La Capilla de los Negros: Un lugar histórico en Chascomús.

Si bien hoy en día casi no hay población negra en Buenos Aires, la cosa era muy diferente durante el siglo XVIII. En la ciudad de Chascomús, de hecho, se dio algo muy particular en el año 1861, cuando la comunidad africana asentada en aquél lugar solicitó “un cuarto de ánimas y demás objetos indispensables a nuestros regocijos festivos” y el municipio les cedió 10 meses después el solar donde hoy se levanta la capilla de los negros.

Ubicada en la esquina de la Av. Perón y Venezuela, frente al boulevard donde se realiza la tradicional feria de los artesanos, y a apenas una cuadra de la enorme laguna ícono de la ciudad, la capilla de los negros aparece algo escondida entre los árboles que la rodean, pero una vez superado este obstáculo es fácilmente identificable por su clásico estilo colonial, ladrillos a la vista pintados de blanco y la cruz que la corona. A pesar de su aspecto tradicional, no está reconocida por la iglesia católica y por tanto, en ella no se da misa, aunque según algún artículo periodístico que decora sus paredes el sacerdote Julián Quintana sí la oficiaba todos los domingos, hasta su muerte en 1923.

Lo que vemos hoy no es la construcción original, ya que en los años ’50 un devastador ciclón destruyó el edificio, que debió ser restaurado. En su interior destaca el piso de tierra apisonada, el escaso y modesto mobiliario y una gran cantidad de imágenes religiosas ubicadas sobre el altar y en las paredes. A un costado, sobre el suelo, una serie de imágenes de indígenas y negros reciben todo tipo de ofrendas, en un recinto que hoy está dedicado a la oración, y que puede ser visitado por los turistas que pasen por Chascomús.

Se trata de un lugar con historia en sí mismo, tanto que fue declarado lugar histórico en 1962. Mucho antes de la construcción de la capilla en este solar se refugiaron en 1839 los “azules” heridos en la Batalla de Chascomús, luego de haberse levantado contra Juan Manuel de Rosas y haber fracasado en el intento. Algo más cercano en el tiempo, el lugar sirvió también para atender a los que caían enfermos de cólera y fiebre amarilla durante las epidemias que azotaron el área.

A partir de que se les cedió este espacio, la comunidad negra de Chascomús tuvo un lugar propio en el que desarrollar sus festividades y mantener viva su cultura. Más de 150 años después, el visitante inquieto puede explorar su interior, aún iluminado con velas, lo que ayuda a crear una atmósfera especial, difícil de emular.

Según el sitio web de Chascomús, la capilla permanece abierta entre las 9 y las 15 hs. de martes de viernes, y de 11 a 17 hs los fines de semana y feriados, mientras que los lunes hábiles está cerrada. Si te acercás a la feria, bien vale la pena cruzarse a conocerla.

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