Avistamos pingüinos, elefantes marinos y hasta orcas en Península Valdés.

Ubicada a 45 kilómetros de la ciudad de Puerto Madryn, el Area Natual Protegida Península Valdés, declarada como Patrimonio Natural de la Humanidad por la UNESCO en 1999, es “EL” imperdible cuando uno visita esta parte de la patagonia argentina. Con su enorme superficie de 3625 km2, la península es una de las áreas protegidas más importantes por su extensión y concentración de fauna, y es conocida a nivel mundial por tratarse del lugar ideal para el avistaje de la Ballena Franca Austral.

La mejor forma de realizar estos avistajes es embarcándose en Puerto Pirámides, localidad emplazada dentro de la península, pero nosotros hicimos la visita durante febrero, uno de los pocos meses en que las ballenas no se encuentran en aquél lugar, ya que llegan en junio y se quedan hasta fin de año. Sin embargo esto no representó ningún problema ya que en época estival hay gran variedad de fauna que se puede divisar, no ya zarpando a bordo de una embarcación, sino recorriendo los largos kilómetros de ripio hasta llegar a alguno de los puntos turísticos de la reserva.

El acceso a la península es a través de la Ruta Provincial Nr. 2 que recorre el Itsmo Ameghino, una angosta franja de tierra que une la península al continente y que es flanqueado por mar a ambos lados: el Golfo San José al norte, y el Golfo Nuevo al sur, ambos visibles por tramos al manejar, con sólo girar la cabeza hacia uno u otro lado.

Habiendo abonado previamente el ingreso (que para los residentes argentinos es de $180 por persona) en el puesto El Desempeño, la primer parada será el Centro de Visitantes, estación obligada para informarse de los recorridos disponibles, el estado del puerto y de los caminos, el pronóstico del tiempo y recibir sugerencias sobre las actividades a realizar.

Allí mismo funciona además el Centro de Interpretación que es una especie de museo donde se explican detalles sobre la flora y fauna que se podrá encontrar durante el paseo por la península.

Afuera se puede también subir al mirador, desde el que se tiene una visión lejana de la Isla de los Pájaros, uno de los puntos turísticos que se pueden recorrer dentro del área protegida.

Si bien se puede contratar la excursión, nosotros lo hicimos en el auto que alquilamos tal como te conté en este post que podés ver haciendo click aquí. El recorrido es realmente largo y hay que manejar con precaución, a no más de 60 km por hora, porque el ripio puede ser traicionero (además de levantar alguna piedra y romperte el auto), así que sabiendo que Punta Norte no tenía mucho atractivo en ese momento, decidimos dirigirnos hacia Caleta Valdés.

Unos kilómetros antes de llegar nos detuvimos en una pequeña pingüinera para poder observar a sus habitantes y tomarles algunas fotos. Estábamos muy tranquilos abocados a estas tareas cuando un nene se acerca corriendo a los gritos, preguntando si habíamos visto orcas. No, no las habíamos visto, y no teníamos muchas esperanzas de hacerlo ya que su zona habitual es Punta Norte, lugar alejado al que no pensábamos llegar.

Pero para nuestra grata sorpresa, el nene tenía razón: él con sus padres las habían visto y las venían siguiendo; y efectivamente, las orcas hicieron su aparición.

Aparentemente eran una familia completa, paseando por las aguas cercanas a las costas, tan cerca que se dejaron filmar desde la posición donde estábamos.

Ya conformes con esta sorpresa, subimos al auto para seguir viaje hasta Caleta Valdés y conocer a los elefantes marinos del sur que la  habitan. En este punto hay servicios (léase baños, porque el restaurant en el momento de nuestra llegada estaba cerrado) y además hay senderos que permiten acercarse un poco más a los animales y tomar mejores imágenes.

Por allí pasaron también las orcas, no solo en tren de paseo, sino además sin hambre suponemos, ya que a escasos metros de distancia, sobre la orilla, los elefantes marinos retozaban al sol y ellas pasaron de largo sin inmutarse.

En este mirador las teníamos un poco más cerca, y pudimos hacer buenas tomas de la familia orca.

Con todas las expectativas cubiertas, y cayendo ya la tarde sobre la península, nos tomamos un momento para disfrutar por última vez del espectacular paisaje que la Naturaleza nos brinda en aquél rincón único del Océano Atlántico, y finalmente comenzamos a emprender el largo regreso por el ripio hasta Madryn.

Un lugar que realmente espero que vos también puedas conocer en algún momento, porque vale la pena.

En los próximos posts habrá más sobre nuestra visita a Puerto Madryn y estos hermosos paisajes. No te lo pierdas!

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