Salta desde lo alto: El Cerro San Bernardo y su teleférico.

La ciudad de Salta, capital de intendencia en la época virreinal y actual capital de la provincia homónima, es quizá la ciudad más importante del noroeste argentino. Acertadamente apodada “la linda”, tiene un casco histórico de tinte colonial en el que destacan el cabildo (en refacciones durante el período de nuestra visita) y su catedral. Pero además de caminar por el centro y visitar alguno de los tantos museos que tiene, a Salta se la puede conocer desde el aire.

Para ello habrá que acercarse hasta el Parque San Martín, donde está emplazada la estación del teleférico, a los pies del Cerro San Bernardo. Inaugurado en 1988, sus coches colgantes recorren los poco más de 1000 metros hasta la cima en aproximadamente 10 minutos y te permiten una vista de la ciudad como la de las fotos.

El día que subimos estaba muy nublado, pero por suerte no llovió y bien abrigados se pudo disfrutar igual.

Por supuesto que la principal atracción son los miradores. Hay uno tirado hacia el costado derecho, junto al kiosko / bar donde uno puede sentarse y tomar un desayuno o seguramente también un almuerzo rápido. Eso sí, bastante caro.

El mirador central es el que mejor vista tiene. Justo sobre él pasa el teleférico propiamente dicho, y cuanta con una amplia explanada ideal para subir los días de sol. Desde allí se puede observar una buena panorámica de la ciudad.

Y obviamente se puede hacer zoom, todo lo que quieras (o puedas).

Para los #avgeeks hay un dato particular: desde ese mirador, bien a lo lejos, en el horizonte, se ve una línea recta casi perfectamente alineada con el cerro. Las nubes bajas por ahí te hacen dudar, pero si alzás la cámara y le das zoom ya podés estar seguro: es una pista de aterrizaje. Estás prácticamente alineado con la cabecera 24 del Aeropuerto Internacional de Salta.

Pero el complejo cuenta con otras atracciones, como ser la feria de artesanos ubicada al final de la ruta (la otra forma de acceso a la cima), el anfiteatro que está un poco descuidado, o la cascada artificial, con su sistema de bombeo que logra transportar el agua desde el pie del cerro hasta allí arriba.

También se pensó en los chicos, y este es un punto realmente alto. Alejándose hacia el lado opuesto de los miradores se llega al acceso del Parque Infantil, que está muy bien puesto, con juegos en buen estado y hasta una cabaña en miniatura. Con el frío y la amenaza de lluvia ese día no había niños jugando (aunque los contingentes escolares que cruzamos al bajar seguro lo coparon), pero en un día lindo los chicos tendrán donde entretenerse sin problemas.

Cercano a los juegos, hay también un lugar dedicado a la actividad aeróbica, y algún que otro deportista andaba por allí ejercitando las piernas.

Llega el momento de encaramarse de nuevo en uno de los cochecitos para bajar. Aunque nunca detienen del todo su recorrido, no es difícil hacerlo, aún cuando no haya personal del teleférico para ayudarte (ni indicarte). Sólo hay que tener cierto cuidado al subir y bajar. Una vez arriba, cuando el choche pasa el límite de la zona de embarque, las puertas se cierran automáticamente, y comienza la aventura.

Quienes no quieran subirse, o bien simplemente no estén de acuerdo en pagar el monto del ticket que realmente suena un poco elevado, podrán optar por subir en auto, o incluso caminando. Eso sí, si andan por Salta, no se pierdan la panorámica aérea desde el Cerro San Bernardo, sea como sea que lleguen a su cima.

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