Una parada en el Parque Estatal de Arrecifes de Coral John Pennekamp.

Todo un nombre para un parque público, no? Pero lo que más llama la atención de este predio ubicado en Cayo Largo, uno de los que se pueden visitar al recorrer la ruta de los cayos al sur de Florida, es la singularidad de tener el único arrecife de coral vivo en los Estados Unidos continentales.

El tan extenso y llamativo nombre se lo debe a la interesante historia de su establecimiento, allá por el año 1960 cuando el presidente Eisenhower definió esta zona como un área de reserva, protagonizada por un científico y un periodista que unieron esfuerzos al luchar por la causa.

Por aquellos años el turismo abundaba en Los Cayos de Florida y las actividades asociadas al mismo se abocaban lisa y llanamente a destruir la naturaleza del lugar. Todo servía para promocionar el turismo y cualquier cosa se tomaba para entregar como souvenirs a los visitantes, sin reparar en el daño que se estaba haciendo a las estructuras de coral al saquearlas de semejante forma. Esto fue detectado por el Dr. Gilbert Voss, un biólogo que estaba estudiando el ecosistema en 1957, y quién recibió un gran apoyo del periodista del Miami Herald, John Pennekamp. Ambos hombres trabajaron codo a codo para organizar una coalición de conservacionistas que se dedicara a proteger los recursos marinos del lugar, y así finalmente llegaron las actuaciones gubernamentales que convertirían el predio en un parque estatal que homenajea a uno de los hombres que lo hizo posible, llevando su nombre.

El parque cubre aproximadamente unas 78 millas cuadradas marinas de arrecife de coral, extendiéndose 3 millas hacia el Océano Atlántico y unas 25 a lo largo de la costa. Hoy puede ser visitado y la concesión a cargo cuenta con varias atracciones como para poder disfrutarlo sin dañar la naturaleza. La más interesante es quizá los paseos en el bote con suelo de cristal que zarpa tres veces al día y realiza tours de 2 horas y media en los que puede apreciarse la belleza del coral y la fauna y flora marina sin mojarse ni un pelo. Para los más aventureros la mejor opción sea quizá el tour de snorkel, donde uno puede nadar en las aguas admirando también el paisaje que el mar ofrece, o directamente salir a bucear.

Otra actividad disponible es el paso en kayak, e incluso el parque tiene un muelle donde se puede atracar el yate propio, ya sea para pasar el día o la noche, y para los que tengan un presupuesto más holgado hasta se pueden alquilar botes. Obviamente también se puede acampar de la forma más tradicional (y barata), pescar (siempre y cuando cuentes con la licencia correspondiente), o simplemente pasar el día tirado en las arenas blancas de la playa. Y por supuesto, allí también podrás admirar algo de la fauna autóctona del lugar!

El parque abre todos los días del año, desde las 8 de la mañana hasta el atardecer y el acceso tiene un costo módico que depende de la cantidad de personas y cómo lleguen (si en auto, caminando, etc), por lo que lo mejor es revisar la información actualizada en la web.

Y eso sí, cuando vayas, tené cuidado con el cocodrilo!

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