Regresando de Miami via Lima, en clase Business del B767 de Lan.

Habitualmente para los vuelos internacionales hay que presentarse en el aeropuertos tres horas antes. Esto en realidad es una medida de precaución que tiene en cuenta que en estos casos aplican los controles de migraciones y aduana, además de los de seguridad propiamente dicho, y por lo tanto se demora más en llegar a la puerta de embarque. Sin embargo, en líneas generales, si uno llega hasta dos horas antes, estará medianamente bien.

Bueno, para abordar el LA2515 con destino a Lima, yo llegué al Aeropuerto Internacional de Miami a las 17.15 hs, es decir, apenas una hora antes del despegue… A eso en el barrio le llamamos “estar jugado”…

Torre MIA

La torre de control del Aeropuerto Internacional de Miami en un atardecer nublado.

Ese es el momento en que uno descubre el verdadero sentido de volar en Business, en mi caso habilitado por un canje de millas, como te conté en el post del vuelo de ida. Lo particular de esta clase en Estados Unidos no sólo es que hay una cola exclusiva para hacer el check in y/o despachar el equipaje, sino que también la hay para los controles de seguridad: es un verdadero placer pasar por el costado de todo el mundo que hace la cola normal y llegar casi primero al scanner (especialmente cuando tu avión está a punto de irse).

Rápidamente pasé por migraciones (un único oficial que te scanea el pasaporte) y por el control que incluyó sacarme las zapatillas y el cinturón, y acomodar la laptop en una bandeja exclusiva para pasar por el scanner. Una vez entregados todos los implementos se pasa a una cola conjunta donde la mayoría va a parar al clásico detector de metales, mientras que unos pocos (entre los que estuve yo, obviamente) son elegidos para experimentar el scanner de cuerpo completo: piernas y brazos abiertos y extendidos, y lista la radiografía. No obstante, luego del scanner de cuerpo completo la TSA me palpó las botamangas del pantalón, como para quedarse tranquilos de que no escondía nada en el dobladillo…

Copa en MIA

Un poco de spotting desde la terminal: B737NG de Copa Airlines rodando por plataforma de MIA.

Finalmente liberado de toda la burocracia aeroportuaria, corrí (literalmente) por la terminal J hasta llegar a la puerta J6 (prácticamente la última), en el mismo momento en que anuncian que el vuelo está retrasado 40 minutos, lo que me daba una media hora más antes de que comenzara el embarque. Si bien en el check in me dieron la invitación al VIP (que a diferencia de Ezeiza aquí era un documento aparte del boarding pass), con la corrida que había experimentado no me quedaban ganas de más apuros, así que preferí rondar la terminal cámara en mano spotteando un poco.

Finalmente pude subir al B767 y sentarme en la enorme butaca de Business, desde la que aproveché para tomar algunas fotografías del aeropuerto, y para filmar este video del despeque.

El servicio a bordo fue nuevamente muy bueno, aunque el kit personal del vuelo hasta Lima está varios niveles por debajo del que recibí yendo hacia Miami; es apenas una bolsa de tela que, aunque fina, no contiene la cantidad ni variedad de elementos que te entregan a la ida. En este sentido hay que tener en cuenta también que este vuelo era operado por Lan Perú, mientras que el Santiago – Miami era de Lan Chile, en rigor, dos empresas diferentes.  Me dormí mirando una película y al despertar ya habían entregado un snack del cual, el único rastro que tenía era la botellita de agua sobre la pantalla.

Pantallas Biz 777

Con el snack de desayuno las TCP te dejaban una botellita de agua mineral sobre la pantalla.

Para la conexión en Lima llegué más que ajustado debido al retraso del primer tramo, y para colmo no tenía boarding pass, por lo que paré en el mostrador de pasajeros en tránsito. Mientras la chica se disponía a imprimirmelo le comento que había hecho el check in on line por medio de la aplicación, y al mostrarle el boarding electrónico que  te queda grabado en el teléfono me indicó que ese mismo me servía para embarcar, y enseguida me indicó el gate al que tenía que ir YA, porque estaban por comenzar el embarque. Una vez más la aplicación de Lan resultó práctica y sumamente útil, así que vuelvo a recomendarla.

Pagofacileando en LIM

Pagofacileros en el aeropuerto de Lima, esperando para subir al micro que nos llevaría hasta el avión.

Otra vez corrí hasta el gate indicado, aunque ahora en un aeropuerto diferente, que por suerte estaba bien señalizado y no tardé en ubicarme. Al llegar me encontré con que recién estaba abordando la tripulación, lo que me dio tiempo a sentarme a observar a los por siempre presentes pagofacileros, que además, esperaban no para subir al avión, sino al micro que nos transportaría por plataforma.

Plataforma LIM

La versión nocturna de la plataforma de LIM incluía un B737 de Copa con livery diferente, y un Spirit.

El embarque fue un caos, con toda la gente arremolinandose alrededor del gate, así que esperé a que se despejara un poco el panorama y recién ahí me acerqué y pasé por el acceso preferencial. Una vez arriba del avión me encontré con el los pasajeros de Business ya estaban todos a bordo, pero aún así el asiento a mi lado estaba libre. Me puse a revisar los portaequipajes para dejar mi mochila, ya que el que me correspondía tenía un sticker de “NO EQUIPAJE” y estaba lleno de almohadas y mantas, por lo que se me acerca una TCP que con mala cara y bastante mal modo me pregunta mi asiento, abre el compartimiento que me correspondía y luego de tirar las mantas al suelo diciendo que “todo esto lo van a usar ustedes”, acomoda mi mochilla allí.

En el menú no había opciones, o quizá mi amiga TCP no me las quizo dar. Me consultó si iba a cenar y ante mi respuesta me prendió la luz individual indicándome que como la mayoría de los pasajeros habían optado por no comer, iban a apagar las luces para dejarlos dormir. No es el hecho de las luces, sino los modos lo que me lleva a decir que el servicio business de Lan Perú deja mucho que desear.

Menu LIM - EZE

La cena del vuelo de Lan Perú desde Lima hasta Buenos Aires, bajo la luz blanca de la lámpara individual.

Luego de la cena volví a dormirme en una señal que volar de noche con una escala intermedia es algo matador que en el futuro evitaré siempre que me sea posible, tanto más si les digo que otra vez me pasé de largo el desayuno. De esta forma aterricé en Ezeiza en el LA2427:

Eran las 6 de la mañana del domingo 25 de octubre. Ni en migraciones ni en aduana había nadie, y la única demora que tuve fue el recupero del equipaje: aún viajando en Business, mi valija fue la última en ser entregada, al punto que la tomé con la cinta ya frenada. En aduana, declaración en mano con el cálculo de mis compras ya hecho según el régimen de equipaje, pagué los aranceles del 50% con tarjeta de débito y salí del aeropuerto. Era hora de ir a votar.

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