Archivos Mensuales: julio 2020

El Parque Nativo de Potrero de los Funes.

Ubicado en la orilla del Embalse Potrero de los Funes, el Parque Nativo cuenta con unas 7 hectáreas de terreno al aire libre ideales para que el visitante pueda disfrutar de un día de sol en familia o con amigos, rodeado del marco de belleza natural que esta ciudad puntana tiene para ofrecer.

El verde de la vegetación queda cortado únicamente por las sierras detrás y el agua del embalse delante. Dentro de los límites del parque se encuentra el mirador de Potrero de los Funes, desde donde se puede obtener una vista panorámica del lugar, incluido el hotel internacional ubicado justo cruzando el lago artificial.

Son varias las actividades que se pueden hacer en parque. Para ir con chicos es ideal: espacio amplio para que corran sin peligro y hasta un área de juegos donde van a poder pasar el tiempo. Los más grandes pueden alquilar botes para salir a pasear por el lago. Y por supuesto, donde hay agua, hay pescadores, que también podrán encontrar algún hueco para llegarse hasta la orilla y tirar la caña.

Y obviamente, si hay argentinos hay asado, y por lo tanto el Parque Nativo no podía no tener parrillas donde prepararlo. Los quinchos, individuales y distribuidos por varios lugares, se ven muy lindos y cómodos para alojar una familia tipo de 4 personas.

Y la particularidad (en mi estricta opinión personal, un detalle que está absolutamente demás porque desentona con el hermoso entorno natural): a metros del lago, un marco rosa gigante con el logo de la oficina de turismo de la provincia, que pretende darle un toque distintivo a la foto del recuerdo, tal vez para que con los años no te quepa duda de en dónde la tomaste.

Más allá de eso, el parque está muy cuidado y limpio. Para acceder a él habrá que cruzar la Av. del Circuito, lo cual puede hacerse por el acceso al hotel internacional (y luego retomar por el camino que avanza entre el embalse y el circuito), o cruzar por debajo de la pista de carreras por un angosto túnel ubicado unas cuadras más adelante.

El Túnel de Santa Ana bajo el Río Escalda, en Amberes.

Como toda metrópoli, con el tiempo la ciudad de Amberes creció lo suficiente como para expandirse en ambas márgenes del río Escalda que la atraviesa. Así, ya desde el siglo XIX sus habitantes tuvieron la necesidad de cruzar de una costa a la otra y para no depender únicamente del servicio de ferry (del que hablamos en este otro post), se analizaron dos proyectos. El del puente finalmente no prosperó porque se habría convertido en un obstáculo para el tráfico fluvial que abundaba en el río. Por eso finalmente la ciudad decidió que el río se cruzaría bajo tierra.

Fue en 1931 que se definió la construcción del Túnel de Santa Ana, que a pesar de haber recibido los embates alemanes durante la Segunda Guerra Mundial (lo que obligó a mantenerlo cerrado hasta que se restaurara en 1949), los habitantes de Amberes lo siguen utilizando hoy en día para ir de un lado al otro del río.

Se trata de una estructura tubular (como claramente se puede ver en las fotos) que se extiende unos 572 metros de largo, a nada menos que  31 metros de profundidad debajo del lecho del río. Las paredes están recubiertas por azulejos y una única hilera de lámparas ubicada en el punto más alto del techo ilumina el recorrido de punta a punta. Probablemente alguien poco habituado pueda sentir nervios al pensar la cantidad de agua que corre por sobre su cabeza mientras avanza por el túnel, pero si tenemos en cuenta que el pasaje funciona desde la década del ’30 queda claro que la estructura es resistente.

Sin embargo, lo más interesante del túnel no es la estructura en sí, sino las vistosas escaleras mecánicas con las que el visitante accede a él. Construidas en madera, se dice que son las escaleras mecánicas más antiguas de Europa. Encaramarse a ellas será toda una experiencia, tanto por el aroma particular, como por el ruido de su funcionamiento, donde el constante y característico crujir de la madera se destaca por sobre el sonido del mecanismo.

En las paredes, una serie de fotografías encuadradas cuenta la historia del túnel, con imágenes en blanco y negro de lo que fue su construcción e inauguración. Es prácticamente un museo del túnel dentro del túnel mismo.

Claro que eso queda casi relegado para los turistas, porque los locales se ajetrean para cruzar el río, ocupados en sus responsabilidades cotidianas. Muchos de ellos lo hacen en bicicleta, y a gran velocidad, por lo que hay que andarse con precaución, dejando el centro del túnel libre para los ciclistas.

La otra forma de acceder al túnel (mucho más práctica para quien baje con una bicicleta a cuestas, pero mucho menos pintoresca) es a través de los enormes ascensores con capacidad para 3000 kgs y hasta 40 personas.

Desde el exterior reconocer el edificio de acceso es relativamente fácil cuando uno sabe lo que busca. Para llegar hasta allí, en la margen del centro histórico, habrá que dejar la Grote Markt por la calle Hoogstrat hacia el sur y recorrer unas 4 cuadras hasta la plaza de Sint-Jansvliet, donde se ubica el ingreso. Del otro lado del río, un edificio similar se encuentra en el Simons Park, obviamente a la altura del túnel que corta al río en línea recta.

El Túnel de Santa Ana se conserva tal como fue construido hace casi un siglo atrás. En su momento se trató de una obra monumental, y hoy en día sigue siendo un pasaje con tránsito constante, que funciona las 24 hs del día, los 365 días del año, y totalmente gratis. Imprescindible para los habitantes de la cuidad; imperdible para los visitantes.