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Reporte del regreso: Volando con Norwegian de Londres a Buenos Aires en modo low cost.

En principio uno podría esperar que, habiendo publicado hace tan poco el reporte del vuelo de ida a Londres con Norwegian (link al post), no valiera la pena publicar un reporte del vuelo de regreso. Sin embargo este post tiene un valor agregado en sí mismo por dos cuestiones puntuales: En primer lugar me permite ahondar en lo que es el aeropuerto de Gatwick, y en segundo lugar, a diferencia del primero, el de regreso es un vuelo nocturno, y supongo que eso hace que el servicio tenga algunas diferencias. Veamos entonces…

Obviamente habíamos hecho el checkin online la noche anterior, pero con la particularidad de no haber podido imprimir los boarding pass en papel. Llevabávamos la versión digital en nuestros celulares, claro está, pero eso nunca alcanza para dejarme totalmente tranquilo. Igualmente no fue problema ya que al llegar al sector F de la Terminal Sur, donde Norwegian tiene sus desks para entrega de equipajes, encontramos fácilmente las máquinas de autoservicio en las que pudimos imprimir tanto los boarding pass como las etiquetas para marcar las valijas.

Si bien había máquinas de autoservicio para entregar el equipaje también, no estaban funcionando, así que nos acercamos al desk donde nos controlaron el peso de lo que despachábamos únicamente (primer diferencia con el proceso en Ezeiza).

Encontrar el camino hacia la zona de embarque nos costó un poco porque en ningún lado hay cartelería de “Gates”. En lugar de eso están las indicaciones de “Departures” que finalmente hacen referencia a las puertas, y siguiéndolas llegamos a los puestos de seguridad donde había poca gente y el trámite fue muy ágil. Hasta ese momento sólo sabíamos la zona de la terminal a la que debíamos dirigirnos, pero aún no aparecía en las pantallas de información el número de la puerta, por lo que aprovechamos a hacer algunas últimas compras en el free shop que, comparado con el de Ezeiza, nos resultó más barato.

Finalmente se nos asignó la Puerta 17 y cuando llegamos nos encontramos con esta larguísima fila en el pasillo del aeropuerto. Cada Gate tiene su área particular, separada del resto por las ventanas vidriadas. Sin embargo nadie accedía a ese área ya que para hacerlo hay que pasar un control extra que realiza Norwegian. No tiene nada que ver con la seguridad operacional del vuelo, sino con la modalidad low cost de la compañía. En ese punto el staff de tierra de Norwegian controla las medidas y el peso del equipaje de mano de cada pasajero, convirtiendo esto en un proceso realmente largo y tedioso. El resultado es que las sillas del “área estéril” del Gate 17 quedaron inmaculadas, ya que nadie se pudo sentar: para cuando se accedía a esa zona ya era hora de abordar el avión al que, obviamente, no se sube por zona de asiento, sino por orden en que uno cayó en la cola.

El tema no resulta caótico por la demora natural que generan estos controles, pero sí es claramente poco práctico y una falta de servicio al pasajero, que no tiene otra alternativa que esperar (y molestar a los que pasan) en el pasillo, sin poder tomar asiento durante más de una hora.

Una vez arriba del hermoso B787 (cuyos detalles de entretenimiento a bordo y servicios de snack bar pueden ver en el reporte del vuelo de ida a Londres haciendo click aquí), momentos luego del despegue llegó la cena del menú Nice & Tasty que habíamos contratado al momento de comprar los pasajes. Sin embargo no hubo margen para elegir la comida, ya que una de las alternativas se había terminado sorprendentemente rápido, y no quedó otra que ir con el pollo con puré que bañado en salsa de tomate se dejaba comer bien. A diferencia del vuelo de ida no hubo bocadillo de mitad de viaje y el próximo servicio fue ya apunto de llegar a Buenos Aires. Bien de estilo inglés, el desayuno consistía en omellete con salchicha, una factura y ensalada de frutas. El resto que uno quisiera hay que pagarlo en el momento.

Una particularidad que se vivió en medio del vuelo fue un anuncio del comandante, que por altoparlante informó a todo el mundo que los sensores habían detectado a alguien fumando en uno de los baños delanteros del avión, algo no solo prohibido por la compañía, sino por ley y con consecuencias penales. La advertencia fue clara y sin indirectas: si volvía a suceder al llegar a Ezeiza llamarían a la PSA para que interviniera. La aclaración del jefe de servicio abordo (ya en español) fue que el fumar en el avión estaba penado con severas multas, realmente altas, y que trabajarían en identificar quién había sido para que pagara las consecuencias. Dudo que hayan logrado esa tarea que parece titánica, pero seguramente sirvió para que a ningún otro inconsciente se le ocurriera prender un cigarrillo a bordo del avión.

Sacando el detalle del “fumador escondido” y alguna que otra turbulencia leve (pero que fue suficiente en un momento para tener que suspender el servicio de comida por un rato) se trató de un vuelo tranquilo, que siendo nocturno se asimila mejor, siempre y cuando uno pueda conciliar un poco el sueño, algo que personalmente, arriba de un avión me cuesta mucho.

Ya en Ezeiza nos encontramos con el las máquinas de Migraciones Express estaban abarrotadas de gente, así que optamos por ir al control manual como en las viejas épocas. Creo que fue una decisión correcta así que sólo me quedan dos reflexiones: En primer lugar hace falta incorporar más tecnología y extender la modalidad express que ya hoy en momentos específicos está congestionada. En segundo lugar, atentos gente! Si las máquinas nuevas estan llenas siempre existe la opción de ir a saludar el agente migratorio para que nos selle el pasaporte!

¡A no ahogarse en un vaso de agua!

Probamos el servicio low cost de Norwegian a Londres: Reporte del Vuelo DI7506 con destino Gatwick

Este reporte de vuelo tiene un doble condimento especial ya que no solo fue la primera vez que volé con Norwegian, sino que además fue mi primer experiencia con una low cost de larga distancia. La cita era a las 11 hs. en la Terminal A para cruzar el Atlántico y llegar a Gatwick, en las cercanías de Londres.

Así llegamos hasta los primeros mostradores de la terminal A donde Norwegian hace el checkin. Llevábamos los boarding pass ya impresos (ya que siempre es aconsejable realizar el web checkin con anticipación pero cuando se viaja con una low cost es prácticamente mandatorio) y con las etiquetas de equipaje que habíamos impreso en las máquinas de autoservicio que están distribuidas por el hall de la terminal.

 

El proceso de entrega de equipaje fue bastante lento, supongo que por la modalidad de viaje y la necesidad de explicarle a la gente qué había comprado con el ticket, controlar el peso y cobrar los extras de aquellos artículos que se excedieran. Allí mismo se pesa el equipaje de mano que no puede pasarse de los 10 kg. El paso por migraciones también fue bastante lento por la gran cantidad de gente que se junt. Tanto los puestos manuales como las máquinas de Migraciones Express tenían largas colas que derivaron en que, habiendo llegado al aeropuerto más de dos horas y media antes del despegue, cuando logramos llegar al gate el embarque ya había comenzado.

 

Norwegian opera su vuelo desde Buenos Aires con un moderno Boeing 787 en perfectas condiciones, que hace el viaje un poco más cómodo, nada para despreciar considerando las 13 horas de tránsito que tiene el non stop a Inglaterra. Los asientos cuentan con pantalla individual con sistema de entretenimiento que incluye películas y juegos. No hay música ni tampoco te dan auriculares, que debes llevar vos o bien comprar a bordo. Lo que sí hay es USB para cargar el celular.

En cuanto se apaga la señal de “abrochar cinturones” se habilita el snack bar, al que se accede también a través de la pantalla del asiento. Allí podés navegar por las diferentes opciones y comprar lo que gustes. Para darles una idea de los precios en las fotos ven algunos de los vigentes a septiembre 2019.

Una vez seleccionados los artículos los paga uno mismo deslizando la tarjeta de crédito por la ranura de la pantalla, y el comprobante llega por correo electrónico al mail que ingresemos. Minutos luego llegará el TCP buscando el asiento desde el que se hizo la compra para entregarnos el pedido, que en mi caso se veía así.

Igualmente como el vuelo es realmente largo ya habíamos previsto incluir la comida al momento de comprar el pasaje. La tripulación tiene estos detalles registrados y llegado el momento se acercan con el almuerzo, para el cual se podía elegir entre pollo con espinaca o carne con arroz. Las bebidas disponibles son tan variadas como en cualquier otra línea aérea, salvo que no volverán a pasar ofreciéndote más, así que lo que quieras tomar lo tenes que pedir en ese momento. El resto, habrá que pagarlo extra.

El vuelo fue muy sereno, pero siendo diurno se hace realmente largo. Importante tener algo para matar el tiempo, cosa que por supuesto habrá de sobra como para investigar a fondo el sistema de entretenimiento, que dispone de varias alternativas para seguir el viaje incluyendo la vista del cockpit.

Un detalle importante e interesante es que el B787 está equipado con wifi y que al mismo se puede acceder gratis, aunque por supuesto también está la versión premium que por USD 15 te deja navegar a alta velocidad por 3 horas, al punto de poder ver películas on line. La versión sin costo alguno es bastante lenta y funciona de forma más bien aleatoria. Igualmente fue suficiente para usar el Whatsapp y hasta compartir fotos, aunque acceder a redes sociales fue casi una misión imposible. Quizá para eso esté la versión intermedia, llamada justamente “Social” que cuesta USD 6.

 

Una muy grata sorpresa fue el snack de mitad de camino que repartieron los TCP, consistente en un sandwich de queso acompañado de café, té o agua. Algo que no estoy acostumbrado a ver en las líneas full service con las que vuelo, y que tampoco tuvo lugar en el vuelo de regreso de la misma Norwegian, como veremos la semana que viene en el reporte del vuelo con destino Buenos Aires.

Unas horas antes de llegar a Gatwick se comienza a repartir la última comida del vuelo, que a estas alturas ya no estamos seguros si se trata de la cena o el desayuno. Consistía en huevos revueltos, salchicha, ensalada de frutas y un sacramento. Como pueden ver, al menos en el vuelo de ida hambre no pasé.

Un detalle importante de la comida es el vasito de cartón que te entregan con el postre dentro. A no confundirse, que no un recipiente donde abrir y comer el postre, sino que es la taza que tendrás que usar cuando pasen ofreciendo té o café. Los TCP pasan únicamente con las jarras en la mano, y te sirven en ese vaso.

 

Finalmente, luego de un larguísimo vuelo sin escalas llegamos a Gatwick, donde siguiendo los carteles de “Other Passports” llegamos al puesto de migraciones correcto. A esa hora de la madrugada había muy poca gente y el control fue bastante ágil. Las preguntas no pasaron de lo usual: cuántos días íbamos a pasar en el Reino Unido, a dónde íbamos después y qué pensábamos hacer. Por las dudas tenía impreso el certificado de cobertura médica y llevaba a mano las tarjetas de crédito, además de tener en mente la cantidad de efectivo que llevaba encima, pero nada de eso hizo falta.

Enseguida nos sellaron los pasaportes, y la Reina nos daba la bienvenida a Inglaterra mientras íbamos en busca de nuestras valijas. Algo muy particular, las figuras están hechas combinando perfectamente pequeñas fotografías de personas. Una verdadera obra de arte, como puede apreciarse aquí en la nariz y boca.

Próximamente hablaremos del aeropuerto de Gatwick y cómo viajar hasta el centro de Londres, que realmente no es nada difícil a pesar de estar alejado. Por lo pronto la experiencia de volar “long haul low cost” con Norwegian ha sido muy buena y económica. La semana que viene completaremos con el reporte del vuelo de regreso, y vayan preparándose para los posts sobre la gira europea, porque hay mucho material para compartir con todos ustedes!

La Aviación estuvo de Fiesta: Se realizó la 38° Convención en Vuelo de la EAA

Como todos los años, durante el pasado fin de semana la Experimental Aircraft Asociation organizó la 38° edición de este tradicional evento que convoca a pilotos, técnicos y entusiastas de la aviación.

La cita se dio en el Aeródromo Ildefonso Durana de General Rodriguez, en el oeste de la Provincia de Buenos Aires, durante sábado y domingo. Este último día, con un sol pleno que lo hizo ideal para ir a ver aviones con la familia, nos acercamos hasta la sede de la EAA para pasar una hermosa jornada.

Constituida en 1982, la EAA Argentina es una asociación sin fines de lucro que tiene entre sus objetivos el promover y fomentar la aviación deportiva y amateur; y la investigación y desarrollo de la misma. Es por eso que en este aeródromo (y en este evento anual en particular) pueden verse tantos prototipos y aeronaves diferentes, en lo que hace a la aviación experimental. En esta ocasión, para ilustrarlo conté con la colaboración de uno de mis sobrinos que foteó un modelo experimental en un impecable primer plano.

Pero por supuesto, una de las partes más esperadas de estos eventos son las piruetas que se mandan en el cielo esos locos del aire que se animan a subirse y andar patas arriba.

También están los que te dejan el avión suspendido en el aire, como esperando para que los spotters le saquemos la foto, y luego lo dejan caer al vacío para recuperarlo mágicamente.

Cuanto más humo, mejor!

Aunque también están los momentos en los que dan vuelas por el aire sin tanto espamento, como se lo pudo ver a este hermoso ejemplar llegado de épocas de la Segunda Guerra, y que estaba probando su destreza en los cielos bonaerenses.

A todos, verlos a absolutamente todos es de lo más lindo!

Pero no solo de aviones están hechas las Convenciones en Vuelo de la EAA. En uno de los hangares había una banda sonando en vivo, mientras que a un costado se lucían estos hermosos autos de épocas pasadas.

Y por supuesto, unos invitados infaltables en estas ocasiones son esos pájaros de metal que pueden suspenderse en el aire por sí solos.

Así aparecía el piloto de pruebas de Cicaré por sobre el público.

Y así hacía flamear la bandera argentina.

Pero esta jornada tuvo dos protagonistas especiales. Uno de ellos fue el B-25 Mitchell “Huaira Bajo” que ya luce espléndido. Se trata de un bombardero bimotor que estuviera presente en la Segunda Guerra Mundial y que desde hace varios años se va restaurando en el aeródromo de General Rodriguez bajo la conducción de Gustavo Passano.

Está hermoso, como recién salido de la década del ’40, y ojalá pueda volver a volar pronto otra vez. Para los interesados, el Proyecto B-25 Mitchell (Huaira Bajo) tiene su página de Facebook a la que pueden acceder en el link.

El otro protagonista especial es este hermoso DC-3 que se ve en la foto de arriba, y al que se puede seguir en su página de instagram haciendo click en este link. También construido en la década del ’40, este ejemplar fue adquirido en Chile y sus actuales dueños lo trajeron volando desde el otro lado de la cordillera. Ahora siguen los trabajos de restauración en General Rodriguez y durante la Convención el público tuvo la oportunidad de visitarlo por dentro. Obviamente que aprovechamos para conocer el cockpit!

Un momento clave fue cuando intentaron encender el motor izquierdo. Las lluvias de la semana anterior complicaron las cosas en un principio pero luego de varios intentos fallidos finalmente el fiel DC-3 respondió y arrancó. El público detrás del ala lo festejó con gritos y aplausos, mientras hacían lo posible por no volarse ellos mismos.

Fue una hermosa jornada de sol, familia y aviones. Tanto modelos que de tan nuevos aún no están certificados para volar, como ejemplares históricos que ahora luchan por volver a hacerlo.

La EAA organiza la Convención de Vuelo en forma anual, así que quienes se hayan quedado con las ganas esta vuelta, siempre podrán tener revancha el año próximo. Para enterarse de los eventos, nada mejor que seguir el Facebook oficial de la EAA.

Saliendo de Canadá rumbo a Miami: Reporte del Vuelo AC1642 de Air Canada Rouge

Finalmente terminó la primer etapa de mi viaje por Norteamérica y me dispuse a volar hacia Miami, donde aún me esperaban un par de intensas jornadas laborales. Así es que llegué  con algo más de tres horas de anticipación a la Terminal 1 del Aeropuerto de Toronto con el servicio de shuttle gratuito que brinda el hotel Doble Tree donde me estaba alojando.

El Toronto Pearson tiene la particularidad de que en la Terminal 1 está el USA Transborder, dedicado exclusivamente a vuelos hacia Estados Unidos. En el hall de checkin se deben utilizar los kioskos para imprimirse uno mismo los tickets de equipaje mediante un proceso que es largo, pero bastante claro. En la máquina se puede seleccionar el idioma que uno prefiera, haciendo las cosas más simples, salvo cuando el sistema pide escanear la visa: en el caso de los argentinos, nosotros tenemos dos visas, la de Estados Unidos y la de Canadá ¿Cuál es la que me pedía el sistema? Probé con la estadounidense, que me pareció la más lógica por ser mi próximo destino, y funcionó.

Una vez que adherí los stickers a mi equipaje (tarea con la que recibí la amable ayuda del staff de tierra de Air Canada Rouge) llegó el momento de despachar la valija… con el sistema automático! En ese momento no tenía idea, pero algo similar se estará implementando próximamente en Ezeiza, así que me vino bien para comentarlo en este post, y para irme entrenando.

La cuestión es bastante simple ya que simplemente tuve que apoyar la valija en el compartimiento. La máquina la pesó, leyó el código de barras del sticker y allí mismo me identificó como pasajero y cuál era mi destino. En el lector de la máquina pude leer que habían recibido mi equipaje con destino Miami, pero aún así, un poco en broma un poco en serio, me preguntaba si realmente había salido todo bien, o si acababa de enviar mi valija a.. Tokio, quizás?

Con pasaporte y boarding pass en mano (que lo imprime el mismo kiosko del sticker para el equipaje), sólo quedaba pasar por los controles de seguridad. Aquellos que estén inscriptos en el programa Global Entry del gobierno de Estados Unidos (sistema por el cual se aceleran los trámites de ingreso al país) tienen un acceso exclusivo al final del salón. El resto de los mortales tendremos que volver hacia las puertas de entrada a la terminal, donde está el acceso normal hacia los gates.

Allí dentro se hace el control de seguridad (laptops fuera del equipaje de mano y en una bandeja exclusiva) y se pasa a un enorme hall donde se realiza migraciones, pero no de salida de Canadá, sino de ingreso a Estados Unidos. Tal como es cuando se llega a un aeropuerto estadounidense, el primer paso es pasar por las máquinas que escanean la documentación y huella digital, nos sacan la foto y donde debemos contestar el cuestionario de rigor. Luego se pasa a la entrevista con el agente de la TSA.

La cola es importante y el proceso tiene una demora considerable, así que una recomendación a tener en cuenta cuando tengan que volar desde Canadá a Estados Unidos que que vayan con tiempo suficiente al aeropuerto, respeten las 3 horas antes del vuelo. Recuerden que en este caso hacen migraciones antes de partir y no al llegar, así que mejor que sobre el tiempo después; a llegar ajustados y terminar perdiendo el vuelo.

El cuestionario del agente de la TSA fue bastante standard pero algo más detallado que los que me ha tocado contestar las veces que llegué a Miami desde Argentina. Además de las clásicas preguntas sobre mi ocupación, motivo y duración del viaje, me consultó si llevaba plantas, y si tenía dinero por más de USD 10000. Contento con mis sendas negativas me selló el pasaporte y listo. Ya estaba oficialmente en Estados Unidos sin haber despegado los pies de suelo canadiense…

Como me sobraba tiempo y necesitaba preparar algunas cosas de trabajo para el día siguiente opté por usar la Priority Pass y acceder al salón vip, cuyo post pueden leer clickeando aquí. Quince minutos antes de la hora de abordaje me dirigí a la puerta F82 donde subí al A321 en el grupo 3. Esperé durante todo el abordaje, pero los dos asientos de al lado nunca se ocuparon…

Si bien todo se realizó en horario y el abordaje fue bastante rápido, el vuelo en sí salió con un importante retraso. Algo realmente raro, que nunca antes me había pasado, pero se trataba de un problema de papeles: así lo anunció el piloto cuando se dirigió a los pasajeros para disculparse e informarnos que había un problema de documentos que estaban solucionando. Quedó claro que no eran documentos del pasaje, sino del avión en sí.

Media hora más tarde de lo previsto comenzó el push back y nos dirigimos hacia la cabecera, donde hubo que esperar.

Estaba concurrida la cosa…

Mientras nos movíamos por la calle de rodaje los TCP aprovechaban el tiempo realizando la demo de seguridad, que se hace dos veces, en inglés primero y en francés después. Me llamó la atención (y causó gracia) la forma en que el jefe de servicio abordo anunció la repetición: “Bueno, ahora una vez más en francés y estamos listos para irnos”.

Al despegar se activa el servicio de internet y entretenimiento al que se puede acceder con los dispositivos personales (ya que el A321 no cuenta con pantallas propias). En el caso del celular hay que bajar previamente una app y cabe destacar que el entretenimiento es gratis e incluye películas argentinas. En el caso de internet hay que abonar extra. Yo igualmente aproveché para fotografiar a Toronto desde el aire (la imagen de arriba).

El viaje fue muy tranquilo, y el toque en Miami super suave. Eso sí, la media hora de retraso en el despegue la arrastramos y nunca la recuperamos. En Miami, como ya habíamos hecho migraciones en Toronto, desembarcamos diferente a lo que estoy acostumbrado: salimos por manga y nos mezclamos con la gente que esperaba para abordar en preembarque. Siguiendo los carteles llegamos al área de las cintas, donde me entró la tranquilidad al encontrar mi valija.

No había ido a parar a Tokio. Había llegado sana y salva al destino correcto…

Volando de Miami a Toronto con Air Canada: Reporte del Vuelo AC1641

Llegado el momento de seguir viaje luego del stop en Miami me tomé el servicio de shuttle del Hilton Garden Inn que en 15 minutos me dejó en el aeropuerto. Este vuelo tenía algo muy particular: era la primera vez que iba a volar con Air Canada, en este caso con los servicios de su filial Rouge.

Si bien ya había chequeado on line como suelo hacer para ahorrar tiempo en el aeropuerto, una vez allí igualmente tuve que utilizar los kioscos para imprimir yo mismo el ticket para el equipaje. Es fácil, pero de todas formas hay personal de la línea que se acerca a ayudarte. Luego de adherir el sticker a la valija pasé a la zona de entrega de equipaje que, al menos en ese momento, estaba prácticamente desierta.

Pasé al checkpoint correspondiente y allí hice seguridad. Había poca gente en los scanners pero como sólo uno estaba en funcionamiento el trámite se demoró un poco más de lo esperado. Igualmente fue para destacar la buena predisposición (y humor) de los agentes de la TSA que indicaban qué dejar dentro del equipaje de mano y qué sacar: En resumen el pasaporte, billetera, celular y cualquier otro papel va dentro; mientras que las laptops y cualquier otro electrónico grande va afuera. Esto último incluye cámaras fotográficas reflex.

En la puerta J5 tuve que esperar a que llegara el avión, lo que me dió oportunidad de registrar su estacionamiento en la plataforma y ver cómo se realizaba el chequeo de control: un técnico de la línea dando vueltas alrededor del avión mirando todo con sumo detalle.

Ya abordo pude mirar en detalle cómo era el A319. Hay que decir que Air Canada Rouge tiene un modelo de negocio híbrido, en el sentido de que la cabina del avión es típicamente low cost (no hay pantallas ni toma corrientes y los asientos son totalmente básicos; además de que el servicio de refrigerio se paga en el momento), pero a pesar de esto el pasaje incluye una pieza de equipaje despachado.

En mi caso no había comido nada en todo el día así que opté por comprar un snack y una cerveza. Pagué todo con la tarjeta de crédito a la primer TCP, mientras que con el ticket que ella me entregó le reclamé la cerveza a la TCP siguiente, cuyo carrito traía las bebidas. Por supuesto también se puede optar por un vaso de agua que, obviamente, no tiene cargo alguno. Lo mismo sucede con el té o el café.

Para que tengan una idea, esta es una foto de la carta.

El vuelo fue tranquilo y el aterrizaje en Toronto muy suave. Antes de ese momento los TCP reparten el formulario de migraciones canadiense que hay que completar para presentar en el aeropuerto.

El trámite migratorio, al menos en mi caso, fue extremadamente simple. El agente escaneó mi pasaporte y me hizo un par de preguntas de rutina: motivo del viaje, qué tipo de negocio iba a realizar, para qué empresa trabajaba y a qué me dedicaba. Satisfecho con mis preguntas, selló mi ingreso y me dió la bienvenida. Así pasé a la zona de reclamo de equipaje, que es impresionante por lo enorme…

Amplias y cómodas, buscar la valija en esas cintas es casi un placer.

Para llegar hasta mi hotel tenía previsto desde un principio utilizar los servicios de UBER, que en Canadá no sólo es legal, sino que el aeropuerto tiene un lugar definido donde operan. Así se lo ve en la cartelería de señalización donde se puede leer “Ride App Pickup”, que vendría a ser la zona de espera para los vehículos contratados por aplicaciones de celular. De hecho al confirmar el pedido, la App te indica dónde esperar: en mi caso fue en la Zona 1.

De esta forma completé mi primer vuelo en Air Canada y mi primer ingreso a Canadá. Más adelante llegarán los posts sobre mi estadía en el gran país del extremo norte de nuestro continente.