LA203: Viajando a Concepción en un vuelo sobrevendido.

Luego de un día intenso de trabajo en la capital chilena, al día siguiente nos tocaba viajar a la ciudad de Concepción, para lo cual teníamos pasajes para el LA203 que despegaba desde Santiago a las 8:15 de la mañana, razón por la cual los preparativos tenían que quedar listos antes de irnos a dormir. Sin embargo, el tema no fue tan fácil.

Luego de la cena nos dispusimos a realizar el checkin online siguiendo todo el proceso a través de la página web de Latam Airlines. Sin embargo, había algo que no estaba funcionando como de costumbre: al momento de elegir el asiento, no nos dejaba hacerlo. Pero tampoco nos asignaba asiento alguno. Y para finalizar, el sistema no nos dejó emitir el boarding pass, indicándonos que nos lo imprimirían en el aeropuerto. Sin prestarle demasiada atención al asunto nos fuimos a dormir, ya que el transfer al aeropuerto estaba reservado muy temprano: a las 6:30 debíamos estar listos en el lobby del hotel.

Al día siguiente llegamos bien temprano al Nuevo Pudahuel donde finalmente pudimos imprimir los boarding pass en las máquinas de autoservicio que hay en la zona de checkin, aunque con una rareza: los asientos estaban identificados como XXX. Es decir, no teníamos asientos. Algo preocupados consultamos con el personal de Latam y nos confirman que pasemos a la zona de embarque, ya que en la puerta misma nos asignarán los asientos.

No había más alternativas, así que hicimos seguridad rápidamente y llegamos al gate 34, donde nos esperaba uno de los colegas que también viajaba con nosotros. Su situación era aún peor: cuando intentó hacer el checkin online el sistema directamente no lo dejó avanzar, y le indicó que se presentara en el aeropuerto con una hora de anticipación a la habitual. El motivo, nos enteraríamos allí mismo, era que Latam tenía el vuelo sobrevendido. Nos acercamos al mostrador del gate donde nos asignaron los asientos (todos separados) ya que ya estábamos chequeados, pero nuestro compañero debía esperar a que algún pasajero no se presentara, lo cual no sucedió. Había más pasajeros en el gate que asientos en el avión…

El personal de Latam puso en marcha entonces el operativo habitual en estos casos, que es ni más ni menos que ofrecer una compensación económica a aquellos que pudieran y accedieran a quedarse abajo del avión y reprogramar el viaje en otro vuelo. En caso de querer recibirlo cash en el momento, el reintegro era de USD 120. Si bien esto es habitual (y cabe aclarar, legal) me sorprendió que la oferta se comenzara a anunciar por los parlantes luego de haber comenzado el embarque: básicamente hubo pasajeros que no se enteraron de esta opción porque ya estaban abordando, lo cual por consecuencia reducía las chances de Latam de solucionar el problema sin mayores sobresaltos.

Hasta último momento el tema no estuvo finiquitado, ya que seguía llegando gente hasta el gate a último momento, con lo cual los asientos que ganaban por pasajeros que decidían cobrar la indemnización y quedarse abajo, quedaban automáticamente ocupados por los nuevos que llegaban. Finalmente, en esta ocasión Latam tuvo suerte y pudo acomodar a todos los que tenían que viajar sí o sí, logrando que quienes no lo hacían fuera por voluntad propia.

Abordamos el A321 por plataforma, tardando un poco en llegar al pie del avión ya que el micro del servicio de rampa evidentemente se perdió. Sí, leyeron bien: dio vueltas por la plataforma amagando a estacionarse al lado de un avión, pero siguió de largo y fue a estacionarse al lado de otro…. que no era el nuestro. Luego de hablar algo con el personal en pista volvió a arrancar y recorrió un largo trecho hasta llegar al pie del Airbus. Finalmente subimos, con alguna duda de si era el avión correcto y si íbamos efectivamente a terminar en Concepción. Nos sentamos en nuestros asientos (en mi caso el 1K, incómodo por ser el del centro pero aceptable considerando que la primer fila tiene buen lugar para las piernas) en un avión que iba estallado de gente. No sobraba ni una butaca, y mientras estábamos en plataforma me preguntaba si algún sublo usaría alguno de los jump seats, ya que no había otra chance de viajar.

El vuelo resultó tranquilo, con una muy pequeña turbulencia, aunque algo demorado por meteorología, según explicó el capitán antes de aterrizar en Concepción. Aunque es muy corto, los TCP pasan ofreciendo refrigerios que hay que pagar aparte, ya que Latam Chile en sus vuelos de cabotaje no ofrece comida ni bebida incluida en el pasaje.

 

Así llegamos finalmente a nuestro destino. Sanos y salvos. Y todos, aunque algunos minutos retrasados.

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