Reporte de Vuelo: Regreso a AEP desde MDZ con Lan.

El vuelo de regreso a Buenos Aires fue el LA 4249 con horario de despegue para las 20:30 hs. del domingo 22 de marzo, por lo que dos horas antes estaba en El Plumerillo listo para pasar raudamente todos los controles y aprovechar el sol del atardecer para spottear un poco desde la sala de preembarque. Sin embargo, hubo un problema.

Dos horas antes del despegue sólo había un operador de Lan chequeando el vuelo, por lo cual, tanto los que teníamos hecho el web check in (y sólo debíamos entregar el equipaje) como aquellos que tenían que hacer el proceso de cero en el mostrador, terminamos todos haciendo la misma cola.  No sólo eso, sino que la familia que se estaba chequando cuando llegué, evidentemente algún problema tenía, porque 20 minutos después, el solitario operador la seguía chequeando… Por supuesto que la cola comenzó a crecer, empezó la confusión y se armó otra cola paralela, con un común denominador con la nuestra: las caras largas y la creciente impaciencia.

El BFY en plataforma AEP

El LV-BFY ya arribado a Aeroparque y desembarcando al pasaje.

Dudo que mi twitt de queja arrobando a Lan Argentina haya tenido que ver (ya que hasta el ahora no ha tenido respuesta), pero momentos después apareció un ejército de empleados que comenzaron a intentar ordenar el proceso (no de la mejor forma posible, por cierto) y finalmente lograron agilizarlo para el resto de los pasajeros. Realmente me llamó poderosamente la atención la ineficiencia del personal de tierra de Lan, ya que nunca me había pasado, pero está claro que, al menos en Mendoza, es un punto a mejorar por parte de la aerolínea.

Lan en el celu

Lan publicita su aplicación para celulares en la cabida de sus aviones.

Yo ya había chequeado a través de la aplicación para celular de Lan y por ese motivo no me imprimieron un boarding pass en papel, y en este punto me quiero detener. La app de Lan resultó muy buena, chequear el vuelo es un proceso muy simple y te deja en el mismo celular una “boarding screen” que incluye un código QR (creo que se llama así), el cual es leído por el personal de embarque con una pistola scanner. Además ya te queda en el celular toda la información sobre el vuelo y el asiento. Muy práctico y ágil, recomiendo plenamente bajarla y utilizarla.

Una vez pasado los controles de PSA me encaminé a preembarque con toda la intención de sacarle fotos a los aviones en plataforma. Pero me encontré con esto…

LV-BFY tras la reja

El ventanal de la sala de preembarque de MDZ está surcado por esta tremenda reja.

La tremenda reja anti-spotters me amedrentó un momento, pero luego de un rato de frustración puse todo mi empeño en pasar un buen rato fotográfico y, si no se podían evitar los fierros, incorporarlos a la foto. Todo esto hasta que descubrí un ventanal libre de reja en una punta, desde donde se ve claramente la cabecera 18 y algunas calles de rodaje. Desde ahí sí se pudo aprovechar.

LV-BFY rodando recien aterrizado

El LV-BFY procedente de AEP rodando hasta la manga asignada.

Considerando que quién llega en horario tiene más de una hora de espera en el aeropuerto, la sala de preembarque de Mendoza resulta “poco feliz”. Al menos la sala de puertas 1 y 2 donde embarqué. Hacía mucho que no pisaba este aeropuerto, del que tengo malos recuerdos esperando hacinado en una sala atestada de gente y sin asientos. En ese aspecto ha mejorado mucho, como se puede ver en la foto, pero simplemente no puede ser que no haya ni un kiosko dónde comprar un agua mineral. Como se ve en la ilustración, lo único que hay es una Tienda de Café cerrada… Esto se suma a lo que les comentaba en el post del vuelo de ida, donde se ve que MDZ, siendo un aeropuerto internacional no tiene cartelería en inglés en la zona de cintas. Muy poca cosa para un aeropuerto alternativa a Ezeiza.

Preembarque MDZ

Si querés comer o tomar algo en MDZ, mejor comprá antes de pasar a preembarque.

El vuelo embarcó en horario y estuvo a cargo del A320 LV-BFY comandado por el capitán Gorosito (si mal no recuerdo), quién fue muy cordial y correcto en sus comunicaciones con el pasaje. Lo mismo para los TCP que se manejaron muy bien en un vuelo que, sorprendentemente (por ser domingo de un fin de semana largo) estaba según mis cálculos con por lo menos un 80% de ocupación.

El catering fue idéntico al del vuelo de ida, por supuesto, con la única variante de que, además del jugo de naranja tomé un café negro para combatir el cansancio de 15 días de andanzas. Por lo demás todo igual, así que no valió la pena tomarle foto. Lo que sí valía la pena fotografiar (a pesar de la mugre que tenía la ventanilla) es Buenos Aires de noche, desde el cielo. Un espectáculo de luces impresionante que nunca me cansaré de contemplar.

BUE desde el cielo de noche

Impresionante vista de mi Buenos Aires querido desde el avión, versión nocturna.

El vuelo aterrizó unos 12 minutos adelantado con respecto al schedule y nos depositó en una plataforma de Aeroparque bastante más fresca que la que habíamos dejado hacía dos semanas atrás, por lo que agradecí haberme dejado un buzo a mano. El recupero de equipaje fue muy rápido, aunque en mi caso quedé para lo último y me frenaron la cinta bastante antes de que mi mochila llegara hasta donde la estaba esperando, así que tuve que caminar un poco. Nada a lo que no me haya acostumbrado en estas vacaciones, como ya verán en los próximos posts.

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