Hoy el mundo es un poco más pobre.

Casi como si él mismo hubiera elegido la fecha, el 25 de noviembre de 2016 quedará inscripto en la historia como el día en que Fidel Castro Ruz dejó este mundo. El cierre de un ciclo de exactos sesenta años que dio comienzo un día como ayer, pero de 1956, cuando un grupo de idealistas se embarcó en un yate en las costas de México con un proyecto que parecía una utopía, y puso proa hacia la que convertirían en la isla más famosa del mundo.

Dos años después el imposible se había convertido en realidad: Fidel y los suyos hacían su entrada triunfante en La Habana, luego de derrocar la dictadura de Batista.

Lejos estuvo la Revolución Cubana de ser un hito meramente nacional; por el contrario impactó en cada rincón del planeta y torció el curso de la historia. Tengo pleno convencimiento de que nada de esto habría sido posible sin la figura de Fidel Castro liderando la isla caribeña.

Estadista, revolucionario y libertador para unos; déspota, dictador y autoritario para otros, la única realidad que nadie puede negar es que fue un protagonista central del siglo XX y uno de los líderes mundiales con mayor influencia en toda la historia. Con más de 600 intentos de atentado contra su vida, debe ser la persona contra la que más se conspiró en el mundo; y sin embargo falleció por causas naturales, en una fecha emblemática. La mayor potencia del mundo no pudo doblegarlo ni a él, ni al pueblo que lideraba, ya fuera que lo intentaran mediante invasiones militares o con un bloqueo económico que al único que castiga dejándolo en la miseria es al pueblo cubano, y que aún permanece vigente a pesar de los últimos acercamientos con el gobierno de Obama. Ni siquiera la caída de la URSS decretó la desaparición del modelo que Castro lideró por años.

Claramente, se trató de un enorme y muy lúcido político, y un hombre fiel a sus ideales y convicciones, los cuales mantuvo hasta en los momento más difíciles. Mirando hacia adentro, hacia lo que son los políticos de nuestro país, donde de tanto en tanto cambian de partido político como de calzoncillo, no puedo evitar pensar lo mucho que nos hace falta en la Argentina un tipo como Fidel que mantenga una conducta a lo largo de su vida.

También me pregunto qué opinaría Ricardo Balbín, quién con motivo de la muerte de Perón se presentara en el funeral de su más acérrimo enemigo político para declarar “este viejo adversario despide a un amigo” al momento de rendir sus respetos, si pudiera presenciar las celebraciones a la muerte que llevan a cabo los exiliados cubanos en Florida, en una fenomenal muestra de la cantidad y calidad de valores morales que se han perdido.

Soy de los que creen que la riqueza del mundo no puede medirse sólo en metálico. La cultura, la lealtad a las convicciones y los valores son un capital mucho más importante que el dinero que, en definitiva como dice el dicho, va y viene. Fidel Castro fue de los líderes más cultos y completos que se hayan visto, y si bien la historia se encargará finalmente de juzgar sus actos, prima facie pareciera que en este sentido hoy el mundo es un poco más pobre.

Foto: Reunters (tomada de La Nación).

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