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Viajando de CDMX a Querétaro en el Omnibus de Primera Plus.

Para viajar hasta Santiago de Querétaro volar no era una alternativa viable. La única opción desde la CDMX era el vuelo de Aeroméxico que salía realmente una fortuna, así que decidimos buscar servicios por vía terrestre. Así dimos con Primera Plus y nos trasladamos  hasta la Terminal Central del Norte para tomar el micro correspondiente.

A pesar de no estar abordando un avión, la Central del Norte hace recordar a un aeropuerto. Está muy bien organizada y señalizada, como para que uno pueda moverse con facilidad dentro de la misma, y a su vez está dividida en salas de espera, cada una de las cuales además tiene asignada una determinada cantidad de dársenas.

La empresa Primera Plus tiene allí una sala de espera exclusiva, equipada con toma corrientes para poder cargar celulares o enchufar una laptop. Allí mismo está también la zona de recepción de equipaje, ya que a diferencia de cómo estamos acostumbrados en Argentina, aquí las valijas se entregan con anterioridad a abordar.

Otra similitud con los aeropuertos tienen que ver con los controles de seguridad, aunque en este aspecto hay algunos detalles que no se entienden bien. En cada una de las puertas que dan acceso a las dársenas hay instalados detectores de metales y scanners de control por donde se pasa el equipaje de mano. Lo inentendible es que luego de pasar por allí, el equipaje sea revisado físicamente por un oficial de policía al momento de abordar el micro.

Lo mismo sucede con los pasajeros. Luego de haber pasado por los detectores de metales (en donde si sonó la alarma te cachean), justo antes de subir al micro te vuelven a cachear. En otras palabras, los controles electrónicos en los accesos carecen de sentido ya que luego al pie del micro se dan los controles físicos.

 

Ahora sí, dejando de lado la infraestructura de la terminal, podemos hablar del excelente servicio de Primera Plus. Con micros muy cómodos y equipados con un wifi a bordo que funciona aceptablemente bien, cada uno de los asientos cuenta con su pantalla individual con entretenimiento a bordo que incluye una selección de películas, música, libros y juegos. Al subir, en cada asiento uno encuentra sus auriculares.

El pasaje incluye un refrigerio, así que antes de subir al micro uno puede elegir la bebida con la que acompañará «la bolsita feliz». Agua mineral, jugos  y gaseosas son las opciones disponibles.

La bolsita contiene un sandwich con jalapeño (agarrate con el picante) y una barrita de cereales. Suficiente para pasar las horas que nos esperan arriba del micro.

De esta forma se viaja por tierra en México, una alternativa para aquellos destinos cercanos a CDMX, ya que en un país tan grande si uno se aleja mucho la mejor forma de transportarse será por avión. Pero sinceramente, al menos en nuestra experiencia, el nivel del servicio por bus es muy bueno, así que será una alternativa a considerar cuando estés por allá.

Reporte del Vuelo 4M7820: De Ezeiza a Miami con Latam Argentina.

Quiso el destino que por motivos laborales tuviera que viajar a Miami, así que allí me embarqué en el Boeing 767 con el que Latam Argentina realiza el vuelo directo entre la capital argentina y la ciudad preferida de los argentinos (al menos hasta hace poco) para hacer las compras.

El 4M 7820 despega a las 21:30 hs. y cuando llegué a Ezeiza, tres horas antes, no había prácticamente nadie. No tardé nada en despachar el equipaje, y enseguida me fui al puesto de aduana para declarar la cámara de fotos y los lentes (llevaba también la laptop pero con la nueva regulación que permite traer una sin declarar ni abonar aranceles, y como no tenía pensado comprar nada de ese estilo, no hizo falta declarar la que  me llevaba).

Luego de una demora considerable ya que en aduana sí que había gente, pasé los controles de seguridad donde me hicieron sacar el cinto, pero no las zapatillas ni poner aparte la laptop que llevaba en la mochila. La novedad del viaje llegó al momento de hacer migraciones, donde una importante cantidad de gente hacía cola para pasar por los puestos, mientras que a un costado se veían solitarias las máquinas automáticas de autoservicio. Consulté a un funcionario de Migraciones y me indicó que andaban, así que me acerqué y scanie mi pasaporte en el primer lector. Luego de una pequeña demora la compuerta se abrió dejándome pasar. Al hacerlo, uno queda encerrado en una especie de exclusa. El segundo paso será escanear la huella digital, a cuyo resultado positivo la segunda compuerta se abre y permite el acceso a la zona de los gates. Rápido, simple y práctico: ya estaba formalmente fuera del país.

Realmente hacía rato que no viajaba al exterior y tengo que decir que, a diferencia de lo que fueron las inversiones en el área de la terminal de cargas, las inversiones que se hicieron en la zona de preembarque dieron sus frutos: ahora el espacio es amplio, luce super renovado y bien iluminado, e incluye asientos en excelentes condiciones, sillones y hasta unas mesas altas que funcionan como centros de trabajo, con toma corrientes para que puedas cargar tus baterías. Eso sí, los tomas USB que probé no funcionaban, así que tuve que buscar el cargador y utilizar el toma normal.

Incluso hay un área de recreación para los niños, en la que destaca por supuesto, el avión.

Cuando uno vuela a Estados Unidos debe considerar que hay controles adicionales, por lo que es conveniente llegar con anticipación al aeropuerto. De hecho los controles comienzan ya antes de entregar el equipaje, donde personal de seguridad te somete a un muy breve cuestionario con respecto al equipaje que estás llevando. Ya en la zona restringida del aeropuerto, antes de abordar en el gate, la gente de seguridad revisa además todo el equipaje de mano, por lo que el embarque demora bastante más de lo habitual. En mi caso, me llamó la atención que no me pidieran ver la laptop, pero en general la inspección es bastante exhaustiva.

Ya abordo del Boeing me encontré con un vuelo que iba full. Mi asiento era el 15D, pasillo izquierdo de la hilera central, y a mi lado viajaba una pareja con su bebé. Pensé que realmente iba a ser una tortura, pero nada más lejos de la realidad: el niño se comportó como un rey, comió y durmió todo el viaje, mejor que muchos adultos.

Aunque sigue sin convencerme el menú gourmet de Latam, los canelones que elegí para la cena estaban bastante aceptables. Para el desayuno, en cambio, elegí el sandwich de jamón y queso que me dejó con gusto a poco. Y entre ambas comidas algo que me sorprendió: una segunda pasada luego de la cena para ofrecer bebidas, entre las cuales hasta había whisky.

El mayor problema del vuelo tuvo que ver (supongo) con el hecho de que los B767 que opera Latam Argentina son bastante viejos. Cada asiento tiene pantalla individual en la cabecera, y si bien es táctil, su lentitud puede resultar algo exasperante. La opción es el control remoto ubicado en el apoyabrazos, pero que en mi caso, no funcionaba. Esto me dejaba además sin poder prender la luz de lectura (y por lo tanto me fue imposible leer nada) como así también sin poder llamar a la azafata, ya que ambas funciones se accionan desde ese aparatito.

El vuelo fue sereno y aterrizamos puntuales en el Aeropuerto Internacional de Miami, donde debido a la ubicación privilegiada de mi asiento (tener en cuenta la hilera 15) estuve entre los primeros en descender del avión y llegar a migraciones. Tipicamente argentino, el que iba adelante mio se mandó de una a la ventanilla de control, y el reto que se ligó fue digno de filmación, aunque claro, en esa zona las cámaras están prohibidas. Pero en el piso la linea blanca indica claramente «Espere aquí a ser llamado», y bien que la policía se lo hizo notar (y perder el turno).

Y allí estaba yo, frente al oficial de migraciones y su tan temido cuestionario de admisión, que para mi sorpresa constó solamente de dos preguntas: cuántos días me quedaba y dónde. Sello, firma, «have a nice day» y ya estaba adentro de los Estados Unidos de América. Retiré la valija que llegó entre las primeras gracias a la marca de «Equipaje Prioritario» y pasé frente a los funcionarios de aduana sin que me consultaran ni revisaran nada más.

Por el ascensor subí al 2° piso de la terminal, donde está el área de «partidas» y por donde pasan los shuttles de los hoteles, que tienen recorridos y horarios fijos. Un punto a tener en cuenta: al momento de reservar el hotel en Miami, conviene chequear si ofrece el traslado gratis desde el aeropuerto. Es un servicio rápido y confiable, además de económico ya que sólo cuesta la propina que uno le quiera dejar al conductor. Y así sí, ya estaba en viaje hacia mi alojamiento, pero eso será cuestión de otro post.