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La carga aérea y su rol vital en la emergencia sanitaria argentina.

Hace una semana atrás, cuando Alberto decidió suspender los vuelos de pasajeros hacia la Argentina en el marco de la lucha contra la pandemia del Coronavirus, publiqué en mi Facebook personal una reflexión rápida que me vino a la mente sobre el impacto de la medida, y me preguntaba si en aquella instancia no había un punto intermedio y si se habían hecho todas las consultas pertinentes antes de tomar tan drástica decisión.

La base de mi razonamiento era un costado de la industria aérea muchas veces desconocido por el normal de la gente pero que es el centro de mi actividad profesional desde hace 20 años: esos aviones, además de los pasajeros y sus equipajes, transportan carga, y la medida inevitablemente iba a interrumpir ese flujo de mercaderías que, en muchos casos, para nuestro país es vital.

A raíz de la cuarentena general obligatoria dictada por el gobierno, y las excepciones autorizadas (ampliadas recientemente) veo conveniente profundizar un poco más estos conceptos.

La principal preocupación en aquél momento fue la posibilidad de que, al tomar una medida similar a las que se habían decretado en Estados Unidos y Europa, no se hubiera advertido y analizado que la realidad industrial y económica de Argentina dista mucho de la que presentan los países del «primer mundo». En resumen, nuestro país tiene una importante dependencia de insumo y equipamiento importado, y las áreas esenciales exceptuadas de la cuarentena obligatoria no escapan a esta regla: medicamentos, reactivos para análisis, respiradores y otros equipamientos médicos, insumos para la fabricación de repelentes y productos de higiene, y hasta para la fabricación de alimentos, son en gran medida importados. Y muchos de ellos llegan por avión. O llegaban, hasta que se suspendieron los vuelos. La medida no solo dejó varados a miles de argentinos fuera del país, también dejó varadas toneladas de mercadería que debía llegar para abastecer a estas industrias críticas. Sin ir más lejos, el ejemplo más claro está en los reactivos para realizar los tests de Coronavirus, que son importados y estaban faltantes, y por lo que escuché en los medios llegaron el viernes pasado.

En este sentido, y considerando lo complejo de la situación, lo drástico de la decisión del aislamiento obligatorio, y la dinámica frenética de la evolución de la enfermedad en el resto del mundo, hay que decir que realmente el gobierno nacional está reaccionando con mucha celeridad. Probablemente las medidas tomadas podrían ser mejores, pero en el furor del caos que estamos viviendo hay que resaltar que nada, absolutamente nada puede ser perfecto. Y de hecho el gobierno viene actualizando y perfeccionando sus propias medidas rápidamente, como cuando autorizó a otras líneas aéreas a repatriar argentinos al darse cuenta que Aerolíneas no era suficiente, o como cuando amplió la lista de excepciones a la cuarentena.

En referencia justamente a este último punto, entre los primeros exceptuados estuvimos aquellos que realizamos «tareas impostergables del comercio exterior». Una definición muy amplia que dejó muchas dudas el jueves a la noche, pero que el viernes pasado empezó a afinarse mediante las normativas de Aduana que, aún sin precisión absoluta, dio al menos una guía sobre qué actividades deben seguir desarrollándose y cuales no. Así las cosas, los trabajadores del comercio internacional estaremos prestando guardias mínimas en aeropuertos, puertos y aduanas del país para garantizar que las importaciones críticas lleguen y asegurar el abastecimiento de víveres, medicamentos y productos esenciales para transitar la emergencia sanitaria.

Como les comentaba al principio, gran parte de estas cosas viajan por avión (hoy casi exclusivamente en vuelos cargueros, que lamentablemente en Argentina son bastante pocos), y más ahora ya que estos productos se necesitan urgente y no pueden esperar la demora que implica embarcar en un buque. Esto, si bien tiene un impacto fuerte en nuestro país, no es exclusivo nuestro sino que responde a una realidad mundial.

Así lo advirtió IATA (International Air Transport Association) en un comunicado donde indica que desde el comienzo de la crisis la industria de carga aérea ha sido un socio vital para la distribución de medicamentos, equipos médicos y productos esenciales alrededor del mundo. Sin embargo la posibilidad de acción de la industria fue reducida drásticamente por la prohibición de vuelos de pasajeros en muchos países (más de 185000 vuelos desde fines de enero). Con esos aviones en tierra se ha perdido una enorme cantidad de bodega disponible, y todo quedó reducido a la flota carguera, que al no tener la «subvención» que el pasajero significa a la carga, tiene una operación mucho más cara. A eso hay que agregarle la saturación, ya que todo el mundo quiere tener un espacio en esos pocos vuelos, y la ecuación no resulta muy alentadora.

En ese sentido, IATA le pidió puntualmente a los gobiernos que tomaran conciencia de la importancia de la carga aérea para afrontar la crisis, y que en consecuencia tomaran medidas urgentes:

  • Excluir a las operaciones de carga de las restricciones a los vuelos.
  • Garantizar la aplicación de medidas estandarizadas para que el transporte aéreo de carga pueda operar en todo el mundo con interrupciones mínimas.
  • Eximir a las tripulaciones que transportan carga aérea de las cuarentenas, considerando que las mismas no interactuan con el público general.
  • Mantener los servicios mínimos de operaciones de carga en los aeropuertos
  • Eliminar los obstáculos económicos (como tasas de vuelo y tarifas de estacionamiento) y las restricciones de slots.

En este sentido, la llegada de los cargueros regulares que operan en Ezeiza se está dando sin problemas, y la ampliación de excepciones a la cuarentena dispuesta ayer por el gobierno nacional incluyó a los afectados a la operación de aeropuertos, así que ya se avanzó sobre varios de estos puntos. Queda pendiente el último, que por la realidad económica de Argentina parece poco probable que se efectivice.

No queda otra entonces que seguir viendo cómo se va desarrollando todo, y qué medidas nuevas van apareciendo con el tiempo. Respetarlas al máximo, y todos aquellos que no estén eximidos, a guardarse. A cuidarse uno, a los suyos, y al prójimo.

A ser responsables y quedarse en casa.

Al Coronavirus lo combatimos entre todos con responsabilidad.

Hace unos días llegué a Buenos Aires de regreso de las vacaciones, que por supuesto tuvieron  en sus últimos días un clima enrarecido por el avance del Coronavirus en el país, con su pico el pasado jueves 12 de marzo cuando el gobierno decretó la emergencia sanitaria y con ello suspendió los vuelos desde los países de riesgo por 30 días.

Estas vacaciones tuvieron lugar en el país, recorriendo lugares que aún no conocía (y de los que ya les hablaré) en las provincias de La Rioja y Catamarca, y sincesaremente en aquellos pagos el tema parecía estar bastante alejado (y aún al día de hoy todavía no hay casos positivos documentados). Solo el último día en La Rioja capital apareció el tema en la conversación. Sin embargo esto no duraría ya que durante la escala en Villa Giardino, Córdoba, el tema ya estaba más instalado, y a partir del DNU pareció haber una explosión de información que se avalanza sobre uno en forma constante.

Si bien el tema evoluciona de forma tan dinámica que es imposible evitar que la información y recomendaciones de actualicen a diario, creo esencial que podamos frenar un poco esa ola de sobreinformación que nos ataca cada vez que prendemos la tele o la radio, y que podamos discernir lo que es cierto, de lo dudoso, y de lo que es realmente falso. Porque en esa invasión mediática, a la que se agregan las redes sociales y las cadenas de Whastapp de orígenes inciertos, viene mucha noticia falsa, como esa que decía que el martes a la noche la FAA iba a fumigar la ciudad con 5 helicópteros… Por eso es importantísimo que nos informemos únicamente con fuentes oficiales y que no caigamos en la tentación de de creer y/o difundir recomendaciones o noticias que no sabemos realmente de dónde surgieron.

Por otro lado, para frenar el avance del virus hay que actuar con responsabilidad. Cambiar hábitos es lo que más nos va a costar, pero si se fijan bien las dos primeras medidas para evitar el contagio no debieran ser tan difíciles de cumplir; de hecho ya nos las enseñaron nuestros padres de chiquitos, porque gripe hubo desde siempre. ¿Quién no ha tosido o estornudado sobre alguien y se ha ligado un reto de su padre? ¿Y cuántas veces nuestros viejos nos habrán repetido que tenemos que lavarnos las manos luego de ir al baño y antes de comer? Bueno, aunque parezca mentira, estas dos medidas no siempre se cumplían. Ahora llegó el momento no solo de cumplirlas, sino de extremarlas: lavarse las manos bien y frecuentemente, especialmente al volver de la calle. Y estornudar sobre el codo, algo que a muchos nos quedó incorporado desde la Gripe A.

Y por supuesto, a quienes les corresponda, respetar la cuarentena. Esto al principio tuvo una grieta importante, porque cuando se implementó la medida para los que volvían del exterior, los extranjeros que llegaban no tenían ninguna obligación al respecto, cosa que se corrigió luego hasta el punto que ahora directamente no se permite la entrada a no residentes. Pero en el interín hubo un hueco que personalmente viví al haber compartido excursiones y hoteles con franceses e italianos durante mis vacaciones. Por eso durante los pocos días que estuve en Córdoba casi no salimos de la cabaña que alquilamos, y cuando llegué a Buenos Aires aprovechando que aún tenía una semana más de vacaciones, me recluí en casa evitando el contacto con mayores hasta ayer en que contabilicé 14 días desde que compartí 8 horas a bordo de una 4×4 al lado (codo a codo) de un francés, mi último «contacto estrecho» con un extranjero.

Por último quiero destacar la importancia de mantener la calma y evitar entrar en pánico. Eso se logra con información correcta y responsabilidad. Si actuamos responsablemente evitaremos el aumento de los contagios y el colapso de los sistemas de salud, lo cual es el principal problema que desnudó el virus. Y es sumamente importante porque hoy paramos los vuelos por un mes, suspendimos las clases por 15 días, y todos los que tienen la posibilidad evitan salir y trabajan desde casa, pero el mundo no puede funcionar así por mucho tiempo (de hecho, no podemos decir siquiera que esté funcionando en estas condiciones).

Si hablamos particularmente de nuestro país, a diferencia de Estados Unidos o Europa, Argentina tiene una importante dependencia de las importaciones, por ejemplo en medicamentos e insumos para fabricar repelente, tan importante para combatir la epidemia de la que todo el mundo ahora parece haberse olvidado: el dengue. Así que lejos de ser un tema meramente económico (que por supuesto lo es), la realidad es que hasta por razones de salud pública, más temprano que tarde los argentinos vamos a tener que volver a la calle y reactivar el país. Y para ese  momento debemos estar preparados.