro post.

Llega el momento de despedirnos de los flamencos que (quién sabe cómo hacen) disfrutan plácidamente con las patas de alambre metidas en el agua helada, y comenzar el retorno. El camino de regreso es el mismo por el que veníamos, así que lo hacemos sin frenarnos a revisar tanto los detalles, aunque tanto las vicuñas en las laderas como un imponente cóndor que vuela en círculos sobre nuestras cabezas obligan a sendas paradas para alzar las cámaras de fotos. 

Las 4×4 que llegan desde Villa Unión, en cambio, no parecen interesarse por estos detalles nimios y nos pasan a toda velocidad. Claro, arrancar la excursión desde allá implica agregarle 70 km de ida y otros tantos de vuelta, y es por eso que yo recomiendo hacerla desde Vinchina.

Ya llegando al pueblo hacemos nuestra última parada. A un costado de la ruta un conjunto de estrellas capayanes puede visitarse.

Conocidas popularmente como estrellas diaguitas tienen nueve puntas y están hechas acumulando piedras formando triángulos rojos y azules, delimitados por líneas blancas. Si bien se las atribuye a ritos religiosos de los pueblos originarios de la región, hay historiadores que no concuerdan con la denominación de “diaguitas” ya que estos nunca habitaron estas latitudes.

Ahora sí, finalizada la última parada, tomamos la pronunciada curva que realiza la ruta e ingresamos en la calle principal de Vinchina para llegar hasta la oficina de la cooperativa, donde devolvemos los walkie talkies y nos despedimos del guía y el resto de los excursionistas.

A ellos no tengo idea de cuándo volveré a verlos, pero a vos te espero en los próximos posts de Ahicito Nomás, para descubrir las historias del refugio y del avión de la Laguna Brava.

 

 

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Pasamos una noche en las cabañas de La Vicuñita, en Rodeo, San Juan.

El último punto que tocamos durante nuestro viaje por San Juan y La Rioja, antes de volver a la capital sanjuanina, fue la localidad de Rodeo. Allí se nos complicó un poco conseguir alojamiento ya que si bien es un lugar turístico, fuera de temporada no hay mucho que permanezca abierto. Pero finalmente dimos con el complejo La Vicuñita donde alquilamos una hermosa cabaña.

El complejo es realmente enorme, tanto que para manejarse de forma rápida dentro de él es necesario hacerlo en vehículo. De hecho la encargada se acercó hasta la cabaña que teníamos asignada en moto, medio de transporte que utilizaba constantemente para desplazarse de un lugar a otro.

La Vicuñita cuenta con hotel, cabañas y unas habitaciones estilo bungalows, con lo cual tiene una gran capacidad de alojamiento. Durante la estadía uno tiene acceso al campo de deportes también, donde se encuentran canchas de fútbol y de paddle.

Nosotros nos alojamos una noche en una de las cabañas. La verdad que el precio nos pareció algo caro, pero cuando vimos lo que era reconsideramos esa evaluación. La cabaña era amplia y estaba muy bien equipada. Con capacidad para una familia de 4 personas, quedarnos una sola noche parecía un desperdicio ya que daba para una estadía más larga.

Sin ser enormes, las habitaciones son cómodas, tanto la matrimonial como la de los chicos, con dos camas individuales.

La cocina está bien equipada, así que no será problema cocinarse algo rico allí, o bien en la parrilla del patio.

El complejo cuenta con restaurante, pero fuera de temporada (la cual dura hasta Semana Santa) está cerrado. Por ese motivo no nos ofrecieron desayuno, aunque cuando contratamos por internet decía que estaba incluído en el precio de la estadía, siendo este el único punto en contra que encontramos. Seguro que quién vaya en temporada alta no tendrá este problema.

El antebaño es realmente un detalle de categoría. A tener en cuenta, el servicio incluye las toallas, pero no el jabón ni el shampoo, que habrá que proveérselo uno mismo.

Si bien había wifi, nunca pudimos conectarnos con la clave indicada. Seguramente un problema menor que se habría resuelto rápidamente contactando a la encargada, pero por una sola noche no valía la pena.

La Vicuñita es una gran opción para alojarse en Rodeo. Y si vas a estar varios días, considerá la opción de las cabañas, porque son grandes, cómodas y están alejadas del centro de recepción, así que estimo que aún con el complejo lleno mantendrán un aire de tranquilidad, a mi entender tan necesario en todas vacaciones.

Alojamiento en Vinchina: Hostal El Portal de la Laguna.

Uno de los puntos centrales que queríamos visitar en nuestro viaje de abril pasado era la Laguna Brava, en La Rioja, la que por supuesto tendrá su post exclusivo más adelante en este blog. Se trata de una excursión de día completo, por lo que lo más conveniente  para ahorrarse largas horas en la ruta será alojarse en el pueblo más próximo: Vinchina.

Alojarse en este pequeño pueblo riojano puede ser un tanto difícil ya que la oferta es poca y en líneas generales no están tan preparados para el turismo en cuanto a infraestructura y servicios, pero en nuestro caso finalmente pudimos dar con el facebook del Hostal Portal de la Laguna. La verdad es que al menos fuera de temporada la gente del hostal no suele chequear el facebook regularmente, pero navegando los comentarios encontramos un celular al cual nos comunicamos vía whastsapp, y así reservamos dos noches.

El Hostal Portal de la Laguna es un alojamiento enorme y, podemos decir, correcto, con las comodidades básicas, aunque carente de todo lujo, que es una palabra prácticamente desconocida en esta zona. La austeridad sin embargo no quita lo cortés, y hay que decir que, una vez establecida, Marilyn estuvo siempre atenta en la comunicación y si bien ella no iba a estar en el horario en que llegábamos le dejó encargado a su sobrina el recibirnos.

Tanto ella como el resto del personal del hostal son extremadamente discretos, y uno casi no se da cuenta de su presencia.

Las habitaciones son amplias y modestas. Muy simple, la que nos tocó tenía algún que otro detalle de pintura, y la puerta no quedaba trabada por lo que había que mantenerla cerrada con llave, pero eso se compensaba con la tranquilidad y lo pulcro que estaba todo. Yo soy de esos para los que la limpieza es lo fundamental, y en eso el hostal aprueba el examen.

Las habitaciones rodean un parque enorme (y su piscina). Los árboles y plantas invitan a sentarse al aire libre, lo que también puede hacerse en la galería, donde se ubica además una interesante parrilla.

Adentro, la cocina tiene los elementos básicos para cocinar, disponibles para que el huésped los utilice a gusto. Único detalle que tuviemos en este sentido fue que las fuentes tenían una buena cantidad de grasa, producto de que otros huéspedes claramente no las habían lavado luego de usarlas.  Como en los hostels, aquí rige una regla de oro de la convivencia: lo que se usa, se lava.

El desayuno se sirve en la enorme mesa de la cocina comedor, y quizá sea un punto que se pueda mejorar. Está incluido en el precio de la estadía y es básicamente pan con dulces y manteca, que se acompaña con café instantáneo o té. El tema es que el pan resultó ser poco para los que estábamos alojados aquella mañana, y no había suficiente dulce para todos. Además, la leche es en polvo, algo que personalmente no me gusta.

Para los amantes de la tecnología vale comentar que el wifi en los cuartos (al menos en los nuestros que estaban alejados) andaba muy mal, pero en el comedor era aceptable. Así que ante una necesidad puntual ir con la notebook hasta el comedor será una opción válida.

En el Hostal Portal de la Laguna pasamos dos noches, que es la cantidad justa para realizar la excursión a Laguna Brava, aunque también hay otras visitas para realizar que quizá requieran agregar alguna noche a la estadía. Un alojamiento cómodo y aceptable, para tener en cuenta cuando uno anda por estos pagos riojanos.

Galería Fotográfica del Cañón Arco Iris y la Ciudad Perdida.

Los más lindos paisajes del Parque Nacional Talampaya merecían por supuesto su propia galería fotográfica. Como te comenté en el post sobre la excursión que podés ver haciendo click aquí, la caminata por el Cañón Arco Iris está llena de colores cambiantes y finaliza en la impresionante Ciudad Perdida.

Todo comienza a bordo de la camioneta que se interna en el parque siguiendo los rastros de un río seco, cuya agua cuando corre marca con fuerza el cauce.

Durante el camino se aprecian ya las paredes elevadas en posición vertical por el choque de placas hace millones de años.

La vegetación se mezcla a su vez con los colores rojizos de la piedra.

Pero al llegar al cañón propiamente dicho el paseo en camioneta finaliza.

Así que allí queda, abandonada…

Comenzamos a caminar bajo el sol, aun entre follaje y colores verdosos.

Pero a medida que avanzamos el paisaje se va haciendo más árido, y los colores se van enrojeciendo.

En ocasiones el camino no será tan fácil, y habrá que agacharse.

Y en ocasiones las geoformas nos sorprenderán a uno y otro lado del camino, en lo alto.

Como ser el zapato.

En otras ocasiones las vistas son pintorescas directamente desde el suelo.

Las imágenes invitan a las fotos.

Lo mismo que las texturas.

Y finalmente se llega a la Ciudad Perdida.

Y allí nos internamos en el laberinto.

Por algunos recovecos se logra ver los edificios de la Ciudad Perdida.

Y al regreso encontramos otros picos, ya fuera de la ciudad.

Así finaliza la recorrida en fotos por el Cañón Arco Iris. Volvemos a abordar la camioneta, que nos traerá de nuevo hasta la vera de la ruta.

Espero que te haya gustado, y que vuelvas la próxima para seguir recorriendo el país en Ahicito Nomás.

Vinchina, La Rioja: El pueblo desde donde parten las excursiones hacia la montaña.

Hacia el extremo noroeste de la provincia de La Rioja, cercana a la Coordillera de los Andes, la pequeña localidad de San José de Vinchina dispuesta a lo largo de la ruta 76 y con escasas dos o tres cuadras de ancho más allá de la misma, se convierte en un punto estratégico para quién se quiera aventurar en la montaña a conocer las maravillas naturales que esta región del país esconde.

Casi perdida en el mapa y aún con antiguas construcciones de adobe que apenas se sostienen en pié, Vinchina es hogar de unas 2400 personas según el censo 2010, ninguna de las cuales se hace notar. Las tardes en este pueblo cordillerano son extremadamente apacibles, solo alteradas por algún que otro auto que recorra la RN76 que en la zona urbana se convierte en la avenida principal.

El punto más tradicional en la zona urbana sea quizá la “Casa del Balcón”, que aún hoy puede visitarse (aunque no ingresar) en una esquina de la avenida, a metros de donde la ruta hace un fuerte giro de 90° hacia la izquierda.

Construida durante el Siglo XIX por Lázaro Martínez, es el único edificio del pueblo que ostenta un balcón, ideado según se cuenta para que su mujer pudiera verlo cuando realizaba sus viajes de negocios a Chile, aunque me parece más verosímil la idea de que el objetivo era poder vigilar a los peones que trabajan los campos aledaños de los que Martínez era también dueño.

Hoy en día Vinchina se presenta como un punto de salida para interesantes (y largas) excursiones como ser la de la Laguna Brava (que hicimos y tendrá sus posts exclusivos próximamente) o como la del cráter “Corona del Inca”, que si bien no hicimos, por lo que se ve debe ser alucinante y, por supuesto, es el necesario pendiente para volver a estos pagos algún día.

El pueblo cuenta con alguna infraestructura de turismo muy básica, y hasta sorprende ver frente a la plaza un cajero link cuando otras localidades aparentemente más grandes no tenían servicios bancarios. En cuanto a alojamiento la oferta no es mucha, pero en este post al que accedés haciendo click aquí podes ver el Hostal Portal de la Laguna donde nos hospedamos nosotros. Una buena opción, ya que de lo contrario habrá que hacer noche en Villa Unión, distante a unos cuantos kilómetros, lo que implica tener que salir muy temprano para hacer estas excursiones de día completo, y volver ya de noche.